Agua, agua en todas partes | Opinión | EL PAÍS

 Por Paul KennedyRápido! ¿Qué es lo peor que podría pasarle al mundo de aquí a 2050? ¿Un enfrentamiento nuclear entre Israel e Irán? No, diría un realista implacable, porque esa sería una disputa regional, con escasas consecuencias para la mayor parte de los países, del sureste asiático a Latinoamérica.

¿Una confrontación entre China y Estados Unidos por dominar el Pacífico occidental? Peligrosa, sin duda, pero poco probable; a los dos bandos les da miedo el uso de armas nucleares, los dos perderían buques de guerra (quizá muchos) y, si se produjera la guerra, Estados Unidos seguramente frustraría las ambiciones marítimas de China, pero su esencia permanecería intacta y resentida. Así que ¿para qué molestarse?

¿El empeño de Putin en reafirmar el poder imperial de Rusia a base de apoderarse de tierras? Eso dejaría al descubierto que las exhibiciones militaristas del Kremlin con su ejército regular no son más que una fachada de cartón piedra; en serio, ¿acaso su menguada población masculina iba a estar deseosa de ponerse el uniforme y volver al lejano Cáucaso, o de absorber una Bielorrusia en pleno declive? ¿Qué son los esfuerzos de Rusia para negociar la instalación de bases navales en Estados poco fiables del Tercer Mundo más que una forma de colocar a unos rehenes en manos de la suerte?

Debe ser potable, y ese es el principal problema, porque la mayoría en el planeta es salada

De modo que, ¿por qué no ignorar esas longitudes de onda y distanciarnos de las especulaciones que hacen los estrategas de sillón, los expertos obsesionados con los conflictos regionales (Oriente Próximo, el fanatismo musulmán, Israel) y otros profetas de guerras militares de uno u otro tipo? ¿Por qué no fijarnos, en su lugar, en un peligro que aguarda al mundo, procedente de un recurso amable y tranquilizador que todos damos por descontado (hasta que escasea o deja de existir)? ¿Por qué no decir que la pérdida de agua potable garantizada es, con mucho, la mayor amenaza para la seguridad de los seres humanos a largo plazo? En comparación, los peligros políticos mencionados parecen pequeños.

El agua. Terriblemente abundante en esta bendita Tierra nuestra, y eso es lo que la distingue del helado Marte y el ardiente Venus; aquí puede haber vida. Sin embargo, el agua debe ser potable, y ahí está el principal problema, porque la mayoría del agua del planeta es agua salada, inutilizable para beber y (en la mayor parte de los casos) para regar cosechas y plantas. E inutilizable para el afligido Viejo Marinero de Coleridge, a la deriva en medio del mar, que se lamentaba en el famoso poema: “Agua, agua en todas partes, y ni una gota que se pueda beber”. En realidad, sólo el 2,5% del agua de la Tierra es agua dulce, pero casi toda está atrapada en enormes acuíferos subterráneos o en los casquetes de hielo de los Polos. Parece increíble para cualquiera que no sea científico del clima, pero el agua de nuestros lagos y ríos no representa más que el 0,01% de las reservas de agua del planeta.

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