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La inmunoterapia contra el cáncer amplía su campo de acción

Los fármacos que aprovechan las células del propio cuerpo para combatir las células cancerosas demuestra buenos resultados en cada vez más tumores y estadios más tempranos


La quimioterapia ha dejado de ser el punto de referencia en la lucha contra el cáncer. El uso de antineoplásicos para combatir las células cancerígenas sigue siendo la columna vertebral de la estrategia, pero van ganando terreno otros enfoques: la inmunoterapia, la medicina personalizada y también la combinación de estos medicamentos con los agentes clásicos. Tres vías en las que están trabajando los principales investigadores mundiales. La primera de ellas, la inmunoterapia, se considera ya como la gran promesa en el abordaje de esta enfermedad. Y esta nueva generación de fármacos, que fomentan la autodefensa del organismo, está ampliando su espectro y se está consolidando como una herramienta eficaz para combatir varios tipos de cáncer.

La inmunoterapia se había demostrado útil solo para el melanoma metastásico –primero— o algunos tumores de pulmón y riñón, pero los últimos estudios presentados estos días en el Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO, por sus siglas en inglés) muestran que puede ser eficaz también en otro tipo de tumores, como el de vejiga o el de cérvix. También, por primera vez, se ha demostrado que este grupo de fármacos pueden tener una actividad muy prometedora en fases no tan avanzadas de la enfermedad, algo que, además, explica Javier Cortés, jefe de la Unidad de Cáncer de Mama y de la Unidad de Melanoma del hospital Vall d’Hebrón de Barcelona, incrementa su potencial en aumentar el número de pacientes que se podrán curar de esta enfermedad.

En este sentido, un trabajo realizado por investigadores del Instituto Oncológico Gustave Roussy de Villejuif (Francia), muestra que el uso de ipilimumab (uno de estos nuevos fármacos inmunológicos), indicado para el tratamiento del melanoma metastásico, reduce el riesgo de recurrencia en un 25% en pacientes con melanoma en fase III operados, lo que podría traducirse en un aumento de pacientes curados. El estudio francés, realizado en 951 pacientes operados y con riesgo de recaída ––el cáncer se había extendido ya a los nódulos linfáticos–, muestra que quienes tomaron ipilimumab (fabricado por Bristol-Myers Squibb) tuvieron una tasa de supervivencia libre de progresión de un 46,5% frente al 34,8% de quienes tomaron placebo.

Eficaz para el melanoma, estas terapias están teniendo buenos resultados en cáncer de pulmón, vejiga o cérvix

La inmunoterapia ha sido, sin duda, uno de los temas estrella de ASCO –al que EL PAÍS ha acudido invitado por Boehringer Ingelheim–, la cita mundial clave sobre cáncer, a la que han asistido más de 30.000 médicos, investigadores y representantes del sector farmacéutico de todo el mundo, que este año cumple además medio siglo. “Se trata de uno de los avances más importantes de los últimos años en el abordaje del cáncer”, reconoce Cortés. Atacar a las células cancerosas a través del sistema inmunitario no es una idea nueva –William Coley empezó con ello en 1890–. De hecho, es una estrategia que se lleva desarrollando tres décadas –con opciones como anticuerpos o vacunas– aunque con escasos beneficios. Ahora, los fármacos que siguen esta idea están cosechando cada vez mejores resultados.

La inmunoterapia para combatir el cáncer puede seguir dos vías: potenciar el sistema inmunitario para que tenga más fuerza en su combate contra las células cancerosas, o tratar de neutralizar la respuesta de la célula tumoral, que reacciona ante los ataques. Las células cancerosas responden de dos maneras a la ofensiva de los linfocitos (que se ocupan de combatirlas): ‘poniéndose un disfraz’ que las asimile a células ‘sanas’ para así pasar desapercibidas y que los linfocitos (células encargas de defendernos frente a infecciones o células tumorales) no las ataquen, o anteponiendo un escudo que neutraliza ese ataque. Los fármacos destinados a retirar ese ‘disfraz’, es decir a que la célula cancerosa revele su verdadera cara, están todavía en primeras fases de experimentación (aún no hay ninguno aprobado). El grueso de los avances en la inmuno-oncología se ha registrado con los medicamentos que se dirigen a bloquear que la célula tumoral pueda escudarse para repeler el ataque de los linfocitos (lo que hace el ipilimumab).

“Puede ser la estrategia que cure a muchos pacientes en un futuro cercano”, ice el oncólogo  Javier Cortés.

Este es también el espíritu de la nueva inmunoterapia experimental contra un tipo de cáncer de vejiga mestastásico –el noveno más común a nivel mundial y el quinto en España– en la que trabaja la compañía farmacéutica Roche. Los resultados de un estudio en fase I –la que estudia la seguridad— presentado en ASCO muestran que el fármaco redujo de manera importante el tamaño del tumor (tasa de respuesta global) en el 43% de los pacientes con un tipo de cáncer de vejiga metastásico en los que ya se había probado otro tipo de tratamientos. La molécula, explica Cristina Cruz, oncóloga del Hospital Vall d’Hebron, que ha sido definida por la FDA (la agencia del medicamento de EEUU) como terapia innovadora (Breakthrough Therapy) para agilizar su desarrollo, actúa inhibiendo la proteína PD-L1 presente en las células tumorales, que impide al sistema inmunitario defenderse contra el cáncer.

Esta estrategia que aprovecha el potencial del propio organismo para combatir el cáncer ha llegado también al abordaje del cáncer de cérvix. Otro de los trabajos presentados en ASCO –seleccionado además por la organización como uno de los destacados— se basa en el uso de la inmunoterapia personalizada contra el virus del papiloma humano que causa un gran número de estos tumores. Esta nueva vía, que lo que hace es dirigir las células T contra el VPH, es aún muy inicial. A pesar de que el estudio, financiado por el Instituto Nacional de Salud de EEUU (NHI), es muy pequeño (solo nueve pacientes) sus resultados son, para Steven O’Day, profesor de la Universidad del Sur de California y expertos de ASCO, “prometedores”. El tumor remitió completamente en dos de las nueve mujeres con cáncer de cérvix que recibieron esta terapia celular, a pesar de que tenían metástasis extendida y que ya habían sido tratadas por otras vías; en una tercera remitió de manera parcial. El tratamiento, sin embargo, tiene importantes efectos adversos; aunque no insalvables.

Por lo general, sin embargo, estos efectos no son tan importantes como los que presentan las terapias clásicas. “La inmunoterapia puede provocar reacciones cutáneas, gastrointestinales, alteraciones hormonales. No hay daños o lesiones importantes en los glóbulos blancos o anemia importante o daños en las mucosas críticos, son efectos abordables y que pueden tener un buen tratamiento”, indica Jesús García-Foncillas, jefe del servicio de Oncología del hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

“La inmunoterapia no solo mejora el pronóstico de las personas con cáncer; creemos que pueda ser la estrategia que va a curar a muchos pacientes en un futuro cercano”, concluye Javier Cortés.

Los oncólogos de EEUU alertan del impacto de los recortes

El progreso en la lucha contra el cáncer y la calidad de vida de los pacientes se puede ver amenazado por los recortes. El tijeretazo en los fondos para investigación que el Congreso destina a los institutos nacionales de salud (NIH) es una constante desde hace años. El impacto de esta dinámica, han alertado los oncólogos estadounidenses, puede suponer un importante paso atrás. Y es que estos fondos, que suponen la principal fuente de financiación de la investigación biomédica, por ejemplo, han disminuido un 23% desde 2001 en Estados Unidos. En 2012 se invirtió en este presupuesto unos 29 billones de dólares (21,3 billones de euros).”Que podamos seguir invirtiendo en la investigación es esencial para avanzar en la lucha contra el cáncer y acelerar el progreso de los trabajos que tenemos en marcha”, incidió el presidente del Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO), Clifford A. Hudis.

Estos recortes, insistió hace unas semanas el presidente de ASCO en una nota, pone en peligro la subsistencia de numerosas investigaciones y ensayos clínicos. Sin el apoyo del sistema público, dijo, se paralizarían. Esto es lo que ocurrirá con algunos de los ensayos con pacientes del Programa Comunitario de Oncología Clínica que esperan ahora nuevas subvenciones. Ensayos, además, que solo pueden realizarse con el apoyo de la financiación pública porque la mayoría están relacionados con la práctica clínica; algo, dijo Hudis, que interesa poco a los grandes laboratorios.

Los oncólogos piden al Congreso que dedique 32.000 millones de dólares en el próximo ejercicio para la investigación oncológica. “Así se podría revertir el impacto de la última década de recortes”, dicen. Que los oncólogos estadounidenses alerten del impacto de los recortes es muy representativo. En Estados Unidos se desarrollan numerosas y punteras investigaciones oncológicas. El liderazgo en la investigación de este país peligra ahora. Le pueden adelantar otros, como China.

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Descubiertas unas ‘células escudo’ que protegen los tumores

Su desactivación facilita los tratamientos inmunológicos contra el cáncer

Imagen de una célula cancerosa de mama.

La inmunoterapia contra el cáncer —enseñar al sistema de defensa del organismo a atacar a las células tumorales— se presenta como la nueva revolución en oncología. Pero no es fácil. La revista Nature Medicine ha publicado un artículo en el que el proceso no se centra directamente en combatir las células tumorales, sino en otras que pululan a su alrededor y que, de alguna manera, hacen de escudo. El trabajo, que han realizado científicos del MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas, consiste, básicamente, en identificar unos péptidos (cadenas cortas de aminoácidos, que son los eslabones que forman las proteínas) que tienen la capacidad de unirse específicamente a estas células escudo,las células supresoras de origen mieloide (MDSC por sus siglas en inglés). De esta manera, las marcan e identifican para dirigir un ataque que las elimine.

Esa es la segunda parte del ensayo: unir a estos péptidos con unos anticuerpos. Al conjunto resultante lo han llamado en inglés peptibodies(pepticuerpos). El resultado es similar al de añadir un explosivo a una llave: solo actuará contra la cerradura específica. Con este proceso se puede dirigir el ataque a las células que se quieren eliminar, las MDSC. Así, las células tumorales quedan expuestas al sistema inmunitario convenientemente educado.

Larry Kwak, quien ha dirigido el trabajo junto a Hong Qin, lo explica así: “Hace una década que sabíamos que estas células bloqueaban[LAS MDCS] la respuesta inmune, pero no habíamos sido capaces de desactivarlas porque no teníamos identificada la diana”.

Esa búsqueda de unos ligandos específicos ha sido clave en el trabajo. Para encontrarlos, el equipo de investigadores, que no contaba con una idea de qué parte de las MDSC eran las mejores para actuar, recurrió a un sistema que podría calificarse de poco sutil: probar a ciegas toda una serie de péptidos de las librerías que existen, hasta encontrar los que se unían a la superficie de estos escudos de las células tumorales. Al final encontraron dos, que llamaron G3 y H6. Estos tenían una ventaja añadida: no solo se unían a las MDSC que se querían eliminar, sino que, además, no se unen a otro tipo de células. Eso es importante porque permite dirigir la terapia, y es clave para, si se llega a probar en humanos, evitar efectos secundarios.

Para verificar que esta idea funciona, los investigadores trataron ratones con dos tipos de cáncer de timo (un pequeño órgano que se encuentra en el pecho y produce, en los primeros momentos del desarrollo, células inmunitarias) con varias combinaciones: a unos les dieron los nuevospepticuerpos; a otros les dieron otras sustancias que hicieron de control. Lo primero que vieron es que el grupo tratado con las nuevas moléculas reducía su cantidad de MDSC, lo que era señal de que la idea funcionaba. “Es la primera demostración de que podemos crear anticuerpos para esas células. Es una diana radicalmente novedosa para la inmunoterapia”, ha dicho Kwak.

El investigador cree que, a partir de ahora, puede volver a la idea inicial de provocar una respuesta inmunitaria (que generalmente se llama vacuna, aunque no funciona como las que conocemos para muchas enfermedades infecciosas) para estimular la respuesta inmunológica contra las células cancerosas. Esto, hasta ahora, no había funcionado. “La clave para llevar las vacunas del cáncer a otro nivel es combinarlas con inmunoterapias destinadas al microentorno del tumor”, expone Kwak.

Pero esto no es suficiente. El verdadero objetivo de los investigadores no son las células que hacen de escudo, sino verificar que, una vez eliminado este, los tumores disminuían. Y esto también lo comprobaron: trataron a los ratones con los pepticuerpos diariamente durante dos semanas, y, al final, los cánceres se habían reducido a la mitad.

Las noticias son esperanzadoras, pero incompletas. Por ejemplo, los propios autores del trabajo indican que no saben exactamente cómo actúan las MDSC en su papel de protector de las células tumorales. Sin embargo, los investigadores ya están trabajando para extender sus hallazgos de ratones a humanos.

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Fotones contra el cáncer

El Icfo y el Clínic aplican la física más avanzada en la lucha contra los tumores

Pere Gascon, Romain Quidant y Àngels Sierra muestran un chip para diagnóstico de cáncer. Gascon y Sierra son médicos del hospital Clínic y Quidant es físico del Institut de Ciències Fotòniques Alina Hirschmann / ICFO

Es la medicina de la luz. Consiste en utilizar las asombrosas propiedades de los fotones, las partículas de la luz, para diagnosticar y tratar enfermedades. El hospital Clínic y el Institut de Ciències Fotòniques (Icfo) la han empezado a aplicar al cáncer de mama. Más adelante, está previsto extenderla al cáncer de próstata y de hígado. También el instituto de investigación del sida IrsiCaixa ha iniciado una colaboración con el Icfo para aplicarla a la lucha contra el VIH.

“Es la bomba”, exclama admirado Pere Gascón, jefe del servicio de oncología médica del hospital Clínic. La tecnología que han desarrollado el físico Romain Quidant y su equipo en el Icfo para detectar proteínas en la sangre “es mucho más sensible que los tests que utilizamos actualmente”, destaca Gascón. Además, ofrece resultados en menos de una hora y es barata.

Primer objetivo: cáncer de mama. La investigadora Àngels Sierra, del instituto Idibaps del Clínic, lleva dos años colaborando con el Icfo para crear un dispositivo capaz de detectar la proteína GRP94. Esta proteína indica si una paciente con cáncer de mama tiene una alta probabilidad de sufrir una metástasis en el cerebro. Poder detectarla cuando su concentración aún es muy baja “permitirá ajustar el tratamiento según la evolución que va a tener cada paciente”, destaca Sierra.

Además, añade la investigadora, la técnica tiene la ventaja de que bastan los análisis de sangre rutinarios que se hacen en el seguimiento de las pacientes para tener resultados. Por lo tanto, no supone ninguna incomodidad ni ningún riesgo para las afectadas, y no tiene por qué suponer un gran coste para la sanidad -aunque la técnica es experimental y su precio aún no se ha fijado-.

Pere Gascón, por su parte, prevé aplicar la técnica para detectar una proteína característica del cáncer de próstata (llamada PSA) y otra del cáncer de hígado (la alfa-fetoproteína).

El objetivo a medio plazo es analizar de manera simultánea una decena de proteínas que aporten información sobre un cáncer concreto, explica el inventor de la técnica, Romain Quidant. Con ello se podrá ver, por ejemplo, si un paciente responde de manera adecuada a un tratamiento. Pero “estamos al principio y aún analizamos las proteínas de una en una”, explica Quidant.

Aún en el campo del cáncer, Quidant investiga una manera de utilizar la fotónica para destruir células tumorales. La estrategia consiste en unir nanopartículas de oro con anticuerpos capaces de acoplarse a células tumorales. Estas nanopartículas son sensibles a la luz y se calientan a altas temperaturas cuando absorben luz de determinadas longitudes de onda. De este modo, es posible destruir las células tumorales por hipertermia cuando las nanopartículas se unen a ellas. La estrategia ya se está ensayando en ratones en una investigación realizada con Àngels Sierra en el instituto Idibaps.

Más adelante, Quidant y sus colaboradores tienen previsto equipar las nanopartículas de oro con fármacos antitumorales, además de anticuerpos. Si funciona como espera, los anticuerpos guiarán las nanopartículas hasta las células cancerosas. Una vez allí, se les aplicará una luz desde el exterior del cuerpo, de modo que se liberarán los fármacos directamente en el tumor. Esto debería permitir aumentar la dosis de fármaco que llega al tumor al tiempo que se reducen los efectos secundarios en el resto del cuerpo. “Esperamos ayudar a mejorar la eficacia de los tratamientos”, explica Quidant.

Más allá del cáncer, la nueva técnica de diagnóstico en la sangre puede ser útil también contra el sida, señala Roger Paredes, investigador del instituto IrsiCaixa que colabora con el Icfo. “Nuestro objetivo es conseguir un método para medir la carga viral que sea rápido, sencillo y barato”, explica Paredes. En el momento actual, la técnica para medir la cantidad de virus en la sangre es demasiado compleja y costosa para repetirse con frecuencia en los países ricos y para utilizarse en los países pobres.

El resultado es que muchos pacientes siguen tomando fármacos después de que el virus se haya vuelto resistente a ellos. La técnica que ha desarrollado Quidant en el Icfo abre la vía a que medir la carga viral sea tan sencillo para un portador del VIH como medir la glucemia para una persona diabética, destaca Paredes.

La nueva técnica, fruto de cinco años de investigación, se ha presentado en la revista científica Nano Letters. Una limitación que tiene por ahora es que sólo puede detectar aquellas proteínas para las que está disponible un anticuerpo. Por lo tanto, aún no puede detectar cualquier proteína de cualquier célula tumoral. Pero sus posibles aplicaciones se ampliarán previsiblemente en el futuro a medida que se identifiquen más anticuerpos útiles para el diagnóstico. “Pronto podremos detectar también material genético, además de proteínas”, explica Quidant.

Como ocurre con toda nueva tecnología, es demasiado pronto para saber si acabará utilizándose a gran escala o no. Pero la coincidencia en el área de Barcelona de centros de investigación biomédica y de un instituto de fotónica de primer nivel crean un entorno propicio para ponerla a punto. El Icfo dispone además de una unidad profesional de transferencia de tecnología para que los resultados de sus investigaciones se conviertan en productos socialmente útiles y económicamente rentables. A ello se añade la financiación aportada por la Fundació Cellex para desarrollar aplicaciones biomédicas a partir de la fotónica. “Esto no hubiera sido posible sin Cellex”, reconoce Lluís Torner, director del Icfo.

Fotones contra el cáncer.

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El exceso de tratamiento para combatir el cáncer no es beneficioso

Expertos de EE UU alertan, de nuevo, que “miles de mujeres con cáncer de mama están siendo sometidas a terapias innecesarias”

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Los expertos han vuelto a alertar que existe un sobretratamiento a miles de mujeres que padecen cáncer de mama. “Hay terapias que se prescriben que son innecesarias y que no afectan en casi nada a la supervivencia de las pacientes”, aseguraron varios investigadores ayer miércoles durante el Congreso sobre Cáncer de Mama que se está celebrando estos días en San Antonio (Texas), informa AP.

La mayoría de los cánceres de mama se diagnostican en las primeras fases de la enfermedad, y muchas mujeres son tratadas con cirugía seguida de terapia de hormonas o quimioterapia, además de que en muchos casos también con radioterapia. Esta es la segunda vez en menos de dos meses que los expertos estadounidenses alertan de que algunos tratamientos del cáncer se han demostrado no ser beneficiosos para combatir la enfermedad.

“La idea es que cada vez se use menos terapia en ciertos de tipos de cáncer”, aseguró C. Kent Osborne, médico de la Universidad de Medicina de Baylor, durante su ponencia. “El sobretratamiento es un gran problema para tratar el cáncer”, explicaron los expertos. “Es cierto que las terapias ayudan a muchas mujeres a superar la enfermedad, pero someterlas a demasiadas, que no son necesarias, está suponiendo un alto coste, experiencias traumáticas y efectos secundarios de por vida”, añadieron.

Según los investigadores, la calidad de vida de la enferma puede verse mermada con la aparición de síntomas como la inflamación del bazo o problemas cardíacos permanentes. “La radioterapia, además, puede elevar el riesgo de padecer algún otro tipo de tumor maligno”, agregaron.

Entre los resultados presentados en el congreso se mostraron varios estudios que concluyeron que era conveniente “no usar radioterapia en los primeros estadios de la enfermedad”; que “la cirugía puede ser innecesaria cuando hay metástasis”, y que “el uso de quimioterapia menos agresiva podría convertirse en el tratamiento estándar del cáncer de mama”.

Los expertos expusieron que cuando el cáncer de mama ya está muy extendido, que suele ocurrir entre el 5% y el 20% de los casos recién diagnosticados, “normalmente, es incurable”. “En estos casos lo recomendado es la quimioterapia o terapia hormonal que ataque al cáncer en todo el cuerpo. Sin embargo son muchos los especialistas que optan por la intervención quirúrgica con la esperanza de eliminar el tumor pero sin pruebas suficientes que la justifiquen”, añadieron

El pasado mes de octubre, la Sociedad de Oncología Americana (ASCO, por sus siglas en inglés) publicó la lista de las cinco terapias y pruebas del cáncer cuyo uso no es beneficioso o no está justificado en algunos casos. Los expertos aseguraron entonces que “cómo médicos tenemos la responsabilidad de dar al paciente el mejor cuidado del cáncer posible. Esto significa que debemos ser responsables y eliminar de estas opciones pruebas que superan en riesgo a los beneficios, y asegurarnos que la elección que hemos tomado es la que refleja la mejor evidencia”.

La lista ASCO incluía no “recetar un medicamento contra las náuseas y los vómitos a los enfermos que se están sometiendo a una quimioterapia y que no tiene estos efectos secundarios”; no usar tratamientos combinados a no ser que el “enfermo necesite un alivio urgente de sus síntomas”; no utilizar pruebas de tecnología avanzada -como los escáneres, entre otras- para vigilar una posible recidiva en los pacientes que han sido tratados con anterioridad o en aquellos que no presentan ningún síntoma de cáncer; no abusar del PSA (análisis del antígeno prostático específico), prueba para detectar el cáncer de próstata y muy polémico en el país debido a la gran cantidad de falsos negativos que arroja, y “no usar terapias dirigidas contra un defecto genético específico, a menos que las células tumorales de un paciente contengan un biomarcador que pueda responder positivamente a la terapia”.

El coste del tratamiento del cáncer de EE UU, a pesar de ser un pequeño porcentaje del presupuesto total dirigido a la salud en el país, se estima que crecerá en los próximos años, pasando de 125.000 millones de dólares en 2011 a 158.000 millones de dólares en 2020. “Nuestra creencia es que los médicos y los pacientes deben participar en un programa que sea sostenible entre los beneficios y las evidencias para que la terapia sea la más eficaz”, concluyeron los autores de la lista.

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Convierten células madre humanas en células pulmonares funcionales

Los hallazgos tienen relevancia para la enfermedad pulmonar, la detección de fármacos, y, en última instancia, para generar tejido pulmonar para trasplantes

FOTOLIA
Muchas patologías pulmonares se beneficiarán de esta adelanto científico

Investigadores del Centro Médico de la Universidad de Columbia (CUMC), en EE.UU., han logrado transformar células madre humanas en células de pulmón y vías respiratorias funcionales. El avance, publicado en Nature Biotechnology, tiene una gran relevancia especialmente para la enfermedad pulmonar, la detección de fármacos, estudiar el desarrollo del pulmón humano y, en última instancia, generar tejido pulmonar para trasplante.

Para el coordinador del estudio, Hans-Willem Snoeck, este «relativo éxito» en la transformación de las células madre humanas en células del corazón, beta del páncreas, intestinales, del hígado y nerviosas, abre todo tipo de posibilidades para la medicina regenerativa. «Ahora, somos por fin capaces de fabricar células pulmonares y de las vías respiratorias», afirma. En su opinión este logro es especialmente «relevante» en este caso debido a que los trasplantes de pulmón tienen un pronóstico particularmente malo.

A pesar de que todavía pasarán algunos muchos años para cualquier aplicación clínica de este logro, el investigador entiende que se puede empezar a pensar en hacer trasplantes pulmonares autólogos, es decir, trasplantes que utilizan las propias células de la piel de un paciente para generar tejido pulmonar funcional.

Alternativa a células madre

La investigación se basa en el descubrimiento del propio Snoeck en 2011 de un conjunto de factores químicos que pueden convertir células embrionarias o células madre pluripotentes inducidas (iPS) humanas en células del endodermo del intestino anterior, precursor de las células del pulmón y las vías respiratorias. Las células iPS humanas se parecen mucho a las células madre embrionarias humanas pero se generan a partir de células de la piel, persuadiéndolas para ralentizar su desarrollo. Las células iPS humanas pueden ser estimuladas para diferenciarse en células especializadas, ofreciendo a los investigadores una alternativa a las células madre embrionarias humanas.

En este trabajo, Snoeck y su equipo encontraron nuevos factores que pueden completar la transformación de las células embrionarias humanas o células iPS en células epiteliales de pulmón funcionales (células que cubren la superficie del pulmón). El equipo vio que las células resultantes expresan marcadores de al menos seis tipos de células epiteliales de pulmón y de las vías respiratorias, en particular los marcadores de las células epiteliales alveolares de tipo 2. Las células de tipo 2 son importantes porque producen surfactante, una sustancia fundamental para mantener los alveolos pulmonares, donde se produce el intercambio gaseoso, y que también participan en la reparación del pulmón después de lesiones y daños.

Los resultados tienen implicaciones para el estudio de diversas enfermedades pulmonares, como la fibrosis pulmonar idiopática, en las que se piensa que las células tipo 2 del epitelio alveolar juegan un papel central. «Nadie sabe qué causa la enfermedad y no hay manera de tratarla. Gracias a esta tecnología los investigadores serán capaces de crear modelos de laboratorio de fibrosis pulmonar idiopática para estudiar la patología a nivel molecular y hallar dianas para posibles tratamientos o curas», resalta Snoeck.

Injerto autólogo

Este experto adelanta que, a largo plazo, se podría utilizar esta tecnología para hacer un injerto autólogo de pulmón. «Esto implicaría tener un pulmón de un donante del que eliminar todas las células del pulmón y dejar sólo su andamio y sembrar el andamio con nuevas células de pulmón derivadas del paciente, pudiendo evitarse así problemas de rechazo», señala Snoeck, que está investigando este enfoque en colaboración con científicos del Departamento de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Columbia. «Estoy muy emocionado con esta colaboración con Hans Snoeck para integrar la ciencia de células madre con la bioingeniería en la búsqueda de nuevos tratamientos para la enfermedad de pulmón», dice Gordana Vunjak-Novakovic, coautora del artículo y profesora de la Fundación Mikati de Ingeniería Biomédica en la Escuela de Ingeniería de Columbia.

Convierten células madre humanas en células pulmonares funcionales – ABC.es.

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Exigen la retirada del estudio que vinculaba transgénicos con tumores

El director de la revista que lo publicó en 2012 amenaza con retirarlo si no lo hace el autor

El artículo apuntaba a que ratas alimentadas con maíz transgénico padecían cáncer

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Ratas alimentadas con maíz transgénico que desarrollaban en una proporción alarmante unos tumores del tamaño de una pelota de ping-pong. El estudio que el año pasado publicó la revista Food and Chemical Toxicology parecía mostrar el vínculo entre los alimentos modificados genéticamente y el cáncer. De hecho, se trataba, aparentemente, de la primera prueba científica de esta relación. El artículo, firmado por el biólogo molecular Gilles-Eric Séralini, fue recibido con escepticismo por la comunidad científica desde el primer día. Ahora, un año después, el director de la revista ha hecho pública una carta dirigida a Séralini en la que le pide que se retracte del artículo. Si no lo hace, le dice, será la publicación la que lo retire.

El editor jefe de la revista, A. Wallace Hayes, explica que un comité de expertos lleva meses revisando los datos proporcionados por los investigadores después de haber recibido cartas al editor posteriores a la publicación del artículo. “El comité expresó muchas dudas sobre la calidad de los datos y finalmente recomendó la retirada del artículo. He intentado contactar con usted para hablar de las razones de esta recomendación. Si no está de acuerdo con retractarse del artículo, este será retirado”, le dice a Séralini.

El equipo de la Universidad de Caen, liderado por Séralini, investigó durante dos años a 200 ratas de laboratorio a las que dividió en tres grupos: las que alimentaron con el maíz transgénico NK603 (producido por Monsanto) en distintas proporciones (11%, 22% y 33% de su dieta); aquellas a las que además le suministraron Roundup, el herbicida al que la modificación genética las hace resistentes; y los roedores que crecieron tan solo con maíz no transgénico. Resultó que, pasados 17 meses desde el comienzo del estudio, habían muerto cinco veces más animales masculinos alimentados con el maíz modificado genéticamente.

“Por primera vez en el mundo, se ha evaluado un transgénico y un pesticida por su impacto en la salud de una forma más amplia que la realizada hasta ahora por los Gobiernos y la industria. Los resultados son alarmantes”, declaró entonces Séralini. Pero otros científicos enseguida pusieron en tela de juicio dos cuestiones: el reducido número de animales estudiados y la elección de un tipo de rata, llamado Dawley, que es muy sensible a las mutaciones y a los tumores.

El director de la revista manifiesta en la carta abierta que, en caso de que el autor no esté de acuerdo en retractarse del artículo, y lo tenga que retirar la propia publicación, la decisión irá acompañada de un texto explicativo. En él Wallace Hayes afirma que ya durante la revisión inicial hubo objeciones por el bajo número de animales estudiados. Los revisores decidieron que el trabajo era válido pese a esa limitación. “Un análisis en profundidad”, señala el texto, ha mostrado posteriormente que no se pueden sacar conclusiones definitivas con un número tan limitado de ratas. Además, debido a “la gran incidencia de tumores en las ratas Sprague-Dawley”, no se puede afirmar que la mortalidad no sea casual.

La revista médica The Lancet decidió en 2010 retirar de sus archivos un estudio sobre la vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y paperas) que la asociaba con el autismo. Más de una década después de publicar el polémico artículo, que se convirtió en argumento fundamental fundamental para la corriente antivacunas, la revista decidió retractarse de él después de que el Colegio General Médico Británico acusase a su autor, el médico británico Andrew Wakefield, de actuar “de forma deshonesta e irresponsable”. The Lancet, además, pidió disculpas por haberlo publicado.

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Una nueva teoría sobre el origen del cáncer

Células tumorales

Durante más de cien años, los investigadores no han podido explicar por qué las células cancerosas contienen un número anormal de cromosomas, un fenómeno conocido como aneuploidía, creyendo que era simplemente un subproducto aleatorio del cáncer. Ahora, un equipo de la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos, propone que la aneuploidía es un conductor del cáncer más que un resultado de la patología.

Este equipo ha ideado una manera de entender los patrones de aneuploidía en los tumores y predecir qué genes en los cromosomas afectados es probable que sean supresores o promotores del cáncer. La investigación, que se publica en Cell, ofrece una nueva teoría del desarrollo del cáncer y podría abrir la puerta a nuevas dianas terapéuticas.

«Si nos fijamos en una célula cancerosa, se ve como un lío de mil demonios con deleciones de genes y amplificaciones, ganancias y pérdidas cromosómicas, como si alguien arrojara un cartucho de dinamita en la célula. Parece el azar, pero en realidad el trabajo previo ha demostrado que existe un patrón para que los cromosomas y los brazos cromosómicos se alteren, y eso significa que podemos entender el patrón y si se maneja el cáncer» , dijo el autor principal, Stephen Elledge. «Hemos propuesto una nueva teoría sobre cómo funciona esto y luego lo hemos probado mediante análisis matemático», dijo.

Genes anómalos

Durante décadas, desde la «revolución oncogén», la investigación del cáncer se ha centrado en las mutaciones, es decir, los cambios en el código del ADN que activan genes anormales que promueven el cáncer, llamados oncogenes, o desactivan los genes supresores del cáncer. El papel de la aneuploidía en el que se añaden o eliminan los cromosomas enteros o brazos cromosómicos ha permanecido en gran medida sin estudiar.

Elledge y su equipo, incluyendo la investigadora y primera autora Teresa Davoli, sospecha que laaneuploidía tiene un papel importante que desempeñar en el cáncer porque los cromosomas faltantes o adicionales probablemente afectan a genes implicados en los procesos relacionados con el tumor, como la división celular y reparación del ADN.

Para probar su hipótesis, los investigadores desarrollaron un programa de computadora explorador llamado TUSON (supresores de tumores y oncogenes) junto con Xu Wei y Peter Park, del Hospital Brigham de Mujeres. El programa analizó los datos de secuencia del genoma de más de 8.200 pares de muestras de tejido canceroso y normal en tres bases de datos preexistentes.

De esta forma, generaron una lista de presuntos oncogenes y genes supresores de tumores en función de sus patrones de mutación y encontraron muchos más potenciales conductores de cáncer de lo previsto. Luego se clasificó a los sospechosos en función de lo poderoso que pudiera ser su efecto de supresión o duplicación en el desarrollo del cáncer.

Genes supresores

A continuación, el equipo observó que los sospechosos normalmente aparecen en los cromosomas. Así, hallaron que el número de genes u oncogenes supresores de tumores en un cromosoma se correlaciona con la frecuencia con la que se elimina o duplica todo el cromosoma o parte del cromosoma en los cánceres. Cuando el equipo analizó el factor de potencia de los genes, las correlaciones se hicieron aún más fuerte.

«La aneuploidía dirige al cáncer, no es simplemente una consecuencia de ello», sentenció Elledge. «Otras cosas también son importantes, como las mutaciones genéticas, las reorganizaciones y los cambios en la expresión», añadió este experto, quien planea con Davoli reunir evidencia experimental para apoyar sus resultados matemáticos, lo que incluye validar algunos de los nuevos supresores de tumor y oncogenes, así como hacer algunas supresiones y amplificaciones y ver si tienen las propiedades que piensan que poseen.

Una nueva teoría sobre el origen del cáncer – Noticias de Salud | abc.es.

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