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Viaje matemático al centro de la Tierra

Un modelo informático ha servido a un grupo de investigadores para simular el extraño comportamiento del núcleo terrestre, una bola de hierro a 5.000 kilómetros de profundidad

Estructura de la Tierra. Univ. Chicago

El núcleo interno de la Tierra (en rojo) rota hacia el este

En 1692 el astrónomo inglés Edmond Halley, el descubridor del cometa, observó que el campo magnético terrestre se desplazaba hacia el oeste. Desconcertado por el fenómeno, intuyó que la explicación se encontraba en la estructura interna de la Tierra. Propuso entonces que nuestro mundo estaba formado por un núcleo macizo englobado por tres esferas huecas concéntricas, cuyos diferentes polos magnéticos y velocidades de rotación causaban la misteriosa deriva magnética hacia poniente.

Aunque la hipótesis de la Tierra hueca, que tanto juego ha repartido en el género de la ciencia ficción, fue desacreditada ya hace siglos, las observaciones de Halley eran correctas, como lo fue su intuición de que la razón estaba relacionada con la rotación de los elementos presentes a miles de kilómetros bajo nuestros pies.

Hoy sabemos que el núcleo terrestre es una bola sólida de hierro, de un diámetro similar a la Luna, bañada en una capa externa de aleación de hierro fundido del tamaño de Marte. Este fluido actúa como una especie de lubricante quepermite al núcleo interno moverse libremente respecto al resto del planeta.

Investigando cómo las ondas sísmicas se mueven a través del núcleo, los científicos descubrieron a finales del siglo XX que el núcleo interno sólido gira en dirección este, como la Tierra, pero a una velocidad ligeramente mayor. Sin embargo, hasta ahora no se ha determinado con precisión cómo es el movimiento del núcleo externo, la capa fluida, ni cómo esta dinámica del “hueso” central del planeta se relaciona con el campo magnético terrestre, creado por un efecto dinamo debido a las corrientes del núcleo externo.

Por desgracia, los viajes al centro de la Tierra para estudiar estos fenómenos in situ son técnicamente imposibles. La tecnología del ser humano apenas ha logrado arañar la cáscara del planeta, y eso por no hablar de las inmensas presiones y temperaturas que un hipotético “tierranauta” debería soportar. Los científicos deben limitarse a métodos indirectos, para lo cual los modelos matemáticos son de gran ayuda.

Gracias al supercomputador Monte Rosa situado en Lugano (Suiza), investigadores de la Universidad de Leeds (Reino Unido) y del Instituto Tecnológico Federal Suizo han desarrollado el modelo más completo jamás diseñado, capaz de simular la dinámica del núcleo terrestre con una precisión cien veces superior a lo conseguido hasta la fecha.

Los resultados, publicados en la revista PNAS, confirman que el núcleo interno se mueve en superrotación hacia el este, pero el externo gira hacia el oeste a menor velocidad. Según Philip Livermore, coautor del estudio, “el vínculo se explica simplemente en términos de acción igual y opuesta; el campo magnético empuja hacia el este en el núcleo interno, haciéndolo girar más rápido que la Tierra, pero también empuja en la dirección opuesta en el núcleo externo líquido, lo que causa un movimiento hacia el oeste”.

En resumen, lo que está en juego es un delicado y complejo juego de fuerzas. Las corrientes de convección en el núcleo externo crean el campo magnético de la Tierra, que nos protege de la radiación cósmica. Este campo induce una fuerza que empuja las dos capas del núcleo en direcciones opuestas, y a su vez el resultado de estos movimientos hace que el campo magnético se desplace.

Sin embargo, el comportamiento de la bola de hierro sumergida en metal fundido a 5.000 kilómetros de profundidad es aún más extraño y caprichoso de lo que se creía. Otro estudio publicado en mayo de este año en la revista Nature Geosciencedesveló que el núcleo interno no siempre gira a la misma velocidad. Como promedio, avanza entre un cuarto de grado y medio grado de circunferencia al año respecto a la superficie de la Tierra, pero no lo hace uniformemente, sino alternando acelerones y frenazos: en la década de los 70 del siglo pasado giró más deprisa, se frenó en los 80 y volvió a acelerar en los 90.

Variaciones del campo magnético

Según Livermore y sus colaboradores, la clave está en las variaciones en el campo magnético, que hacen fluctuar la fuerza electromagnética que empuja el núcleo. La Tierra no es un imán constante, como han demostrado los análisis de rocas antiguas. A pesar de lo observado por Halley, el campo magnético no siempre se ha desplazado hacia el oeste, sino que durante al menos los últimos 3.000 años ha habido periodos de deriva al este.Livermore aventura que tales casos se corresponden con épocas en las que el núcleo interno giraba en dirección contraria a la actual, hacia el oeste.

Son muchas las incógnitas que quedan por resolver sobre la estructura y dinámica del interior de nuestro planeta. De acuerdo a Rich Muller, especialista en geodinámica de la Universidad de Berkeley (EEUU), “sabemos más de la superficie del Sol que de la Tierra profunda. Es en su mayor parte un misterio”.

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¿Qué es el tercer anillo de radiación que rodeó la Tierra?

Los investigadores encuentran una explicación al fenómeno que se formó en septiembre de 2012

Anillos de radiación alrededor de la Tierra UCLA

Madrid. (Europa Press).- Científicos espaciales de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), en Estados Unidos, han modelado con éxito y explicado el comportamiento sin precedentes de un inusual anillo de radiación en el espacio, que en septiembre de 2012 rodeó la Tierra durante un mes, mostrando que las partículas extremadamente energéticas que lo componían, conocidas como electrones ultrarelativistas, son impulsadas por procesos físicos muy diferentes de los típicamente observados en las partículas de los cinturones de radiación descubiertos por Van Allen.

La región que ocupan los cinturones, que van desde unos 1.000 a 50.000 kilómetros sobre la superficie de la Tierra, está llena de electrones tan energéticos que se mueven cerca de la velocidad de la luz, según revelan estos expertos en su artículo, publicado el domingo en Nature Physics.

Desde el descubrimiento de los cinturones de radiación de Van Allen, en 1958, los científicos espaciales han creído que estos cinturones que rodean la Tierra consisten en dos anillos en forma de rosquilla de partículas altamente cargadas: un anillo interno de electrones de alta energía e iones positivos energéticos y un anillo exterior de electrones de alta energía.

El hallazgo de estos cinturones de radiación de la Tierra fue posible gracias al ‘Explorer I’, el primer satélite de Estados Unidos que viajó al espacio. En febrero de este año, un equipo de científicos informó del sorprendente descubrimiento de un tercer anillo de radiación desconocida, un camino angosto que apareció brevemente entre los anillos interior y exterior en septiembre de 2012 y se mantuvo durante un mes. Esta nueva investigación detalla datos de este tercer cinturón.

“En el pasado, los científicos pensaban que todos los electrones en los cinturones de radiación alrededor de la Tierra obedecieron a la misma física”, explicó Yuri Shprits, geofísico investigador del Departamento de Tierra y Ciencias del Espacio UCLA y director del estudio.

“Estamos descubriendo ahora que los cinturones de radiación consisten en diferentes poblaciones que son impulsadas por muy diversos procesos”, añadió. Los cinturones de VanAllen pueden suponer un grave peligro para los satélites y las naves espaciales, con peligros que van desde anomalías menores a la falta completa de satélites críticos. Según Shprits, profesor asociado en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Skolkovo, en Rusia, señala que es fundamental comprender mejor la radiación en el espacio para proteger a las personas y los equipos.

Los electrones ultrarelativistas, que constituyeron el tercer anillo y están presentes tanto en los cinturones exteriores como interiores, son especialmente peligrosos y pueden penetrar a través de la protección de los satélites más protegidos y más valiosos en el espacio, alertaron Shprits y Adam Kellerman, investigador asociado en el grupo de Shprits. “Su velocidad está muy cerca de la velocidad de la luz y la energía de su movimiento es varias veces mayor que la energía contenida en la masa cuando están en reposo”, subrayó Kellerman.

La distinción entre el comportamiento de los electrones ultrarelativistas y los de energías más bajas fue clave para este estudio. Shprits y su equipo encontraron que el 1 de septiembre de 2012, las ondas de plasma producidas por iones que normalmente no afectan a electrones energéticos sacó electrones ultrarelativistas casi hasta el borde interior del cinturón exterior. “Sólo un estrecho anillo de electrones ultrarelativistas sobrevivió a la tormenta. Este remanente formó el tercer anillo”, anunció.

Después de la tormenta, una burbuja de plasma frío alrededor de la Tierra se expandió para proteger a las partículas en el anillo estrecho de ondas de iones, permitiendo al anillo persistir.

El equipo de Shprits también encontró que las pulsaciones electromagnéticas de muy baja frecuencia que se creían que eran dominantes en la aceleración y la pérdida de electrones del cinturón de radiación no influyeron en los electrones ultrarelativistas.

“Los cinturones de radiación de Van Allen ya no pueden ser considerados como una masa coherente de electrones. Se comportan de acuerdo con sus energías y reaccionan de diversas maneras a las perturbaciones en el espacio”, argumentó Shprits, quien fue honrado por el presidente norteamericano Barack Obama el pasado julio con un Premio Presidencial a la Carrera Temprana para Científicos e Ingenieros.

“Las partículas ultrarelativistas se mueven muy rápido no pueden estar en la frecuencia correcta con olas cuando están cerca del plano ecuatorial”, dijo Ksenia Orlova, investigador postdoctoral en el grupo de Shprits en UCLA, financiado por la beca Jack Eddy de la NASA.

“Esta es la razón principal por la que la aceleración y la dispersión en la atmósfera de electrones ultra- relativistas por estas ondas es menos eficiente”, destacó. “Este estudio muestra que las poblaciones de partículas existentes en el espacio completamente diferentes que cambian en distintas escalas de tiempo son impulsadas por diferentes físicas y muestran estructuras espaciales muy diversas”, resumió Shprits.

El equipo realizó simulaciones con un modelo de los cinturones de radiación de la Tierra para el periodo comprendido entre finales de agosto de 2012 hasta principios de octubre de 2012. Se hicieron utilizando la física de electrones ultrarelativistas y las condiciones meteorológicas espaciales controladas por estaciones terrestres, acompañadas de las observaciones de la misión Van Allen de sondas de la NASA, lo que confirma la teoría del equipo sobre el nuevo anillo.

“Hay una concordancia notable entre nuestro modelo y las observaciones, tanto que abarca una amplia variedad de energías”, dijo Dmitriy Subbotin, estudiante graduado de UCLA y actual personal investigador asociado.

“Creo que, con este estudio, hemos descubierto la punta del iceberg -agregó Shprits-. Todavía tenemos que comprender cómo se aceleran los electrones, dónde se originan y cómo la dinámica de los cinturones es diferente para tormentas distintas”.

¿Qué es el tercer anillo de radiación que rodeó la Tierra?.

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La Niña aplaca el calentamiento

La estabilidad de la temperatura media global en los últimos 15 años se debe al enfriamiento cíclico del Pacifico. La escalada volverá con El Niño

Deshielo de la capa superficial de Groenlandia. / IAN JOUGHIN

Pese a que en lo que va de siglo XXI se han registrado varios años de temperaturas máximas de récord y que en regiones del planeta, especialmente en latitudes altas, el calentamiento observado es tenaz, lo que venía siendo una tendencia al aumento de las temperaturas medias anuales de la superficie de la Tierra se ha estancado en los últimos 15 años. Los científicos buscan una explicación de por qué el calentamiento global parece haber quedado en suspenso, en niveles máximos, teniendo en cuenta que la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera no ha hecho sino aumentar inexorablemente en ese período que parece de descanso climático. El estancamiento en la escalada de las temperaturas se debe al enfriamiento de las aguas del Pacífico tropical asociado al fenómeno oceánico cíclico El Niño / La Niña, explican ahora unos científicos en EE UU. Afirman que cuando se caliente de nuevo el océano se reanudará el aumento de las temperaturas medias del planeta que tan marcado había sido en las últimas décadas del siglo XX.

“Nuestros resultados demuestran que el actual intervalo [en la escalada de la temperatura] es parte de la variabilidad natural del clima, asociado específicamente a un enfriamiento tipo La Niña de una década”, escriben Yu Kosaka y Shang-Ping Xie (Instituto Scripps de Oceanografía, EE UU) en la revista Nature. “Aunque pueden darse intervalos similares en el futuro, la tendencia de décadas de calentamiento muy probablemente continuará con el incremento de los gases de efecto invernadero”, añaden.

La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ha superado ya las 400 partes por millón en las medidas de algunos observatorios, frente a las 280 ppm de antes de la revolución industrial. Este aumento de los gases de efecto invernadero debería reflejarse en un incremento paralelo del calentamiento, según la física básica del clima. Sin embargo, en los últimos años la curva de la temperatura media en la superficie terrestre, marcadamente ascendente desde los años setenta hasta casi finales del siglo pasado, se ha convertido en una línea casi plana. No es que hayan bajado el termómetro medio del planeta, es que ha dejado de subir al ritmo precedente. Según las simulaciones climáticas, se debería haber registrado un incremento de 0,25 grados centígrados en los últimos 10 años, sin embargo, han sido solo 0,06 grados, explicaba recientemente el meteorólogo alemán de la Universidad de Hamburgo Hans von Storch en una entrevista en la revista Spiegel.

“Hay dos explicaciones posibles y ninguna de las dos es muy agradable para nosotros [los científicos del clima]”, comentaba el experto alemán. La primera posibilidad sería que se está produciendo menos calentamiento global de lo esperado porque los gases de invernadero, especialmente el CO2, tienes menos efecto de lo que se presuponía. “Esto no significaría que no hay efecto invernadero reforzado por la actividad humana, pero sí que su influencia sobre el clima no es tan grande como creíamos”, explicaba von Storch. “La otra posibilidad es que, en nuestras simulaciones, hemos infraestimado las fluctuaciones del clima debidas a causas naturales”, añadía, advirtiendo que el problema científico sería grave si se prolongase mucho la actual estabilidad de las temperaturas. Precisamente en esta segunda opción se encajan el trabajo de los científicos de Scripps.

Yu Kosaka y Shang-Ping Xie recuerdan que se han propuesto varias explicaciones, como el efecto refrigerante de los aerosoles en la alta atmósfera o la fase de mínimo solar hacia 2009. Pero su respuesta está asociada al vaivén cíclico de calentamiento/enfriamiento del Pacífico tropical, que también estaba en la mente de muchos como buen candidato para explicar el actual parón del calentamiento. Ellos describen en Nature su desarrollo de una simulación climática que en la que encaja bien el efecto de la oscilación oceánica El Niño / La Niña, cuyo efecto es conocido históricamente por los extremos de precipitaciones y de sequías que provoca cíclicamente, sobre todo, aunque no solo, el Suramérica. Su metodología, afirman, permite cuantificar la influencia plurianual de estas variaciones y los resultados que obtienen con su modelo reproducen correctamente el estancamiento (hiatus, dicen ellos) en la curva de temperatura media global registrado a principios del siglo XXI, es decir, que “reconcilia las simulaciones climáticas con las observaciones”.

Algas marinas que ‘registran’ el CO2 de la atmósfera

El océano está lleno de algas microscópicas que toman dióxido de carbono de la atmósfera para crecer, y cuando la cantidad de CO2 disponible baja, se buscan alternativas de combustible suplementario para la fotosíntesis, como el bicarbonato presente en el agua, con el correspondiente coste añadido en energía y nutrientes. Cuando se incrementa la cantidad de dióxido de carbono, dejan de utilizar el recurso complementario, y eso queda reflejado en las minúsculas conchas que algunas algas microscópicas hacen y que se acumulan en el fondo marino. Dos investigadoras de la Universidad de Oviedo han utilizado ahora esas conchas como registro de las concentraciones de CO2 atmosférico en el pasado al medir los cambios químicos que se producen en las conchas de las algas cuando estas necesitan combustible suplementario, como el bicarbonato. Se han remontado a los últimos 60 millones de años y han descubierto que esas algas empezaron a depender intensamente de esas fuentes añadidas de carbono hace relativamente poco, entre siete y cinco millones de años. Heather Stoll y Clara Bolton explican en la revista Nature este estudio, financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC).

Además, la investigación de Stoll y Bolton sugiere que estas algas son capaces de adaptarse a niveles de unas 500 partes por millón de CO2 en la atmósfera, nivel que podría alcanzarse este siglo (desde las 400 ppm actuales).

Hasta la revolución industrial, el clima de la Tierra había ido enfriándose lentamente durante decenas de millones de años; se formaron los casquetes polares, primero en la Antártida, hace 33 millones de años, y después en Groenlandia, hace unos 2,5 millones de años. El enfriamiento, explican las investigadoras, se ha asociado a un debilitamiento gradual del efecto invernadero a medida que el CO2 en la atmósfera disminuía lentamente, al ser absorbido por procesos naturales. De hecho, hay pruebas sólidas de un fuerte descenso del CO2 coincidiendo con el inicio de la glaciación antártica. Sin embargo, la historia del CO2 atmosférico en los últimos diez millones de años es controvertida ya que muchos estudios sugieren que el nivel de CO2 fue constante (y bajo) pese al progresivo enfriamiento del clima. Los nuevos resultados sugieren, según explica Stoll, “que el CO2 estaba declinando y que cruzó una frontera crítica hace entre otro y siete millones de años, lo que encaja bien con el enfriamiento del clima registrado”.

La Niña aplaca el calentamiento | Sociedad | EL PAÍS.

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Hallan el cráter más grande jamás visto bajo la Antártida

Ha salido a la luz después de que un lago situado a unos 3 kilómetros bajo el hielo y con tanta agua como la que cabe en el Lago Ness se drenara repentinamente

ESA: El Cryosat

El satélite CryoSat de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha encontrado un gigantesco cráter bajo la superficie helada de la Antártida, el más grande jamás visto. Los científicos creen que ha salido a la luz después de que un lago situado a unos 3 kilómetros bajo el hielo se drenara repentinamente. Contenía tanta agua como la que almacena el Lago Ness.

Muy por debajo de la gruesa capa de hielo que cubre la Antártida, hay lagos de agua dulce sin una conexión directa con el océano. Estos lagos son de gran interés para los científicos, que tratan de entender el transporte de agua y la dinámica del hielo bajo la superficie congelada del continente.

Un método para conocer estos procesos consiste en perforar agujeros a través de kilómetros de hielo hasta el agua. Sin embargo, en vez de mirar hacia el suelo, los científicos de la ESA han decidido utilizar satélites. Combinando nuevas medidas adquiridas por CryoSat y datos más antiguos del satélite ICESat de la NASA, el equipo ha mapeado un gran cráter dejado por un lago, e incluso ha podido determinar la magnitud de la inundación que lo formó.

De 2007 a 2008, se drenaron unos seis kilómetros cúbicos de agua, aproximadamente la misma cantidad que se almacena en el Lago Ness (Escocia), lo que lo convierte en el mayor fenómeno de este tipo que se haya registrado, según han indicado los autores del trabajo, publicado en Geophysical Research Letters.

Esa cantidad de agua es la décima parte de la que se derrite bajo la superficie de la Antártida cada año. Desde 2008, el lago parece estar rellenándose, pero seis veces más despacio de lo que se vació. Su recuperación podría llevar décadas.

Ver en la oscuridad

El estudio, según sus autores, ha destacado la capacidad única de CryoSat para trazar los cambios en los lagos subglaciales de la Antártida en 3D. CryoSat lleva un altímetro de radar que puede «ver» a través de las nubes y en la oscuridad, lo que proporciona mediciones continuas sobre áreas que son propensas al mal tiempo y los largos períodos de oscuridad.

El radar a bordo puede medir el área y la profundidad de los cráteres de hielo en alta resolución, lo que permite a los científicos calcular con precisión su volumen

Cada lago subglacial es una nueva esperanza para encontrar vida marina prehistórica. Hasta ahora, se han descubierto cerca de 400 lagos en la base de la capa de hielo antártica. Su investigación también es de gran importancia, porque, cuando se agotan, alteran los hábitats subglaciales y pueden provocar que el hielo que les cubre se deslice más rápidamente en el mar.

Hallan el cráter más grande jamás visto bajo la Antártida – ABC.es.

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Las especies más viejas del planeta, amenazadas de extinción

Un tercio de los tipos de coníferas está en peligro, seis de ellas en España – Un inventario internacional cataloga 1.117 nuevos animales y plantas en riesgo

Las coníferas son las plantas más antiguas del planeta, un pino longevo puede vivir casi 5.000 años, y las más altas, la secuoya roja llega hasta los 100 metros de altura, pero no están exentas de peligros. Lo mismo le pasa a otros seres vivos de presencia más discreta, como el pececito de Santa Cruz, los caracoles cónicos o la marsopa sin aleta del Yangtsé (China). La última lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ha declarado amenazadas 20.934 de las 70.294 especies evaluadas por todo el mundo, 1.117 más que en 2012. La amenaza de extinción de las coníferas, que aparecieron cientos de millones de años antes que los árboles de hoja ancha, avanza en el planeta. 205 de las 604 especies de coníferas del mundo corren peligro, un 4% más que en 1998.

La venta para acuarios mina la supervivencia de la gamba de agua dulce

El listado de la UICN, elaborado desde 1963, ha reevaluado este año la situación mundial de las coníferas, algo que no se hacía desde 1998. Las más afectadas se encuentran en el oeste de Norteamérica (EE UU, California, México), el sureste Asiático (China e Indonesia), y Nueva Caledonia-Fiji, detalla Craig Hilton-Taylor, responsable de este informe en el que participan 11.000 científicos de 160 países. Las causas más comunes de su desaparición son los efectos de la agricultura, su uso para madera, la minería a cielo abierto o enfermedades.

El documento también advierte de disminuciones en otras especies como los camarones de agua dulce, los caracoles cónicos y la marsopa sin aleta del Yangtsé (China). El eslizón gigante de Cabo Verde —un lagarto que fue visto por última vez en 1912— el pececito de Santa Cruz y una especie de camarón de agua dulce se han declarado en peligro de extinción. Un 10% de estas gambas, como el langostino gigante de río, se utiliza para consumo humano, aunque también es una parte importante de la red alimentaria de este medio. La contaminación, la alteración de su hábitat y su venta para acuarios son algunas de sus principales amenazas.

“Son indicadores de la contaminación ambiental”, dice el botánico Güemes

El pino de Monterrey (Pinus radiata) uno de los más plantados del mundo, ha pasado de estar catalogado como preocupación menor —cuando existe un riesgo de extinción bajo— a considerarse en peligro. Sus amenazas más importantes, según la UICN, son las de cabras salvajes y ataques de patógenos invasivos.

“En España, el pino de Monterrey se encuentra en la cornisa cantábrica, pero no es endémica, se utiliza para la fabricación de pasta de papel y tableros”, explica Elena Domínguez, responsable del programa de bosques de la organización ecologista WWF. “No nos preocupamos tanto por su estado de conservación, sino de los efectos que generan estas plantaciones intensivas”, añade.

El Jardín Botánico de la Universidad de Valencia ha colaborado con este estudio aportando información sobre los endemismos españoles más amenazados. Jaime Güemes, uno de sus conservadores, precisa que hay al menos seis especies de coníferas en riesgo de extinción, pero también otras muchas plantas con flores amenazadas, casi 1.300, como consecuencia de la actividad humana. Los datos provienen de la última edición de la lista roja de la flora española, elaborada en 2010 (se hace cada cinco años) por la Sociedad Española de Biología de la Conservación de Plantas, y que también sigue los criterios de la UICN.

En esta lista está el pinsapo, refugiado en las sierras de Grazalema (Cádiz) y las Nieves (Málaga), el pino de Sierra Nevada, la sabina y el enebro marítimos; el araar que se encuentra en Cartagena, y el cedro de Canarias. “Se está produciendo una situación contradictoria, por un lado aumenta la superficie de ocupación de las coníferas que vuelven a ocupar tierras de labor abandonadas y al mismo tiempo hay grandes zonas en España, incluidas las Islas Canarias, en las que son los primeros indicadores de la contaminación”, relata Güemes.

La lista roja de 2013  

 Ocho categorías de amenaza. La lista roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) establece ocho categorías de amenaza con respecto a una serie de criterios: extinta o extinta en estado silvestre; en peligro crítico, en peligro y vulnerable (estas tres se describen como amenazadas); de preocupación menor (con riesgo de extinción bajo) y con datos insuficientes (no evaluadas por falta de datos).

• 4.807 especies nuevas. En la última edición de la lista roja se han añadido 4.807 especies de forma que el total de especies evaluadas ha subido a 70.294. De ellas, 20.934 están amenazadas por la extinción, 1.117 más que en 2012. Entre las nuevas especies que se han registrado figuran plantas como el Linum Katiae —hallada en el sur de Italia, en la zona de Calabria—, que se ha catalogado como vulnerable.

• Desaparición misteriosa. El Pecari de Labios Blanco (Tayassu pecari), de la familia de los cerdos y que habita en América Central y Sudamérica, ha reducido su población en un 89% en Costa Rica y en un 84% en México y Guatemala. Su estado se considera vulnerable. La caza y la pérdida de hábitat explican su declive. En muchos casos, su desaparición misteriosa se atribuye a enfermedades.

• Caracoles cónicos. En esta edición se han evaluado por primera vez los caracoles cónicos, de entornos marinos tropicales, con un 8% de su población amenazada por la extinción. Son muy apreciados por sus toxinas letales, utilizadas en el desarrollo de nuevos fármacos para paliar el dolor en condiciones incurables. Además, tienen preciosas conchas. Algunas, las de especies más raras, se intercambian por miles de dólares.

• Marsopa sin aleta. Entre las especies analizadas está la marsopa sin aleta del Yangtsé, uno de los pocos cetáceos de agua dulce restantes en el mundo. Habita en el río Yangtsé y dos lados adyacentes, Poyang y Dongting (China). En 2006 se calculó que había 1.800 ejemplares y se ha reducido un 5% cada año desde los ochenta. Está clasificada como en peligro crítico de extinción. Sus peores amenazas son la pesca ilegal, el tráfico marítimo intenso, la extracción de arena y la contaminación.

 Las especies más viejas del planeta, amenazadas de extinción | Sociedad | EL PAÍS.

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El mapa de la vegetación en la superficie terrestre | Ciencia

Mapa de la vegetación de la Tierra elaborado por el satélite Suomi NPP. | NASA

La NASA ha presentado una detallada cartografía de la vegetación de nuestro planeta gracias a imágenes elaboradas con los datos recogidos por el satélite Suomi NPP durante un año. Suomi NPP(acrónimo de ‘National Polar-orbiting Partnership’) es una misión combinada entre la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos.

Las imágenes muestran la diferencia entre las áreas verdes y áridas de la Tierra como se ve en los datos del radiómetro para imágenes visible-infrarrojo VIIRS, instrumento a bordo del satélite. VIIRS detecta cambios en la reflexión de la luz, produciendo imágenes que miden cambios en la vegetación a través del tiempo.

Los datos de vegetación de Suomi NPP se incorporarán a muchos productos y servicios, incluida la vigilancia del medio ambiente y del impacto de las sequías.

Estas medidas de índice de vegetación monitorizan el crecimiento de las plantas, la cubierta vegetal y la producción de biomasa a partir de información obtenida vía satélite. Se calcula a partir de la luz visible e infrarroja cercana reflejada por la vegetación. Los valores altos representan una vegetación densa y verde. Los valores bajos representan vegetación escasa bajo condiciones de estrés tales como la sequía.

Las mediciones de VIIRS siguen algunos de los registros de datos recogidos por varios satélites de la NASA, como Terra y Aqua, en órbita desde diciembre de 1999 y febrero de 2002, respectivamente.

El mapa de la vegetación en la superficie terrestre | Ciencia | elmundo.es.

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La escasez de agua, problema planetario grave en el plazo de dos generaciones

500 científicos lanzan la Declaración de Bonn en defensa de una gestión sostenible de los recursos hídricos

Si no se acometen reformas en profundidad en la gestión y utilización del agua dulce, la escasez de este recurso imprescindible será un problema grave para la mayor parte de los futuros 9.000 millones de habitantes del planeta Tierra en el plazo de una o dos generaciones, advierten los científicos reunidos la semana pasada en la conferencia Agua en el Antropoceno, celebrada en Bonn, Alemania, que ha reunido a medio millar de especialistas de todo el mundo. El agua dulce es un recurso natural esencial para el que no existe sustituto, recuerdan los científicos, y el riesgo que afronta la humanidad es autoinfligido y completamente evitable.

“La mala gestión del agua, el uso excesivo y el cambio climático suponen amenazas a largo plazo para el bienestar de la humanidad”, afirma la declaración. “Incontables millones de actividades humanas locales repercuten en cambios a escala regional, continental y global que alteran drásticamente los flujos y reservas de agua, reducen su calidad y perjudican a los ecosistemas. La actividad humana, por tanto, juega un papel central en el comportamiento del sistema global del agua”.

La declaración recoge las conclusiones esenciales del Proyecto Sistema Global del Agua en el que los científicos llevan trabajando desde 2004.

“Los humanos suelen buscar su suministro de agua a través de soluciones de ingeniería a corto plazo y, a menudo, costosas que pueden generar impactos en los sistemas sociales y ecológicos. Ante el dilema de elegir entre agua para obtener un beneficio económico a corto plazo o defender la salud general de los ecosistemas acuáticos, la sociedad masivamente elige el desarrollo, a menudo con consecuencias nocivas en los mismos sistemas que proporcionan ese recursos”, explican los científicos. El desarrollo sostenible requiere tanto la innovación tecnológica como institucional, advierten. Las investigaciones “confirman que el actual incremento del uso del agua y la escasa eficiencia del sistema hídrico avanzan en una trayectoria insostenible”.

La Declaración de Bonn reclama una agenda que aglutine la labor de científicos, políticos y gestores, y hace unas recomendaciones: adquirir el compromiso de adoptar un enfoque multidisciplinar y a diferentes escalas en la investigación del agua para comprender el complejo e interrelacionado sistema hídrico global y cómo puede cambiar en el futuro; realizar estudios de síntesis acerca del conocimiento sobre el agua dulce que permita desarrollar evaluaciones de riesgo y estrategias de protección de los sistemas de agua; preparar a la siguiente generación de científicos y expertos en cambio global para hacer frente al reto; extender el monitoreo mediante redes de observación del medio ambiente y sistemas avanzados de satélite; tomar en consideración alternativas basadas en los ecosistemas frente a las costosas soluciones estructurales ante el cambio climático; desarrollar soluciones innovadoras en las instituciones que se ocupan del agua, con un equilibrio entre soluciones técnicas y de gestión.

Las heridas del agua

*La humanidad utiliza un área del tamaño de Sudamérica para sus cosechas agrícolas y un área del tamaño de África para el ganado.

* La extracción de agua y de hidrocarburos en zonas costeras bajas, dos tercios de los grandes deltas fluviales están hundiéndose, algunos de ellos cuatro veces más rápido que la media global de subida del nivel del mar.

* Las actividades humanas mueven ahora más rocas y sedimentos (por ejemplo, en minería, infraestructuras costeras y presas) que la erosión natural del hielo, el viento y el agua juntos.

* Muchas inundaciones fluviales actualmente están relacionadas con actividades humanas, incluyendo la del Indo en 2010 (con 2.000 personas muertas) y la de Bangkok de 2011 (815 fallecidos).

* La humanidad ha construido, como media, una gran presa cada día durante los últimos 130 años.

*Cientos de miles de diques distorsionan el flujo natural de los ríos a los que los ecosistemas y la vida acuática se ha adaptado a lo largo de miles de años.

* La desecación de humedales destruye su capacidad de inundación natural, un servicio de la naturaleza difícil de reemplazar.

* La evaporación de sistemas de irrigación mal gestionados seca muchos ríos y sin agua no hay vida. Así, poco a poco decenas de miles de especies se acercan cada día a la extinción.

La escasez de agua, problema planetario grave en el plazo de dos generaciones | Sociedad | EL PAÍS.

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