Opinión

¿Quién es capaz de poner nota a la ciencia?

 4 JUL 201 Periódico EL PAÍS

  •  Los Gobiernos y muchas empresas recurren a la revisión por pares para decidir qué investigación financian
  • Aunque puede haber conflictos de interés, los expertos coinciden en que es el mejor sistema

Solo los propios científicos pueden determinar con rigor qué investigación científica es relevante, de alto nivel y merecedora de recibir financiación. Tan alto es el conocimiento que hay que tener para valorar un proyecto de investigación, tan especializada es ya la ciencia, que solo los propios expertos están capacitados para ponerle nota. No valen ni sabios universales (que no los hay), ni ministros, ni instituciones aisladas. En esto están de acuerdo los expertos y todos los países que tienen —o aspiran a tener— un sistema de I+D desarrollado, y que hacen recaer el peso de la selección de la investigación sobre un sistema de evaluación dentro de la propia comunidad científica, con matices y variaciones aquí o allá, pero siempre con lo que se denomina revisión por pares, o peer review —en inglés, que es el idioma de la ciencia—. Y es que si uno trabaja en la frontera del conocimiento, solo quien también esté en esa avanzadilla puede entender y valorar el interés de lo que se investiga, si se está haciendo bien y si realmente es algo nuevo y desconocido. Por supuesto, toda persona puede emprender la búsqueda, pero si pretende que se la financien, tendrá que pasar algún tipo de evaluación que determine que merece la pena.

El Plan Nacional de I+D+i asignó el año pasado 309 millones a 3.100 propuestas

“Nadie puede garantizar la perfección al 100%, pero el sistema de peer review es bueno y no se aprecia ninguna deficiencia obvia”, señala Francisco del Águila, catedrático de la Universidad de Granada y gestor del Programa de Física de Partículas y Aceleradores del Plan Nacional de I+D. Parece que el sistema de evaluación de la ciencia es un poco como el Estado de derecho, que no es perfecto, que precisa siempre atención para mantenerlo saludable y para superar sus tensiones intrínsecas, pero no se conoce un sistema alternativo mejor.

“No hay, probablemente, una actividad que sea tan frecuentemente evaluada como la científica”, señala Pere Puigdomenech, investigador del CSIC y experto en biología de plantas. “La revisión entre pares es un proceso de separación del polvo de la paja y de asignar recursos financieros escasos a los proyectos científicos que lo merecen”, añade Luis Sanz, investigador del CSIC y director del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (IPP).

Más formalmente lo explica la OCDE: “La revisión por pares es una evaluación técnica que, tradicionalmente, desempeña un papel central en la investigación científica y forma parte de los procedimientos de decisión para la asignación de recursos y la formulación estratégica de programas. Lo utilizan todos los actores de la investigación, incluyendo los Gobiernos y las empresas”.

Las directrices de política científica también inciden en la selección

Algunos ejemplos: el Consejo Europeo de Investigación (ERC) recibe cada año unas 10.000 propuestas de otros tantos investigadores de todo el mundo para recibir financiación en sus tres programas dedicados a ciencia en la frontera del conocimiento. Al final recibe luz verde —y dinero— solo un 10% de los investigadores que lo solicitan. El proceso de selección (revisión por pares) dura varios meses, es complejo y se gasta en él aproximadamente el 0,6% del total del dinero invertido en financiar las investigaciones aprobadas. “Pero el mayor desperdicio o despilfarro sería invertir el dinero en proyectos subóptimos o de segundo nivel, eso sí que sería tirar el dinero del contribuyente”, comenta, desde Bruselas, Alejandro Martin Hobdey, jefe de coordinación de convocatorias del ERC.

¿Quién puede determinar si es interesante y factible ahondar en un determinado análisis de genómica, o la viabilidad de un experimento para conocer las características de una partícula elemental, o la técnica más adecuada para buscar planetas extrasolares sino los genetistas, físicos o astrónomos especialistas en esas cuestiones concretas? “Cuando se quiere elegir, por ejemplo, entre distintas ofertas para construir una vía de tren entre dos ciudades”, argumenta Martin Hobdey. “La Administración misma puede definir muy claramente el problema a resolver, con un sinfín de detalles como el trayecto que debe seguir la vía, la pendiente máxima, la curvatura máxima, las estaciones, etcétera”. Pero en ciencia, “puede haber solo unas pocas personas en el mundo capaces de juzgar un problema científico o si el problema está bien formulado”.

Resulta más costoso apostar por proyectos mediocres que pagar por inspeccionarlos

En España, desde el primer Plan Nacional de I+D, de 1986, los proyectos que tienen financiación del Estado —o de comunidades autónomas— pasan por un sistema de evaluación por pares, que también se aplica, por ejemplo, a los candidatos de contratos Ramón y Cajal y Juan de la Cierva. “Evaluamos cada año unos 25.000 expedientes, entre contratos y proyectos, y participan en los procesos unos 33.000 evaluadores”, explica Julio Bravo, director de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP). La suma total del dinero distribuido entre los 3.100 proyectos del Plan Nacional de I+D+i seleccionados en 2012 fue de 309 millones de euros y el coste de la evaluación, señala Bravo, fue el 0,5% de esa cantidad. “El sistema de evaluación ha permitido 30 años de financiación rigurosa de la ciencia”, señala Jacobo Santamaría, catedrático de la Universidad Complutense y gestor del área de materiales. “Antes el mecanismo no estaba estructurado y era un poco… un desbarajuste”.

36.000 científicos participan en las revisiones de la NSF estadounidense

La Fundación Nacional de la Ciencia (NSF, una de las dos grandes agencias federales estadounidenses de financiación de la investigación fundamental, junto con los institutos nacionales de salud) evalúa cada año 48.600 propuestas de investigación “y unos 36.000 científicos están involucrados en el proceso, siempre basada en el sistema de peer review”, explica Dana Topousis desde la sede de la NSF en Arlington (Virginia). En cuanto al coste, el presupuesto anual total de la NSF es de 5.350 millones de euros, de los que se gasta el 6% en gestión, operación y evaluación. “Absolutamente todas las solicitudes se someten al proceso de peer review con dos criterios: mérito intelectual e impacto”, añade.

“La revisión por pares facilita la estabilidad necesaria en ciencia y representa la tensión esencial entre la tradición y la innovación porque desafía a las ideas novedosas para que sean nuevas de verdad, insistiendo en la conexión con la tradición, con el conocimiento científico establecido”, apunta Sanz. Con variaciones en la forma de organizar la evaluación por pares, cuyo origen se remonta al siglo XVIII en la Royal Society británica, en todos los países desarrollados se recurre a ella a la hora de distribuir con eficacia la financiación de la I+D en las Administraciones públicas y, cada vez más, en entidades privadas.

El sistema nació en el siglo XVIII y aún se usa con algunas variaciones

Bravo explica el proceso que sigue la ANEP con los proyectos del Plan Nacional de I+D+i. Más de 7.000 investigadores presentan su solicitud cada año (los proyectos son trienales) y, tras verificar la documentación, se envían a los coordinadores de área (hay 26) “que son siempre del máximo prestigio”, recalca. Los coordinadores forman los paneles necesarios. Cada solicitud de proyecto se remite a dos científicos especialistas del tema para que hagan una evaluación individual (teniendo en cuenta las incompatibilidades en todo el proceso) y, si las notas de los dos discrepan en más de un 30%, se envía a un tercero o a un cuarto. Los criterios son: calidad del proyecto, planteamiento adecuado, novedad, capacidad del investigador principal para realizarlo, calidad del grupo y viabilidad.

Todos los evaluadores son voluntarios y asumen la responsabilidad por considerar que es una de sus obligaciones como investigadores (reciben unos 100 euros de remuneración por evaluación, que puede exigir horas de trabajo). Luego, el panel conjunto, con las evaluaciones individuales, confecciona una lista calificando cada proyecto. El Ministerio de Economía y Competitividad, por su parte, sigue su evaluación, sobre oportunidad e interés de cada propuesta y, al final, se integran las dos patas del proceso general para dar una valoración a cada solicitud y confeccionar la lista que permita seleccionar y asignar la financiación a los buenos. El proceso de evaluación dura, como mínimo, tres meses y las mayores dudas no se plantean entre los muy buenos o los malos, sino en las zonas grises, los intermedios. Al final es una decisión de política científica, sobre todo, cuando hay escasez de fondos, si se financia plenamente a los mejores o se reparten un poco el dinero para alcanzar a científicos que no están en cabeza.

“El sistema español quizás es demasiado garantista, tal vez porque es joven aún, en comparación con otros países, donde es más fluido”, apunta Del Águila. “El sistema de peer review permite seleccionar la ciencia de alta calidad, pero hay que tener en cuenta también que hay un criterio previo, de oportunidad, la política científica, que puede orientar la selección”. Y cuanto más se compartimenta la ciencia para plasmar decisiones de política científica, más se desvirtúan los resultados del peer review: si se asignan a priori recursos a objetivos diferenciados, es normal que en uno especialmente potente se queden fuera científicos o propuestas de muy alto nivel, mientras que en otro se rellene el cupo con algo de mediocridad.

Los voluntarios que evalúan los trabajos reciben unos 100 euros por caso

En el ERC el enfoque es puramente de abajo arriba, es decir, “son los científicos los que definen el problema concreto que quieren investigar y las posibles vías o soluciones que quieren encontrar”, apunta Martin Hobdey. De vez en cuando la evaluación comete errores graves rechazando investigaciones que resultan ser muy importantes, pero antes o después el sistema acaba reparándolos en otra convocatoria.

El peer review tiene sus defectos, recuerda Puigdomenech, “el mayor de los cuales es el conflicto de intereses, porque el evaluador puede tener interés en el proyecto que evalúa, o amistad con el investigador, o todo lo contrario. La solución está en la transparencia del proceso, en utilizar el mayor número posible de evaluadores y en la mayor lejanía geográfica posible de estos respecto a quienes presentan los proyectos”. Aboga por la participación de científicos extranjeros en todo el proceso, lo que exige recursos. “Acaba siendo más caro financiar proyectos mediocres o contratar a gente poco calificada que pagar el avión a un investigador extranjero”, apunta Puigdomenech. En el sistema de la ANEP son extranjeros el 9% de los evaluadores, y hay áreas, como física de partículas, que siempre cuenta con expertos de otros países.

En Cataluña lo tienen muy claro con la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) que selecciona científicos de muy alto nivel. Para el proceso de evaluación se eligen “personas de reconocido prestigio académico y obligatoriamente tienen que estar trabajando fuera de Cataluña (con una proporción importante de extranjeros)”, señala Jaume Bertran Petit, director de ICREA. “Los criterios son de excelencia investigadora y proyección del candidato”. La institución recibe cada año unas 200 solicitudes y se hacen unos 15 contratos. “¿Que si es cara la evaluación? El total de los sueldos de los contratados (235) ascendió, en 2012, a 20 millones de euros, pero esos investigadores captaron 60 millones en proyectos competitivos”, zanja Bertran Petit.

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El ejemplo sueco, desde los 11 años

por Maria H. Sauquillo, 13 JUN 2013, Madrid.

  • La educación sexual es una asignatura obligatoria en los colegios desde 1955. En los institutos también hay programas especializados

La educación sexual es una asignatura obligatoria en los colegios suecos desde 1955. El inicio en la materia depende de la escuela, aunque se suele incluir en el currículo educativo a partir del quinto curso (a los 11 años) y se trata hasta que los alumnos pasan al instituto, donde también hay programas especializados. “Es un tema interdisciplinario y muchas escuelas forman un equipo a veces compuesto por profesores y una enfermera de la escuela o un consejero. A veces los alumnos forman parte de ese equipo o, al menos, participan en la planificación”, explica Hans Olsson, consejero jefe de la Asociación Sueca para la Educación Sexual (RFSU), la mayor organización sobre esta materia, que prepara programas y organiza cursos de formación y programas especializados.

Las autoras del estudio de la Universidad de Middlesex sobre pornografía y educación sexual, Miranda Horvath y Afroditi Pina, señalan dos países por sus buenas políticas en la materia: Suecia y Dinamarca. En este último, las clases sobre el tema no son lecciones de anatomía. Se trata la pubertad, el desarrollo del cuerpo, el amor, la imagen de uno mismo, la primera vez, la masturbación, los métodos anticonceptivos, género, orientación sexual, salud, VIH, aborto… Aunque depende de la edad. A los 11 años se analiza sobre todo el desarrollo del cuerpo y la masturbación; a los 14 muchas escuelas se centran en las funciones corporales, las enfermedades de transmisión sexual y otros temas de análisis. “Muchos temas se repiten porque los pensamientos y las preguntas cambian a medida que los alumnos crecen y ganan experiencia”, apunta Olsson.

Los alumnos tienen charlas de grupo, hacen juegos sobre valores y pueden visitar alguna clínica para jóvenes. Además, en muchas escuelas, cuando se explican los distintos métodos anticonceptivos, se reparten preservativos. “La posibilidad de discutir, reflexionar y trabajar sobre las actitudes, normas y valores en relación, por ejemplo, con el uso de condones, el sexo, hostigamientos y expresar el amor es importante”, explica Olsson.

La diputada conservadora Ulrika Karlsson incide en que la materia, que nada tiene que ver con la ideología política, se incluye no solo en los currículos educativos de las escuelas; también en los objetivos de salud del país. “Los adolescentes quieren saber más sobre sexo y es importante que sepan más. Tienen que saber cómo protegerse a sí mismos y a sus parejas y deben tener conocimiento de lo que está bien para ellos y lo que no; son los únicos que pueden decidir sobre sus cuerpos y eso deben conocerlo”, apunta la parlamentaria.

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¿Quién teme a la clonación?

por Jesús Mosterín,  filósofo y profesor de Investigación del CSIC 

El embriólogo Ian Wilmut extrajo el núcleo de una célula mamaria de una oveja adulta y lo introdujo en el óvulo enucleado de otra oveja, obteniendo así por fecundación in vitro un embrión que implantó en una tercera oveja, que en julio de 1996 parió a Dolly, clon o copia genética de la primera. Con esto aprendimos que el material genético de las células diferenciadas adultas puede revertir a la totipotencia indiferenciada que había tenido en su estadio embrionario.

Cuando el Instituto Roslin (en Escocia) anunció el nacimiento de Dolly, todo tipo de agoreros se rasgaron las vestiduras ante los supuestos peligros que la clonación traería consigo. Incluso el presidente Clinton propuso prohibir la investigación en clonación humana, aunque el Congreso no le hizo caso, pues la mayoría de los expertos testificaron en contra. La técnica desarrollada por Wilmut es muy ineficiente. Tuvo que hacer 277 intentos para conseguir que uno le saliese bien. De todos modos, esta técnica se perfeccionará con el tiempo; ya se ha aplicado a ratas, perros y caballos.

Ahora, en la Universidad de Ciencia y Salud de Oregón acaban de usar la técnica creada por Wilmut para obtener células madre humanas, como paso hacia la producción de tejidos clonados. A partir de las células de la piel de un bebé enfermo han producido embriones genéticamente idénticos al bebé, a fin de sacar de ellos las células madre con las que tratarlo. No implantaron los embriones en madres de alquiler, pues su objetivo no era la clonación reproductiva, sino solo la terapéutica.

La reproducción por clonación no es noticia: la vienen practicando las bacterias desde hace miles de millones de años. La usan los silvicultores para obtener arbolitos por esqueje. Ocurre espontáneamente entre nosotros cada vez que una pareja tiene gemelos monozigóticos. Esos gemelos son más idénticos entre sí de lo que serían los humanos artificialmente clonados, pues a su mismo genoma añaden la misma edad y una más semejante circunstancia. Entre los mamíferos, los campeones de clonación son los armadillos, que siempre paren camadas de cuatro a doce gemelos monozigóticos.

La reproducción sexual es mucho más reciente, compleja y engorrosa que la asexual (la clonación). Si solo se tratara de reproducirse, la naturaleza no se habría embarcado en algo tan extravagante. Pero el sexo, antes que mecanismo reproductor, es un generador de diversidad, un barajador aleatorio de genes mediante la recombinación sexual, que da lugar a genomas siempre inéditos. La clonación, por el contrario, produce fotocopias genéticas de sus progenitores. La selección natural actúa sobre la variabilidad genética previamente dada. Si nos reprodujésemos exclusivamente por clonación, esa variabilidad sería mucho menor, lo que frenaría la evolución biológica y nuestra adaptación potencial a cambios imprevistos del entorno. Esto sería un peligro si la clonación reemplazase por completo a la reproducción sexual, cosa totalmente improbable, dado que la segunda es mucho más segura, barata y divertida que la primera.

Uno de los espantajos aducidos es la posibilidad de que en el futuro a alguien se le ocurra crear un clon de sí mismo como cantera de órganos de trasplante sin rechazo. Pero el trasplante tardaría muchos años en llegar, por lo que no sería práctico. Además, el ser humano obtenido por clonación tendría los mismos derechos legales que asisten a cualquier ciudadano. Si alguien (aunque fuese su padre) le arrancase sus órganos contra su voluntad, acabaría enseguida en la cárcel. Otro presunto peligro consistiría en que un dictador loco a lo Hitler se dedicase a clonarse a sí mismo. Sin embargo, un dictador no tendría interés alguno en crear su propia concurrencia. Un dictador loco siempre es peligroso, con clonación o sin ella. Hitler no empleó tecnología avanzada para producir el Holocausto de los judíos. El peligroso era Hitler, no el gas que utilizaba.

Ahora, la clonación de células humanas en Oregón ha vuelto a desatar la polémica. Muchos países han dado vía libre a la llamada clonación terapéutica, mientras prohíben la reproductiva. En realidad, no hay argumentos racionales para prohibir ninguna de las dos. La clonación reproductiva humana sería tan cara, insegura y desagradable que, aunque estuviese permitida, solo se practicaría excepcionalmente. De todos modos, si una pareja adinerada pierde en un accidente fatal a su hijo único y queridísimo y decide clonarlo a partir de una de las células de su cadáver todavía caliente y paga los gastos de su propio bolsillo, ¿qué razón tendríamos los demás para impedírselo? Ninguna, que yo vea.

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INVESTIGAR EN ESPAÑA

Artículo de OPINIÓN publicado en EL PAÍS

La Secretaría de Estado de Investigación ha difundido un avance de la Estrategia Española de Ciencia y Tecnología y de Innovación 2013-2020, que resume los principios fundamentales de la política de investigación que el Gobierno pretende impulsar. Según el documento, la escasa inversión privada en investigación “se traduce, finalmente, en una baja capacidad innovadora del país”. Para resolver el problema el MINECO propone una Estrategia con 18 objetivos que gira en torno a seis ejes. Me parece importante destacar algunos puntos de la Estrategia.

De entre los países que aparecen en el informe, España no es solo el país con menor inversión privada en I+D, ¡es también el país con menor inversión pública! y la Estrategia no sugiere en ningún momento aumentar la inversión pública en I+D. La estrategia no menciona una sola vez la investigación básica, que es el motor fundamental de todos los desarrollos tecnológicos. El documento propone otorgar a industrias y empresas un papel importante en la elaboración de los planes de estudio, ignorando que no representan al conjunto de la sociedad y que nada garantiza que vayan a luchar por el bien de todos. Como investigador, el presente borrador me parece inaceptable.— Miguel A. Rodríguez-Gironés.

POR UNA ESCUELA PÚBLICA,LAICA Y LITERARIA, de Gustavo Martín Zarzo

Se educa al niño para decirle que, por muy raro que pueda parecer, es posible la felicidad 

Son numerosos los cuentos infantiles que giran sobre el temor de los niños a ser rechazados por los adultos. Suelen terminar con el regreso a casa de sus pequeños protagonistas. Cuando esto sucede, ya no son los mismos que aquellos que fueron abandonados. Se han enfrentado a los peligros del mundo y regresan preparados para asumir los compromisos del crecimiento. Y lo hacen, esto suele olvidarse, portando con ellos los tesoros del mundo de la infancia: las riquezas de la bruja, la gallina de los huevos de oro, el botín que se guardaba en la cueva de Alí Babá.

Los cuentos maravillosos contienen una enseñanza para niños y adultos. Al niño le dicen que la vida es extraña, y que tendrá que enfrentarse a numerosos peligros al crecer, pero que si es noble y generoso logrará salir adelante; y al adulto, que no debe abandonar del todo su infancia, pues su vida se empobrecerá si lo hace. “Somos todos”, escribió Ortega, “en varia medida, como el cascabel, criaturas dobles, con una coraza externa que aprisiona un núcleo íntimo siempre agitado y vivaz. Y es el caso que, como el cascabel, lo mejor de nosotros está en el son que hace el niño interior al dar un brinco para libertarse y chocar con las paredes de su prisión”.

Nadie puede discutir el papel que ha representado la escuela pública en esta reivindicación de la autonomía de la infancia, ni el esfuerzo que se han visto obligados a realizar varias generaciones de maestros y maestras para lograr una enseñanza que no se dirija a un niño privilegiado sino al niño único, a ese niño que en el fondo son todos los niños, al margen de su sexo, clase, raza, religión o capacidad.

La enseñanza debe ser pública, laica y, como afirma Federico Martín Nebreda, literaria. Sólo siendo pública se asegurará la igualdad de oportunidades, y la atención a los menos favorecidos; sólo siendo laica, sus valores serán los principios universales de la razón y no estarán dictados por ninguna iglesia ni sujetos a dogmas particulares. Y sólo siendo literaria el adulto acertará a ponerse en el lugar de los niños y a mirar por sus ojos. Porque es verdad que los niños van a la escuela a aprender una serie determinada de saberes, matemáticas, geografía, ciencias naturales, pero también a hablar con esa voz que sólo a ellos pertenece y que hay que saber escuchar.

vía Por una escuela pública, laica y literaria | Opinión | EL PAÍS.

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