Archivo de la categoría: Libros

El libro científico más polémico

Cuadro de Robert-Fleury en el que aparece Galileo ante el tribunal de la Inquisición. | E.M.

En el año 1623, en plena eclosión de la ciencia moderna, llegó un nuevo Papa al Vaticano: Maffeo Barberini. O, como sería conocido desde entonces, Urbano VIII. Como Galileo, el nuevo Pontífice era florentino, y había elogiado públicamente al astrónomo por sus descubrimientos con el telescopio. Galileo había sido ya advertido, pero no aún censurado, tras publicar que la Tierra gira alrededor del Sol.

La elección de un Papa amigo animó a Galileo, quien se decidió a regalar al recién nombrado Urbano VIII una copia de su último libro, ‘Il Saggiatore’ (El ensayista). Al Pontífice le gustó el nuevo libro, por lo que Galileo fue un paso más allá y le pidió permiso para publicar su teoría sobre las mareas. Al no conocerse la ley de la gravedad, el científico toscano intentaba explicar las idas y venidas de los océanos como una consecuencia del movimiento de la Tierra. La teoría era errónea porque no tenía en cuenta el influjo de la Luna, pero el problema no era ese, sino que los argumentos presentados necesitaban que la Tierra se moviera alrededor del Sol.

Sólo el modelo cosmológico heliocéntrico de Copérnico avalaba la explicación que aventuró Galileo, lo que le llevó a presentar su obra como un ‘Dialogus de systemate mundi’ (Diálogo sobre los sistemas del mundo), nombre con el que fue publicada en Florencia en 1632. En ella se ridiculizaba el modelo geocéntrico ptolemaico y se ignoraba el más actual sistema geocentrista de Tycho Brahe, que había hecho algunas correcciones sobre el anterior para adaptarlo a los nuevos tiempos. El modelo de Brahe aunaba las recientes observaciones telescópicas con la vieja creencia en una Tierra estática, por lo que era el preferido de la Iglesia católica.

El libro de Galileo erraba en su intento de dar una explicación a las mareas y dejaba claro que el genial científico y astrónomo no había sido llamado por los caminos de la creación literaria. Aun así, la obra tenía un innegable acierto, que fue precisamente lo que más molestó a sus detractores: Galileo describía con precisión las cuidadas observaciones que había realizado con su telescopio, las cuales resultaban incompatibles con el sistema geocéntrico.

Un mensaje de Dios en la naturaleza

‘Dialogus de systemate mundi’ de Galileo. | E.M.

Estas observaciones habían pasado ya el filtro de la Inquisición cuando fueron publicadas por primera vez, en 1613, antes de que Roma emitiera su decreto anticopernicano. Los verdaderos problemas llegarían casi 20 años después, cuando reaparecieron para atacar al sistema ptolemaico en el Diálogo de 1632. Una obra de apariencia inocua, cuyo objetivo declarado era hablar del movimiento de los mares, se convertiría en el que posiblemente es -con permiso de Darwin y Freud- el libro científico más polémico de la historia, capaz de poner en jaque a toda una idea de la civilización, el ser humano y el cosmos.

Al año siguiente de su publicación, un nuevo decreto papal complicaría aún más las cosas para Galileo, a quien el Colegio Cardenalicio acabaríacondenando por herejía. Es posible que el Papa se sintiera traicionado porque Galileo no le dijo lo que iba a hacer realmente cuando le pidió permiso para escribir el libro, o que la Iglesia se viera cada vez más acorralada y quisiera imponer un castigo ejemplar que sirviera de aviso a los científicos. Ambas opciones no son excluyentes.

Tampoco hay que descartar que el pertinaz Galileo contribuyese a cavar su propia tumba. Sus acusadores se conformaban con que el científico admitiese que el sistema copernicano era tan solo una hipótesis que cuadraba bien con las observaciones. Lo cual, visto desde hoy, no era ningún disparate. Es cierto que el Sol está en el centro del Sistema Solar, pero éste no funciona del modo en que describieron Galileo y Copérnico. Desde la perspectiva de la ciencia contemporánea, podría decirse que la Iglesia tenía gran parte de razón, aunque por motivos contrarios a los que creyeron los inquisidores. El cosmos es mucho más grande y complejo de lo que se pensaba, y se parece aún menos a las descripciones bíblicas de lo que establecía el heliocentrismo. QuizáGalileo intuyó que se encontraba ante un ataque fundamentalista, aunque disfrazado con argumentos científicos, y no quiso ceder ante sus jueces; o quizá la ciencia estaba demasiado inmadura para darse cuenta de que hay muy pocas cosas sobre las que tengamos una certeza absoluta, y que empeñarse en defender un modelo preestablecido del cosmos es, de hecho, anticientífico.

Galileo buscaba en la ciencia un lenguaje equiparable al de las Sagradas Escrituras, que entonces eran el argumento último de autoridad. En una de sus más célebres sentencias, manifestó que Dios había escrito el universo en lenguaje matemático. Estaba convencido de que usar la razón y los sentidos para desvelar este mensaje era una labor con tanto valor teológico como interpretar la Biblia. Tanto las Escrituras como la naturaleza contenían un mensaje del creador, aunque uno estaba dirigido a la mente y el otro al corazón. Las leyes físicas y matemáticas del cosmos reflejaban para el toscano el justo orden de la obra divina, el pensamiento mismo del Creador.

Aunque resulte paradójico, lo cierto es que, en nuestro tiempo, esta visión está mucho más extendida en la Iglesia católica que en la ciencia profesional. Como recuerda Walter Brandmüller, presidente de la Comisión Pontificia de Ciencias Históricas, “cualquier especialista [en Teología] de hoy aprobaría en lo esencial” la postura de Galileo, que se basaba en los criterios de interpretación de la Biblia de San Agustín y otros teólogos clásicos. Muchos científicos de la actualidad rechazarían la interpretación que Galileo hacía de las leyes naturales, mientras que los teólogos de hoy bien podrían acusar a los inquisidores de haber confundido la Creación con un puñado de astros.

Geocentrismo, fanatismo e ignorancia

Galileo fue sentenciado a cadena perpetua, pero la condena se le conmutó por arresto domiciliario, de forma que pudo continuar con sus estudios hasta que empezó a tener graves problemas de salud. Tras caer enfermo, la Inquisición le permitió trasladarse a una villa cercana a Florencia para estar cerca de sus doctores. Allí murió en 1642. No está claro hasta qué punto el caso de Galileo asustó a otros astrónomos. Una vez que las tensiones entre protestantes y católicos se debilitaron, y la obra de Isaac Newton dio el empujón definitivo a la nueva ciencia, la Iglesia abandonó enseguida su férrea adhesión al geocentrismo.

Sin embargo, el lenguaje irreverente y burlón del Diálogo se le siguió atragantando durante algún tiempo. La prueba de ello es que el decreto contra Copérnico quedó oficialmente derogado en 1757, mientras que el libro de Galileo permaneció en el listado de publicaciones prohibidas hasta 1831. Para entonces, el sistema heliocéntrico ya estaba plenamente aceptado, aunque en una versión muy distinta a la que defendieron Galileo y su colega alemán Johannes Kepler.

Johannes Kepler

La Iglesia no tenía ninguna necesidad de situar a la Tierra en el centro del sistema solar para defender sus ideas, y sí tenía, en cambio, poderosos motivos para no enfrentarse al naciente método científico. El temprano empeño en defender el geocentrismo, del que Galileo fue víctima, pasaría a la historia como el paradigma del fanatismo y la ignorancia, a pesar de que Roma también realizó importantes esfuerzos a favor de la astronomía y la ciencia. “La Iglesia católica ha dado más apoyo financiero y social al estudio de la astronomía, durante más de seis centurias, que ninguna otra institución en el mismo tiempo, y, probablemente, que todas las demás instituciones juntas; esto ha sido desde la baja Edad Media hasta la Ilustración”, señala el historiador de la ciencia John L. Heilbron. Sin embargo, aún se recuerda a la Iglesia romana de estos tiempos como una furibunda enemiga de la ciencia, debido a que la errónea filosofía de la que partía acabó echando por tierra todos sus esfuerzos. Quizá esto sirva para contestar a una vieja pregunta que muchos científicos aún se hacen: ¿Para qué sirve la filosofía?

Los hallazgos de Galileo, si se contemplan desde la distancia, son tan geniales como, en el fondo, sencillos: los planetas no se mueven del modo en que anticipó un astrónomo egipcio llamado Ptolomeo, sino que lo hacen de otra forma. Si Galileo tuvo problemas, fue porque esta simple observación se entrometía en el sistema de valores dominante en su sociedad, algo que, en realidad, debió satisfacer enormemente a un espíritu rebelde como el suyo. La historia de su procesamiento, en su versión más simple y esquemática, se cuenta una y mil veces para defender toda clase de argumentos. Aunque, teniendo en cuenta la convulsa Europa en la que se desarrolló la revolución científica, quizás no le tocó la peor de las suertes al toscano. El fanatismo de quienes lo condenaron, si bien deplorable, parece un juego de niños comparado con el que sufrió, en la Alemania protestante, su colega Johannes Kepler.

El libro científico más polémico | Ciencia | elmundo.es.

Anuncios

Comentarios desactivados en El libro científico más polémico

Archivado bajo Astronomía, Galileo Galilei, Libros

Nacido científico. | BrainFacts.org Blog

Es un título bastante modesto que Edward O. Wilson ha elegido para el libro que publicó este mes, Cartas a un joven científicoCuando comencé a leer, me esperaba encontrar una lista de consejos más o menos útiles y trucos sobre cómo llegar a ser un científico. Lo que en cambio me encontré en este libro es una reflexión personal sobre lo que la ciencia es en realidad y cómo los científicos llegan a serlo.Wilson ofrece una relación excepcionalmente clara de lo que es dedicar la vida a la ciencia y la forma en que el proceso se puede experimentar desde la perspectiva de un científico. Sin duda, el libro hace honor a su título y explica todo lo que alguien necesita saber para convertirse en un científico, pero va más allá de proporcionar una visión de la ciencia que sea increíblemente precisa. 

Una ciencia hecha por los seres humanos con emociones, prejuicios, unidades e historias personales. Wilson abarca todo en una explicación que debe poner celosos a los filósofos que han tratado previamente para captar su esencia. La ciencia es lo que usted hace cuando se pone las botas en un día lluvioso y va al bosque a recoger los gusanos que salen de la tierra para clasificarlos. La ciencia es lo que hace cuando observa algo y se pregunta acerca de los mecanismos que lo podrían haber motivado. No importa si usted es profesor en Harvard o un niño de 13 años en Alabama. Wilson ha sido los dos cosas a la vez, pero como se ilustra en dos fotos de él coleccionando mariposas con una red en 1942 y en 2012, el tiempo no tiene poder de erosionar la curiosidad genuina.

El libro consigue la colosal tarea de resumir de forma clara y concisa en principios simples cómo se puede conseguir el éxito en la ciencia. Aunque Wilson ha estado interesado en la sociobiología y los insectos, en particular, sus principios se aplican del mismo modo a cualquier campo de la ciencia, incluyendo la investigación del cerebro. Lo hace, evitando una trampa en que muchos científicos ceen: no hay una única manera de convertirse en un científico. Conocer las matemáticas será importante, pero si no lo sabe, hay campos de ciencia que exigen sus otros talentos. Frecuentemente escucho a los investigadores adentrarse en los campos de investigación en los que ya hay muchos investigadores, pero Wilson se diferencia:

Marchar lejos del ruido de las armas. Observar la lucha desde la distancia, y mientras estás en ello, considerar la posibilidad de la propia lucha.

Si elige un campo o una pregunta científica que nadie ha explorado, puede convertirse en un experto, incluso a una edad muy joven, señala Wilson. La dedicación también será importante: 60 horas de trabajo por semana. Pero, ¿cómo vas a gastar esas horas que serán muy importantes? Es necesario tener un momento para la investigación actual. Con todo el papeleo, la administración y la enseñanza de que la vida universitaria impone, es fácil perder de vista su objetivo principal. La investigación está en la cima de sus preocupaciones. Como investigador y amigo me dijo una vez: “Si eres malo en la investigación, enseña. Si eres malo en la enseñanza, ser un administrador “.

Ser demasiado inteligente o demasiado perfeccionista podría meterte en problemas. La ciencia comienza con intentos muy ingenuos e imperfectos de la comprensión de los fenómenos, según Wilson. Él ilustra esto con una historia de él utilizando un imán para tratar de cambiar la ruta de una línea de hormigas. Resultado: nada. Pero así es como se hace. No espere a que las estrellas se alinean perfectamente, no teorice si el experimento se puede ejecutar a bajo costo, sólo hay que salir y hacerlo. Si funciona, entonces usted tendrá que ser más perfeccionista y comenzar a recoger datos más en serio. Como otro científico me dijo una vez, en la ciencia hay pensadores y hacedores, y los buenos científicos tienen que tener un poco de ambos talentos.

Wilson también recomienda no dejar que las negativas te desanimen. Él refiere esta historia de un estudiante que tenía, Corrie Saux Moreau, que fue rechazado para un proyecto de colaboración, y decidió llevar a cabo el proyecto por su cuenta con muchos menos recursos y terminó por publicar un estudio muy exitoso. Él refiere una historia interesante recibiendo una llamada de su colega mencionando que la dedicación a este estudiante fue la investigación de hormigas, y que tenía tatuajes de hormigas en su cuerpo que para demostrarlo. Yo no recomiendo que se hagan tatuajes, pero este ejemplo ilustra lo importante que es ser capaz de demostrar su dedicación a su trabajo con los hechos de su pasado.

Como se explica en Cartas a un joven científico, usted será testigo de la historia de un hombre que se interesó por las cuestiones científicas, al menos desde que tiene 10 años y comenzó a recoger datos no mucho más tarde. Su historia no es única, es algo común en las personas que terminan siendo buenos científicos, pero explicarlo de una manera tan honesta y ligera es lo que hace este libro tan maravilloso. Entre los párrafos que se pasa describiendo cómo funciona la ciencia y otros contando historias sobre su infancia y adolescencia observando insectos, Edward O. Wilson cuenta la historia de un hombre atrincherado con un excepcional sentido de la curiosidad, una historia que me parece difícil de describir como cualquier otra cosa que la de un hombre nacido científico.

Nacido científico. | BrainFacts.org Blog.

1 comentario

Archivado bajo Ciencia, Investigación médica, Libros

Libros: Cronología de un descubrimiento: Rita Levi-Montalcini

_visd_00BBJPG00QP3

Sinopsis

En 1952, descubrió el Factor de Crecimiento Nervioso (NGF, Nerve Growth Factor), que explicaba los procesos de crecimiento y diferenciación de las neuronas.

Este descubrimiento permitió identificar aspectos y detalles cada vez más significativos del papel que desempeña la molécula proteica.

Entre ellos, la decisiva función de modular y coordinar la actividad de los tres sistemas esenciales en el organismo humano, el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmunitario, que ha contribuido a descifrar enfermedades degenerativas como el Alzheimer.

Escritorio ‹ CajalesyGalileos — WordPress.

Comentarios desactivados en Libros: Cronología de un descubrimiento: Rita Levi-Montalcini

Archivado bajo Libros, Neurología

Libros: La nariz de Charles Darwin y otras historias,,,: J. Ramón Alonso Peña

91kF8nAf0EL._AA1500_Un libro especial para que aprendáis sobre ciencia en mayúsculas: es ameno, instructivo, correcto en el lenguaje y asequible, además de llevar una documentación complementaria.

Completamente RECOMENDABLE.

La nariz de Charles Darwin y otras historias de la Neurociencia Divulgacion Cientifica: Amazon.es: José Ramón Alonso Peña: Libros.

Comentarios desactivados en Libros: La nariz de Charles Darwin y otras historias,,,: J. Ramón Alonso Peña

Archivado bajo Libros

La nariz de Charles Darwin y otras historias de Neurociencia – JRamon Alonso Peña

91kF8nAf0EL._AA1500_

81Sf5mu-axL._AA1500_

Os recomiendo encarecidamente este libro! Todavía no he acabado de leerlo y ya me parece fantástico, tanto para un profano en neurología como para aquellos aficionados que tenen algunos conocimientos previos. Mis felicitaciones al Prof. Alonso y voy a intentar seguir con otros libros suyos sobre este tema. Es ameno, directo, escrito con un lenguaje muy asequible sin perder ni un ápice de rifgor científico. Todo un descubrimiento!!

Comentarios desactivados en La nariz de Charles Darwin y otras historias de Neurociencia – JRamon Alonso Peña

Archivado bajo Libros, Neurociencia

La apuesta de futuro de una Nobel de Medicina | Libros

La lucha contra la pobreza y las desigualdades sociales, la defensa de la igualdad para las mujeres y el respeto por el medio ambiente han sido preocupaciones básicas de la investigadora italiana Rita Levi-Montalcini. Su último libro está lleno de lucidez y de esperanza.

541162-340x340TIEMPO DE CAMBIOS

La situación del mundo, de la humanidad, no es buena, pero no es tan desesperada si se le pone remedio desde ahora mismo. Ésta es, al menos, la conclusión que ofrece Rita Levi-Montalcini en su último libro. Tras pasar revista a algunos de los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad hoy concluye, esperanzada, que hay soluciones, que aún tenemos futuro. Gracias, entre otras razones, a que no todo está en los genes, a que estamos “desvinculados de ese determinismo rígido”.

Las miradas al futuro han estado determinadas con mucha frecuencia por causas externas a nosotros, pero incontrolables. El futuro parecía escrito en las estrellas, el destino era uno e inmutable. Hoy asistimos con frecuencia a otro tipo de determinismo, que aunque no es exógeno, reside en el corazón de cada célula, tampoco puede ser dominado por nosotros, por nuestra voluntad. Hoy, para muchos, el futuro ya no está escrito en las estrellas sino en los genes, aunque pasar del tan allá al tan acá no modifica el hecho sustantivo: no tenemos control sobre él. Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina en 1986, afirma, sin embargo, que “la vida de todo ser humano es el resultado no sólo del programa genético escrito en sus genes, sino también de las condiciones ambientales en las que puede llevarse a cabo este programa. Dichas condiciones influyen más aún que las genéticas sobre el desarrollo de su vida. Por eso no se pueden prever las penas y las alegrías que reserva la vida a cada recién nacido”.

Con este punto de partida, Levi-Montalcini reflexiona sobre los problemas en los campos de la educación, la economía, el medioambiente, las ideologías fanáticas que conducen al terrorismo y la situación general del mundo. Se detiene en aquellos puntos que considera fundamentales para que la humanidad sea capaz “de ganar la partida que está en juego: la supervivencia de la especie humana”.

El desarrollo de África y, en general de los países más pobres, es básico para todos nosotros, no sólo para los habitantes que allí sufren hambre y analfabetismo. “La crisis a la que nos enfrentamos es, sencillamente, ésta: nueve décimas partes de la población mundial, es decir, el componente del género humano de los países en vías de desarrollo, está en bancarrota”. La cita, que Levi-Montalcini recoge en su libro, se debe a Abdus Salam (1926-1996), premio Nobel de Física en 1979 y uno de los científicos más comprometidos en la lucha por la justicia en el mundo y el reparto de conocimiento y de riqueza. Poner remedio a esta barbaridad es, a juicio de la Nobel italiana, una premisa básica para ganarnos el futuro.

La discriminación de las mujeres

res a lo largo de los siglos es otro de los puntos que Levi-Montalcini aborda. Divide este apartado en tres estadios, ayer, hoy y mañana, y termina asegurando que “la incorporación del componente femenino a las altas esferas políticosociales y su plena implicación son imperativas para un nuevo orden mundial”. También la educación, otro caballo de batalla de esta casi centenaria investigadora, nacida en Turín en 1909, es objeto de sus reflexiones. Y llama la atención la fe que tiene en el ordenador y su potencial educativo, y la importancia que concede a estas máquinas para conseguir que la evolución cultural, que es aprendida, a diferencia de la evolución debida a la transmisión genética, permita a las nuevas generaciones una visión más generosa e inteligente del mundo.

Se trata, en definitiva, de un conjunto de reflexiones encaminadas a alumbrar este Tiempo de cambios, a llamar la atención sobre los peligros a los que nuestra especie se está enfrentando. Seremos capaces de salir de esta si aplicamos algunas reglas nuevas, si somos capaces de llevar a cabo algunos cambios. Y pide cierto liderazgo para los de su gremio, puesto que “al alba del tercer milenio los científicos reclaman su derecho a intervenir en un sector hasta ahora considerado competencia y jurisdicción exclusiva de los filósofos y los religiosos: el sector de los valores”. En este sentido, Levi-Montalcini ya apadrinó en 1992 la Carta Magna de los Deberes Humanos, que no se contrapone a la de Derechos sino que “se propone afrontar con la máxima urgencia los peligros que amenazan al globo, a la biosfera y a todas las especies vivientes”. Los doce puntos de esta carta se pueden resumir en una sola idea, quizá la misma que anima a la investigadora a escribir este libro, a tocar de nuevo las conciencias y, sobre todo, las inteligencias de los lectores: “Reconocer y respetar los derechos humanos equivale a asumir deberes específicos, como el de garantizar unos niveles adecuados de vida a todos los pueblos y, por tanto, condiciones ambientales aceptables para las generaciones venideras”.

La apuesta de futuro de una Nobel de Medicina | Edición impresa | EL PAÍS.

Comentarios desactivados en La apuesta de futuro de una Nobel de Medicina | Libros

Archivado bajo Libros

Libros: Captando Genomas (Lynn Margulis y Dorion Sagan)

img_10447

Añadir nuevos ingredientes a la madura teoría del origen de las especies, la obra magna de Charles Darwin, es un reto formidable. Esta teoría clásica parece responder a la mayoría de las cuestiones que tratan de indagar las razones por las que se produce la especiación. Sin embargo, su teoría de la evolución no ofreció una clara contestación a un misterio: la fuente exacta de la variación heredada que producirá las nuevas especies.

Los biólogos que han investigado esta cuestión han ofrecido con el tiempo varias hipótesis al respecto, siendo la más aceptada aquella que dice que dicha fuente se halla en las mutaciones aleatorias. La realidad, sin embargo, es que esta posibilidad no ha sido probada del todo. De hecho, en “Captando genomas”, de Lynn Margulis y Dorion Sagan, se rechaza esta hipótesis como causa principal de la especiación, otorgándole sólo un papel secundario.

En este libro, los dos autores proponen que la solución al problema se halla en la fusión simbiótica, o simbiogénesis, un proceso por el cual se adquieren nuevos genomas mediante la unión de dos genomas previamente diferentes.

Margulis es una bióloga con décadas de experiencia, que ha dedicado las tres últimas a estudiar esta cuestión. Con la ayuda de Sagan, excelente divulgador científico, presenta en este libro su visión del asunto, en lo que creen podría ser la resolución de este último misterio que quedaba por resolver, y que pone de manifiesto la importancia de la interacción entre las especies como motor para la aparición de otras nuevas.

La simbiosis biológica no es un tema nuevo. Son bien conocidas las explicaciones sobre el origen de las células eucariotas, que habrían resultado de la fusión de una arqueobacteria con una eubacteria. De esta mezcla se obtuvieron nuevas capacidades que hicieron de las eucariotas el ladrillo principal para dar lugar a todas las especies de animales, plantas y hongos.

Según Margulis y Sagan, la especiación tendría en la simbiogénesis su principal mecanismo, pero eso no quiere decir que no se pueda producir especiación mediante otros, como las mencionadas mutaciones aleatorias. Lo que dicen los autores es que los grandes episodios de especiación, aquellos que verdaderamente fundaron grandes reinos, se basaron en la simbiogénesis más que en las mutaciones aleatorias. En cambio, sería difícil demostrar que las especies concretas de animales o plantas han surgido por simbiogénesis, siendo más bien improbable que ello haya ocurrido así.

El libro introduce al lector, de una forma muy divulgativa, en los conceptos de la evolución, los microbios, etc. También presta atención a los numerosos consorcios conocidos de plantas y animales con microbios.

Si bien las conclusiones a las que llegan podrían ser discutidas por algunos biólogos e incluso por algunos resultados recientes, su libro sigue siendo sumamente interesante por su discusión franca de un problema que hasta ahora no ha tenido una respuesta convincente y que necesita de alternativas para avanzar.

Por ello y por su carácter innovador y polémico, estamos ante un trabajo que interesará a los seguidores de la biología evolutiva y a todos aquellos que aprecian la discusión de las nuevas teorías científicas.

vía Captando Genomas (Lynn Margulis y Dorion Sagan) — Noticias de la Ciencia y la Tecnología (Amazings® / NCYT®).

1 comentario

Archivado bajo Libros