Nutrición: Toda la verdad sobre los superalimentos

Bayas de goji, semillas de chía, cacao, diente de león… ¿Son la panacea dietética, un negocio de moda o simplemente productos saludables?

La lechuga o los melocotones ya no son los de antes. Es tema de conversación de muchas mesas y una realidad que ha impulsado una nueva generación dietética: la de los llamados superalimentos. Ante la disminución de la calidad de los productos que consumimos hoy y, en ocasiones, frente a una dieta desequilibrada, la llegada de aquellos nuevos productos con propiedades extra es más que bienvenida: son altos en antioxidantes (como las vitaminas A, C y E) y fitonutrientes (sustancias químicas presentes en las plantas que aportan color y sabor, además de protección contra la radiación ultravioleta y las infecciones), eliminan tóxicos, contribuyen a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas o cáncer y combaten el envejecimiento. Es común oír hablar de las excelencias de productos tradicionales en la dieta mediterránea, como el aceite de oliva, el tomate o los frutos secos, pero también, en los últimos tiempos, de otros más exóticos a los que les atribuimos el mérito, a pesar de su tradición milenaria: la quinoa o las semillas de Chía.

Mito o realidad

¿Nos encontramos ante medicinas capaces de curar y blindar contra posibles dolencias o es esta una tendencia pasajera y sin fundamento, producto del interés popular del mundo desarrollado por la dieta y la salud? Una simple búsqueda en Google del término “superalimento” revela que cada 0,13 segundos alguien rastrea el término en Internet. Además, nos devuelve alrededor de 700.000 resultados. Sin embargo, a pesar de su omnipresencia, ni siquiera existe una definición oficial. “Es una moda o tendencia; no es algo nuevo. Hace años la comunidad científica denominó ingredientes funcionales a nutrientes que, sin aportar calorías, preservan la salud, como el aceite de oliva, los frutos secos o el pescado azul. De ahí viene el nombre de superalimento, pero este no goza de evidencia científica. Es cierto que son productos muy saludables, pero no curan: solo preservan la salud”, explica Irene Bretón, de la junta directiva de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

El nutricionista del Centro de Investigación Biomédica del Instituto Carlos III, Manuel Moñino, coincide en el planteamiento: “No existe el superalimento como tal. En su lugar, más que de productos concretos, hablaría de superpatrones alimentarios: no existen pruebas suficientes de sus pretendidas propiedades, de hecho, la mayoría de los estudios han realizado sus ensayos in vitro en animales y utilizan dosis muy elevadas de las sustancias, imposibles de alcanzar con la ingesta habitual del alimento que las contiene. Aún así, es cierto que algunos son ricos en sustancias bioactivas o en fitoquímicos que están en el foco de investigación, como los flavonoides, carotenos, compuestos fenólicos…”.

Son productos saludables, pero no curan: solo preservan la salud”, advierte Irene Bretón

Para este experto, la mejor manera de aportar al organismo todo lo necesario es a través de una alimentación variada y rica en legumbres, frutas, verduras, frutos secos y cereales integrales, pero sin consumir en exclusiva un producto concreto ni excluyendo otros, como huevos o lácteos. “Lo que aporta salud o la quita son los patrones alimentarios y no el comer algo aislado. Recordemos que algunas modas sirven para hacer grandes negocios, que se lo pregunten a quienes comercializaron el salvado de avena, los zumos exóticos o las bayas de Goji, estas últimas consideradas por muchos un superalimento cuando no son diferentes de nuestras pasas”, denuncia.

En España nos gastamos más de 2.000 millones de euros enproductos milagro, lo que a veces incluye extractos de supuestos alimentos prodigiosos. Según Nieves Palacios, especialista en Endocrinología y en Medicina del Deporte, a la hora de confeccionar un menú no podemos olvidar las frutas, frutos secos y verduras cada día y legumbres y pescado dos o tres veces por semana. En 2013The New England Journal of Medicine publicó los resultados de un estudio del Instituto Carlos III de Madrid en pacientes con riesgo cardiovascular que probaba que una dieta rica en dichos alimentos y baja en refrescos, carnes grasas y dulces reducía hasta un 30% la probabilidad de infartos. “El concepto “súper” se ha hecho popular en los medios de comunicación, no entre los científicos”, apostilla.

Exóticos y tradicionales

Lo que sí parece claro es que incorporar estos alimentos dentro de una dieta equilibrada es beneficioso tanto a nivel físico como emocional. “Produce bienestar emocional y aumenta la autoestima, al ser conscientes de que estamos cuidando nuestro cuerpo”, defiende Itxasne Tomé, psicóloga de la Clínica Ravenna.

Hay que consumir estos alimentos crudos o con la menor cocción posible para que mantengan sus propiedades intactas y facilitarle al organismo su absorción”, recomienda la doctora Rosso

Pero, ¿qué comprar? ¿Los aclamados de toda la vida o aquellos de nombre extravagante ensalzados por periodistas y blogueros? Paula Rosso, nutricionista del centro médico Lajo Plaza, no apuesta por ambas opciones. “Algunas tradiciones vuelven al descubrir científicamente sus principios activos: por ejemplo los ácidos Omega-3 y la fibra de la chia, protectores del sistema cardiovascular, o las bayas de Goji, excelente antioxidante, aunque se ha descubierto que algunas presentaciones comerciales incorporaban altas dosis de metales pesados, de ahí que se vendan menos. En cualquier caso, los alimentos mediterráneos también son una fuente de vitaminas y la base de nuestra alimentación”, añade la nutricionista. Y tan importante como qué tomar es la forma de hacerlo. “Este tipo de alimentos hay que consumirlos crudos o con la menor cocción posible y tomarlos muy frescos para que mantengan sus propiedades intactas y facilitarle al organismo su absorción”, aclara la doctora Rosso. Y nada de atiborrarse de uno y marginar todos los demás. “Hay evidencias de que las frutas y verduras combaten el cáncer, pero en forma de suplementos –es decir, aislando sus nutrientes fuera– no producen los mismos efectos. Incluir grandes dosis de un nuevo comestible puede suponer a veces desplazar otros de mayor valor nutricional y contribuir así al desequilibrio”, advierte Manuel Moñino.

¿Y qué hay de los transgénicos?

Aunque no hay correlación, algunos de los superalimentos pueden ser transgénicos, como el tomate morado. Curiosamente, somos el país europeo donde existen más cultivos de alimentos genéticamente modificados (es decir, producidos a través de la manipulación de secuencias de su ADN): en 2013 se cultivaron 138.543 hectáreas, un 19% más que el año anterior, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA). También somos el único país del continente en el que hay cultivos de este tipo a gran escala. Esto choca con una creciente incertidumbre social: ¿los transgénicos son malos? Por un lado, las empresas biotecnológicas implicadas se retiran en Europa por falta de mercado y, por el otro, hay una parte de la población que los rechaza, supuestamente porque necesitarían más productos químicos, ocasionarían una pérdida de biodiversidad y perturbarían el equilibro ecológico, además de poseer dudosas condiciones nutricionales. Sin embargo, para la doctora María José Barba, experta en nutrición, hasta ahora no se han observado daños notables en la salud o el medio ambiente. “En realidad los transgénicos usan menos cantidad de pesticidas o aquellos menos tóxicos, por lo que se reducen la contaminación del agua y los daños sobre la salud de los trabajadores, y suponen la vuelta a los campos de los insectos beneficiosos, incluso se aumenta la resistencia a ciertas plagas. Pero eso no significa que no pueda haber efectos negativos, y por ello los científicos piden una prudente valoración de cada producto antes de su difusión”, aclara. Además, la experta sugiere que, en los alimentos que contengan algún ingrediente transgénico, sea exigible advertirlo en su etiqueta, ya que una información completa permitirá que escojamos lo que comemos.

Para saber más:

www.superalimentos.es; www.seen.es; www.efsa.europa.eu

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Un fármaco para la esclerosis múltiple supera la primera fase de ensayos | EL PAÍS

La enfermedad no tiene cura y solo se pueden prescribir terapias paliativas durante los brotes

La esclerosis múltiple es una enfermedad degenerativa. Consiste en una destrucción de la mielina (la cubierta de los nervios) por un funcionamiento anormal del sistema inmunitario, y tiene como consecuencia que las señales del cerebro no llegan a su destino. Por ello se manifiesta de maneras muy variadas (problemas de visión, de coordinación, de memoria, debilidad muscular, pinchazos, tics). No tiene cura y solo se pueden prescribir terapias paliativas durante los brotes o como mantenimiento. Por eso un fármaco que haya superado la primera fase de los ensayos en humanos es una buena noticia para los afectados (entre ellos, dos millones de europeos). Y eso es lo que publicó este miércoles en la revista Neurology, Neuroimmunology & Neuroinflammation un equipo de la Asociación Americana de Neurología.

El trabajo es solo una fase I, la que mide la seguridad del medicamento, y le queda un largo recorrido hasta llegar al uso clínico, pero tiene un abordaje novedoso, explican los autores. Hasta ahora, lo que se intenta con las terapias para la esclerosis múltiple es que no vuelva a haber brotes (la enfermedad no actúa de manera continua, sino que lo hace por episodios intercalados con periodos de estabilidad).

En este caso se ha encontrado —al menos en los ensayos con ratas— que se puede interferir en la actividad de una proteína, llamada lingo-1, que bloquea el proceso de reconstrucción de la mielina de los nervios. El anti-lingo-1, como se ha llamado al fármaco, impide esta actuación, lo que llevó en animales de laboratorio a una recuperación de las funciones nerviosas. El ensayo en personas, de momento, no ha arrojado datos al respecto. En esta fase se reclutó a 72 personas sanas y a 47 que tenían la enfermedad en una fase de no actividad o con baja progresión, y, como es habitual en estos ensayos, se les dividió en grupos para recibir placebo o diversas dosis del medicamento, que se administra inyectado.

El resultado principal del estudio fue que no hubo efectos secundarios de importancia. Pero, además, se pudo determinar qué cantidad de fármaco permitía mantener en la sangre el nivel óptimo de anti-lingo-1 que se había visto en animales que permitían una regeneración de la mielina. Por eso Diego Cadavid, miembro de la Asociación Americana de Neurología y del laboratorio Biogen que ha desarrollado el fármaco, se mostró optimista: “Con estos resultados podemos empezar los ensayos de fase II para ver si este fármaco puede restituir la mielina y tiene efecto en la recuperación de las funciones físicas e intelectuales”, ha dicho. Luego quedará un ensayo a gran escala para afinar los protocolos y medir definitivamente su eficacia, lo que suele llevar años, salvo que se decidiera, como con el ébola, que la situación de los pacientes es tan desesperada que se aceleren los plazos o, directamente, se salten estos pasos.

Un fármaco para la esclerosis múltiple supera la primera fase de ensayos | Sociedad | EL PAÍS.

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Los siete cráneos ocultos de la evolución humana

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Juan Luis Arsuaga sostiene un fragmento de uno de los cráneos humanos hallados en Atapuerca. JAVIER TRUEBA

El eminente paleontólogo y estudioso de la evolución Stephen Jay Gould -fallecido en 2002- resumía el avance de las especies y los procesos que esculpen la geología del planeta con una simple frase cargada de significado: «La historia de cualquier parte aislada de la tierra, como la de cualquier soldado, consiste en». La paleontología es la ciencia que mejor ha sabido percibir tanto los larguísimos lapsos de tiempo de aburrimiento como las alocadas carreras por la evolución que se viven en las épocas de terror. Es lo que indica en la mayoría de los casos el registro fósil. Las especies se mantienen largos periodos de tiempo estables hasta que un cambio en el clima, en la orografía del terreno o en los organismos que comparten el entorno ecológico dispara el motor de la evolución a través de la necesidad de adaptación a las nuevas circunstancias. La estabilidad corresponde a los infinitos periodos de aburrida espera en la trinchera, mientras que los cambios ambientales extienden el terror entre las formas de vida que han de huir hacia delante por los caminos de la evolución para permanecer en el mismo sitio, como en la llamada hipótesis de la Reina Roja, enunciada en 1973 por el biólogo Leigh Van Valen basándose en la segunda parte del cuento de Lewis Carrol ‘Alicia en el país de las Maravillas’. En el relato, los habitantes tienen que correr cada vez más deprisa para permanecer en el mismo lugar. Según Van Valen, los organismos acompañan al ambiente en el que habitan, pero un paso por detrás, ligeramente mal adaptados y sin alcanzar jamás su meta.

El eminente paleontólogo y estudioso de la evolución Stephen Jay Gould -fallecido en 2002- resumía el avance de las especies y los procesos que esculpen la geología del planeta con una simple frase cargada de significado: «La historia de cualquier parte aislada de la tierra, como la de cualquier soldado, consiste en largos periodos de aburrimiento y breves periodos de terror». La paleontología es la ciencia que mejor ha sabido percibir tanto los larguísimos lapsos de tiempo de aburrimiento como las alocadas carreras por la evolución que se viven en las épocas de terror. Es lo que indica en la mayoría de los casos el registro fósil. Las especies se mantienen largos periodos de tiempo estables hasta que un cambio en el clima, en la orografía del terreno o en los organismos que comparten el entorno ecológico dispara el motor de la evolución a través de la necesidad de adaptación a las nuevas circunstancias. La estabilidad corresponde a los infinitos periodos de aburrida espera en la trinchera, mientras que los cambios ambientales extienden el terror entre las formas de vida que han de huir hacia delante por los caminos de la evolución para permanecer en el mismo sitio, como en la llamada hipótesis de la Reina Roja, enunciada en 1973 por el biólogo Leigh Van Valen basándose en la segunda parte del cuento de Lewis Carrol ‘Alicia en el país de las Maravillas’. En el relato, los habitantes tienen que correr cada vez más deprisa para permanecer en el mismo lugar. Según Van Valen, los organismos acompañan al ambiente en el que habitan, pero un paso por detrás, ligeramente mal adaptados y sin alcanzar jamás su meta.

El yacimiento de Atapuerca (Burgos), una referencia mundial indiscutible para el estudio de la evolución humana, acaba de aportar un verdadero tesoro paleontológico que apoya las teorías esbozadas por Gould, Van Valen y tantos otros evolucionistas. El análisis de 17 cráneos de homínidos -siete de ellos nuevos para la ciencia- de hace 430.000 años ha permitido a los investigadores, liderados por el codirector de Atapuerca Juan Luis Arsuaga, avanzar en el conocimiento de cómo se produjo la evolución de los neandertales. Y las conclusiones del trabajo, recién publicado por la revista científica Science, apuntan precisamente a que ésta se produjo de forma escalonada, en etapas, y no como un proceso continuo e imparable, tal y como propuso el propio padre de la Teoría de la Evolución Charles Darwin y defienden a capa y espada los llamados neodarwinistas, que tuvo en los padres de la Teoría Sintética, como los genetistas Theodosius Dobzhansky y John B. S. Haldane o el biólogo Ernst Mayr, a sus máximos exponentes. En los años 70, Gould y Niles Eldredge plantearon la teoría del equilibrio puntuado, según la cual las especies pueden evolucionar gracias a grandes y rápidas reordenaciones de su genoma. «Es más fácil subir los peldaños de una escalera que empujar un cilindro por la cuesta arriba de la Historia de la Vida», decían.

Los restos humanos de estos hombres de la Sima -como se han llamado por haber sido hallados en la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca y a la espera de que la comunidad científica acuerde si pertenece a alguna especie ya conocida o supone una en sí misma- tienen características definitivamente neandertales, como la cara, la mandíbula y la articulación de ésta con el cráneo, pero rasgos mucho más primitivos en el resto del esqueleto craneal. Hay que recordar en este punto que entre los neandertales clásicos estudiados por paleontólogos y antropólogos (‘Homo neanderthalensis’) y los hombres de la sima hay 200.000 años de diferencia. ¿Qué supone esto? Que estos homínidos pertenecen a la estirpe de los neandertales y que la evolución del linaje a lo algo de varios cientos de miles de años ocurrió en mosaico -como la definen los autores del trabajo- afectando de forma escalonada a diferentes regiones de la anatomía y no a todos los rasgos al mismo tiempo.

Cráneo 17 de los encontrados en la Sima de los Huesos del yacimiento de Atapuerca. JAVIER TRUEBA

«Para entender la morfología craneal de los neandertales se han apuntado hacia varias hipótesis, una es que se debe a deriva genética, es decir al azar. Pero yo creo que hay que buscar una explicación funcional», asegura a EL MUNDO Juan Luis Arsuaga, investigador principal de la investigación recién publicada en ‘Science’. Ralph Quam, del Departamento de Antropología del Museo de Historia Natural de Nueva York, comparte el mismo punto de vista. «Debido al complejo juego de características faciales, parece un mejor candidato para representar una adaptación, que para ser algo que ocurrió de forma aleatoria por deriva genética. Estamos actualmente trabajando en esto, pero creemos que existen implicaciones funcionales», explica Quam.

«Estos homínidos vivieron épocas glaciales, por lo que hay quien piensa que sus anchas caras y grandes cavidades nasales pudieron ser una adaptación al frío para calentar el aire que pasa a los pulmones o la sangre que va al cerebro por la carótida. Pero en la meseta castellana no hace tanto frío como en el clima ártico del norte de Europa», explica. Aunque pertenece al terreno de las especulaciones y no figura en el trabajo, para Juan Luis Arsuaga la especialización del esqueleto facial podría deberse al uso de la dentición anterior -de los dientes y colmillos- como herramienta. «La dentición posterior, las muelas, no son muy grandes, por lo que no creo que tenga que ver con la trituración. Pero esta morfología de la cara reduciría el estrés biomecánico provocado al usar los dientes como una herramienta más, además de las manos», explica el investigador. De modo que las mandíbulas y caras de los neandertales pudieron ser un sistema de ingeniería que evitaba que la tensión ejercida con los dientes no se concentrase en la cara y se disipase. La adaptación tuvo éxito y la Selección Natural hizo que quedase como rasgo distintivo de los neandertales hasta su extinción hace cerca de 30.000 años. Pero no sucedió lo mismo con el esqueleto craneal, que fue ganando volumen cerebral, hasta varias decenas de miles de años después.

Otra de las pequeñas revoluciones que supone este último hallazgo en Atapuerca es precisamente que por primera vez se ha analizado una población entera, lo que permite extraer conclusiones a escala poblacional, sin tener la incertidumbre provocada por los hallazgos puntuales y aislados. «Con los 17 cráneos que hemos encontradoes posible por primera vez caracterizar la morfología craneal de una población humana europea del Pleistoceno Medio», asegura Ignacio Martínez, profesor de Paleontología de la Universidad de Alcalá y coautor de la investigación. «Hace más de 400.000 años, había mucha más diversidad geográfica de lo que se pensaba», explica Arsuaga. «Hoy en día, sólo existe una población de ‘Homo sapiens’, pero eso no siempre ha sido así. En el Pleistoceno si recorrías Europa encontrabas una gran variación entre poblaciones», dice el investigador.

Hace cerca de medio millón de años, los humanos primitivos se separaron evolutivamente de otros grupos de homínidos con los que convivían en esa época en África y en el este de Asia. Ese grupo se asentó definitivamente en Eurasia donde la evolución fue tallando en esos individuos los caracteres distintivos que dieron lugar a los primeros neandertales (‘Homo neanderthalensis’).

Unos cientos de miles de años después, los humanos modernos (‘Homo sapiens’), que habían evolucionado en África- se asentaron también en Eurasia y el contacto produjo el cruzamiento de ambas especies, aunque no de forma completa debido a la incompatibilidad reproductiva que mostraban la mayoría de los individuos de ambas especies para hibridar con la otra. Y aún así, en algunos casos la reproducción tuvo éxito y los genes de los neandertales llegaron al patrimonio genético del ser humano de hoy en día (‘Homo sapiens sapiens’). Precisamente uno de los últimos grandes descubrimientos de los investigadores de la Sima de los Huesos fue la publicación a finales de 2013 de ADN humano de hace 400.000 años en buenas condiciones de conservación, lo que permitió compararlo con el genoma humano moderno para aportar más información al debate científico sobre la evolución del hombre.

Yacimiento de la Sima de los Huesos, Atapuerca (Burgos). JAVIER TRUEBA

De hecho, a pesar de que los paleontólogos son capaces de rastrear la estirpe de los neandertales prácticamente desde su inicio con homínidos preneandertales de hace entre 400.000 y 500.000 años, como los de Atapuerca o los de Tautavel (Francia), hasta su extinción, no sucede lo mismo con ‘Homo sapiens’. La única especie humana que ha llegado hasta la actualidad aparece en el registro fósil prácticamente como es hoy en día. No existe ningún hallazgo paleontológico que relacione a nuestra especie con otra más primitiva que ya tuviese alguna característica presente en los ‘sapiens’ y que permita reconstruir la historia evolutiva de los humanos modernos. «Al linaje del ‘Homo sapiens’ le perdemos la pista hace 200.000 años», dice Arsuaga. «Con el registro que tenemos ahora mismo, parece que aparecieron tal y como son ahora, un poco más robusto, pero prácticamente iguales. No sabemos si sus raíces se hunden hacia un punto más profundo de la evolución».

Para los expertos en Evolución Humana caben dos posibilidades: que sea una especie mucho más conservadora desde el punto de vista evolutivo o que el registro fósil esté incompleto. En todo caso, todo parece indicar que la evolución no es un proceso aburrido, de cambio constante y paulatino, como defienden los partidarios de la Teoría Sintética, sino algo mucho más parecido a lo que proponían Gould y Eldredge, quienes también dejaban espacio para los rasgos surgidos de forma coyuntural y no necesariamente motivadas por un fin adaptativo, como defendían los neodarwinistas. De hecho, el propio Gould llegó, junto con el biólogo evolutivo Richard Lewontin, a ridiculizar los argumentos extremos de sus rivales intelectuales utilizando una divertida metáfora literaria. La idea del filósofo Gottfried Leibniz de que vivimos en el mejor de los mundos posibles atormentaba al doctor Pangloss, uno de los protagonistas de la obra ‘Cándido’, de Voltaire. Llevada al extremo en un personaje de ficción, esta percepción conduce al doctor a pensar que no hay efecto sin causa y, por lo tanto, todo existe porque tiene un propósito específico. En la obra del ilustrado Voltaire, Cándido y el doctor Pangloss regresaban a Lisboa en barco cuando un tercer personaje llamado Jacobo cae por la borda. Cándido se dispone a lanzarse al agua para salvarlo. En ese momento, Pangloss detiene a Cándido porque, según él, la bahía de Lisboa está allí para que Jacobo se ahogue en ella. Un ejemplo claro del pensamiento panglossiano aplicado a la evolución sería que la nariz y las orejas están en nuestra cara porque tienen la función de sujetar las gafas. El peso de la aportación científica de Charles Darwin es tan grande que muchos investigadores buscan el fin adaptativo en el último de los rasgos de cualquier forma de vida. Stephen Jay Gould y Richard Lewontin bautizaron esta deformación del darwinismo como el Paradigma Panglossiano. Nada más lejos de la complejidad que refleja la historia evolutiva del ser humano.

Los siete cráneos ocultos de la evolución humana | Ciencia | EL MUNDO.

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Ciro de Quadros, impulsor infatigable de la vacunación

El epidemiólogo brasileño luchó por que las vacunas fueran un derecho universal


El epidemiólogo Ciro de Quadros en Madrid, en 2012. / AGUSTÍN IGLESIAS

por Pedro Alonso:

Ciro de Quadros tuvo algunos privilegios que todos los que trabajamos en el campo de la salud pública no podemos sino envidiar: trabajar hasta hacer desaparecer por completo una enfermedad de un continente entero, o incluso del mundo. Como epidemiólogo en jefe del Programa de Erradicación de la Viruela en África, fue la persona que encontró el último caso de viruela en Etiopía, en 1976. Un año después se detectaría en Somalia el que a la postre resultó ser el último caso de la enfermedad adquirido de forma natural en todo el mundo, con lo que la viruela se convirtió en la primera (y hasta ahora única) enfermedad completamente erradicada gracias a la acción deliberada de los seres humanos. Y Ciro de Quadros había estado en el ojo mismo del huracán.

Nacido en Río Pardo, Brasil, Ciro de Quadros estudió medicina y salud pública, y consagró su vida a poner el conocimiento al servicio de mejorar la salud de todas las personas, sin importar su nivel económico o cuán remoto fuera el lugar en donde les hubiera tocado nacer. Convencido de que la salud de las poblaciones depende de numerosos factores —desde la medicina hasta la educación, la nutrición o las condiciones ambientales— entre todas las herramientas confiaba sin embargo en una en particular: las vacunas, a las que consideraba la protección más eficaz contra la enfermedad y un derecho fundamental que no debería negarse a ningún niño.

Fue la persona que encontró

el último caso de viruela en Etiopía, en 1976

Tras un periodo de trabajo en la Amazonía brasileña, se incorporó al Programa de Erradicación de la Viruela de la Organización Mundial de la Salud en 1970, desde donde saltó a la Organización Panamericana de la Salud, invitado en 1976 como director de la División de Vacunas e Inmunización. Ahí lideró las campañas de eliminación de la poliomielitis y el sarampión de las Américas.

Si en Etiopía Ciro de Quadros tuvo que gestionar la inestabilidad derivada del asesinato reciente del emperador y la constante amenaza de secuestro bajo la que vivían los trabajadores de la salud, desde su nueva posición en la OPS se enfrentó a las convulsas guerras que azotaron Latinoamérica en los años ochenta. En mitad de la guerra en El Salvador, consiguió establecer los Días de Tranquilidad, en los que había un alto el fuego virtual para vacunar a todos los niños, mientras que en Perú organizó campañas de educación dirigidas específicamente a los insurgentes. En el resto del continente, fortaleció los Días Nacionales de Vacunación y organizó brigadas para localizar a cualquier niño que no hubiera acudido a su cita en el calendario de inmunización. En 1994, la poliomielitis se declaró eliminada del continente americano, y lo mismo sucedió en 2002 con el sarampión.

Lideró las campañas

panamericanas contra el sarampión y la poliomielitis

Desde 2003, Ciro de Quadros trabajaba en el Instituto de Vacunas Sabin, como vicepresidente ejecutivo y director del programa de sensibilización y educación sobre las vacunas. Más recientemente, tuve el privilegio de compartir con él la codirección del Comité Científico de la iniciativa Década de Vacunas, cuyo resultado fue la publicación y aprobación, en 2013, del Plan de Acción Global de Vacunas de la OMS, organización a la que apoyó también activamente en su actual Campaña de Erradicación de la Poliomielitis. Por su trabajo en la eliminación y erradicación de la poliomielitis, el sarampión y la viruela, de Quadros recibió en 2011 el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cooperación al Desarrollo, que recogió en Madrid el año siguiente. Otras ocasiones que lo trajeron a España fueron las reuniones del Consejo Asesor Internacional del Instituto de Salud Global de Barcelona, del que era miembro desde su fundación.

Ciro de Quadros estaba enfermo desde hace un tiempo, y a pesar de ser consciente de que esta vez no podría superar el cáncer, nunca dejó de luchar por que las vacunas alcanzaran a todos y cada uno de los niños de este planeta, preocupado como estaba por la deriva de los movimientos anti-inmunización en los países occidentales, y convencido del papel que pueden jugar las vacunas en enfermedades que hasta ahora no se han asociado a las infecciones, como algunos cánceres.

Pedro L. Alonso es director del Instituto de Salud Global de Barcelona (Hospital Clínic de Barcelona) y catedrático de la Universidad de Barcelona.

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Kepler 10c, descubierta la primera «mega tierra»

Se trata de un mundo sólido y rocoso, pero con una masa equivalente a la de 17 tierras, algo nunca visto hasta ahora y que, además, parecía imposible

DAVID A. AGUILAR (CFA) Kepler 10c, descubierta la primera “mega tierra”

Ante la sorpresa de los cientos de astrónomos que asisten estos días al encuentro anual de la Sociedad Astronómica Americana (AAS), un equipo de investigadores del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica (CfA) ha anunciado el descubrimiento de un nuevo tipo de planeta. Se trata de un mundo sólido y rocoso, pero con una masa equivalente a la de 17 tierras, algo nunca visto hasta ahora y que, además, parecía imposible.

Y es que, por lo que sabemos hasta el momento, un planeta así no debería haberse formado nunca, ya que algo tan enorme habría tenido que atraer grandes cantidades de hidrógeno y convertirse, como es lo habitual, en un gigante gaseoso similar a Júpiter. Pero nunca en un planeta rocoso como el nuestro. Kepler 10c, sin embargo está ahí. Es sólido y mucho mayor que cualquiera de las “super tierras” descubiertas hasta ahora. Tanto, que ha dado lugar a una nueva categoría: las“mega tierras”.

“Nos quedámos atónitos cuando nos dimos cuenta de lo que habíamos encontrado -afirma Xavier Dumusque, autor del hallazgo y director del estudio-. ¡¡¡Es el Godzilla de las Tierras!!! Aunque, a diferencia del monstruo del cine, Kepler 10c tiene implicaciones positivas para la vida”.

El nuevo planeta orbita una estrella muy parecida al Sol una vez cada 45 días, es decir, extraordinariamente rápido para un mundo de su masa. Se encuentra a unos 560 años luz de distancia, en la constelación de Draco, y forma parte de un sistema al que también pertenece un mundo de lava con tres masas terrestres (Kepler 10b), que completa una órbita en apenas 20 horas.

Como su propio nombre indica, Kepler 10c fue visto por primera vez por los instrumentos de la sonda Kepler, una nave especialmente diseñada para la búsqueda de exoplanetas y que ya ha localizado casi 3.000 mundos fuera de nuestro Sistena Solar.

Para detectar planetas, Kepler utiliza el método del tránsito, que consiste en medir las ligeras variaciones del brillo de las estrellas cuando un planeta pasa delante de ellas. Midiendo ese pequeño oscurecimiento, los astrónomos pueden calcular el tamaño del planeta que lo ha causado, y también su diámetro, aunque no pueden saber si se trata de un mundo sólido o gaseoso.

Se sabía, pues, que Kepler 10c tiene un diámetro de casi 30.000 km (2,3 veces el de la Tierra), lo cual le colocaba en una categoría de mundos llamada “mini neptunos”, dotados de gruesas envolturas gaseosas.

Para conocer su masa, el rquipo capitaneado por Dumusque decidió utilizar el instrumento HARPS-North del Telescopio Nazionale Galileo, en las islas Canarias. Y hallaron que pesaba 17 veces más que la Tierra, es decir, mucho más de lo que se esperaba. Lo cual era una demostración clara de que Kepler 10c era mucho más denso que un mundo gaseoso, y que estaba compuesto de rocas y otros materiales sólidos.

“Kepler 10c no ha ido perdiendo su atmósfera a lo largo del tiempo. De hecho, es lo suficientemente masivo como para retener la suya, si es que alguna vez llegó a tenerla -explica Dumusque-. Debió de formarse tal y como lo vemos ahora”.

Las teorías vigentes sobre la formación de planetas se enfrentan ahora a la dificultad de explicar cómo es posible que un mundo rocoso tan grande haya conseguido formarse. Y lo que es más, nuevas observaciones apuntan a que no está solo.

Durante la misma reunión de la AAS, en efecto, otro astrónomo, Lars A. Buchhave, afirmó haber hallado una correlación entre el período de un planeta (el tiempo que tarda en completar una órbita alrededor de su estrella) y el tamaño a partir del cual ese planeta comienza su transición de sólido a gaseoso. Lo cual sugiere que a partir de ahora, si los astrónomos extienden sus búsquedas, podrían empezar a aparecer muchas más “mega tierras”.

El hallazgo de que Kepler 10c es una mega tierra tiene también profundas implicaciones en nuestro conocimiento de la historia del Universo y en las posibilidades de que surja la vida. De hecho, el sistema al que pertenece Kepler 10c (llamado Kepler 10), tiene unos 11.000 millones de años de antigüedad, lo cual significa que se formó menos de 3.000 millones de años después del Big Bang.

El Universo primitivo sólo contenía hidrógeno y helio. Los elementos pesados que se necesitan para formar planetas rocosos, como el silicio o el hierro, no existían al principio, y tuvieron que ser creados en los hornos de fusión de las primeras generaciones de estrellas. Cuando esas estrellas explotaron, diseminaron esos ingredientes esenciales a través del espacio, de forma que (como sucede con nuestro Sol) se incorporaron a las nuevas generaciones de estrellas y permitieron la formación de planetas.

Pero este proceso necesita muchos miles de millones de años para completarse. Y Kepler 10c demuestra que el Universo ya era capaz de formar mundos rocosos incluso en un tiempo en que los materiales pesados resultaban muy escasos.

La mera existencia de Kepler 10c, pues, nos dice que planetas rocosos como la Tierra pudieron formarse mucho antes de lo que pensábamos. Y si puedes fabricar rocas, también puedes fabricar vida.

La investigación implica que, a partir de ahora, los astrónomos no deberían descartar las estrellas más viejas, como sucede ahora, cuando buscan exoplanetas similares a la Tierra. Si las estrellas más antiguas también pueden tener planetas sólidos, entonces las posibilidades de encontrar mundos habitables cerca de nosotros acaban de dispararse.

Kepler 10c, descubierta la primera «mega tierra» – ABC.es.

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El plástico, un material maravilla que está hasta en el ADN – BBC Mundo

 

Cuando usted piensa en plástico, ¿qué le viene a la mente? ¿Juguetes baratos hechos en China? ¿Empaques? ¿Bolsas? Elemental, mi querido lector. Pero, ¿y si le hablara de suéteres lanudos? ¿O de cornflakes? ¿O de un armario antiguo de cedro?

Créalo o no, desde la perspectiva de un químico, todas estas cosas están hechas del mismo tipo de material: polímeros. Y la distinción entre aquellos que llamamos “plásticos” y los que no es bastante arbitraria. Los polímeros son moléculas repetitivas extremadamente largas que, en el caso de los plásticos, están hechas principalmente de carbono.

“Se toma una molécula orgánica simple y se la hace reaccionar consigo misma una y otra vez”, le explica a la BBC el profesor de química Andrea Sella, del University College de Londres. “Es un poco como una cadena de bicicleta: le unes un eslabón y lo engachas al próximo y al próximo y al próximo, casi ad infinitum“.

Los polímeros constituyen una categoría muy amplia. Al igual que el plástico, también incluyen los silicios -basados en silicona en vez de carbón- que se usan en toda clase de productos, desde implantes de seno hasta retardantes de fuego. Aún más: incluyen el ADN.

La forma de los polímeros es lo que le da al plástico su plasticidad, lo que permite que sean moldeados. Las hebras individuales “simplemente pueden deslizarse entre ellas”, dice Sella. “Como espaguetti frío”.

Desde tiempos inmemoriales

Los seres humanos han estado usando derivados naturales de plástico durante mucho más tiempo del que pueda imaginar.

Sin plástico, no habría cine.

Por ejemplo, artesanos medievales hacían faroles con rebanadas traslúcidas de cuernos de animal. Los cuernos están hechos de keratina, un polímero mixto de carbón y nitógeno, la misma clase de material de que están hechos la piel y el pelo, incluida la lana.

Pero la historia se remonta mucho más lejos.

Un milenio y medio antes del nacimiento de Cristo, los olmecas de México ya jugaban con pelotas hechas de otro polímero natural: el caucho.

No fue hasta el siglo XVIII que un europeo, el explorador francés Charles-Marie de la Condamine, se topó con los árboles de caucho en la cuenca del Amazonas.

Y en el siglo siguiente, en la década de 1840 el estadounidense Charles Goodyear y el británico Thomas Hancock registraron patentes a cada lado del Atlántico por el caucho “vulcanizado”, es decir, tratado con sulfuro para hacerlo más duradero.

La vulcanización hizo posible la invención de la rueda de caucho para la bicicleta, y más tarde la del automóvil (de ahí el nombre de la compañía de llantas Goodyear). Thomas Hancock, entretanto, trabajó con Charles Mackintosh para crear ropa impermeable.

Buen inventor, mal empresario

Pero la historia de los plásticos antecede incluso a los olmecas; de hecho comienza con el uso de la madera por parte del hombre. Y es que cerca de la mitad de un pedazo de madera normal es celulosa, un polímero que se encuentra en las fuertes paredes celulares de las plantas y que le da a la madera su dureza y durabilidad.

Son estas largas fibras de celulosa las que la industria de pulpa separa para hacer fuerta al papel.

También fue la celulosa la que aportó el material base para el siguiente avance en los plásticos modernos: la parkesina, así llamada por el inventor británico Alexander Parkes, quien la mostró al público en la exhibición internacional de Londres de 1862.

Muchos ejemplos de los primeros productos hechos de parkesina, como moldes para impresión, asas, botones y peines, pueden apreciarse en el Museo de Ciencia de Londres. “Aunque era un inventor fantástico, no era un hombre de negocios brillante”, explica la curadora de la muestra, la doctora Susan Mossman. “De modo que se fue a la quiebra”. Así las cosas, fueron dos estadounidenses, los hermanos Hyatt, quienes hicieron una fortuna con el material, para la desazón de Parkes. Los hermanos le añadieron alcanfor, mejorando la maleabilidad del plástico, y lo rebautizaron como “celoluoide” en 1870, proveyendo así lo que llegaría a ser la materia prima para la industria cinematográfica.

Llegan los sintéticos

Los autos y las películas no son las únicas tecnologías cuyo nacimiento se vio facilitado por estos primeros plásticos. La electrificación fue posible gracias al caucho, pues podía utilizarse para aislar switches eléctricos, mientras que los primeros cables submarinos de telecomunicaciones desde 1851 fueron recubiertos de una capa protectora de una prima del plástico, llamada gutapercha.

Pero el gran avance -podría decirse que marcó el nacimiento de la era de los plásticos modernos- ocurrió en 1907, con la invención de la baquelita por el estadounidense de origen belga Leo Baekeland.

Fue el primer plástico sintético: el primero que no derivaba de animales o plantas, sino de combustibles fósiles. Baekeland usó fenol, un ácido derivado de la brea. Su trabajo abrió las compuertas a un torrente de plásticos ahora muy conocidos: poliesterino en 1929, poliéster en 1930, cloruro de polivinilo (PVC) y polietileno en 1933 y nylon en 1935.

Estos nuevos materiales fueron una vez lo máximo en glamour. “Para la década de los 30, tenías plásticos sintéticos que podían producirse en blanco y en colores pálidos luminiscentes”, dice Mossman. “Ginger Rogers podía bailar en un bello salón laminado blanco”.

Baquelita

  • Desarrollada entre 1907 y 1909 por el químico belga Leo Baekeland.
  • Fue uno de los primeros plásticos hechos de componentes sintéticos.
  • Usada por sus propiedades no conductivas y resistentes al calor en aparatos de radio y teléfono y en aislantes eléctricos.
  • También se emplea en toda clase de productos desde utensilios de cocina hasta joyas, pasando por juguetes.
  • Designado como “hito químico histórico nacional” de la Sociedad Americana de Química en 1993, en reconocimiento a su importancia como primer plástico sintético del mundo.

Plástico y guerra

Con todo y esto, lo que realmente impulsó el crecimiento de la industria fue la guerra, cuando el plástico comenzó a utilizarse para todo, desde vehículos militares hasta aislamiento para radares.

Las compañías petroquímicas construyeron plantas para transformar el petróleo en plástico en cantidades industriales. Como era predecible, con el final de la guerra en 1945, la industria se vio a sí misma inundada de excedentes. Para mantener la producción, se vio forzada a salirse del molde -¿o será que, dado el caso, deberíamos decir “meterse al molde”?- y enfocarse en el mercado de consumo masivo, con nuevos productos como Tupperware, lanzado en 1948. Y, para Andrea Sella, el ejemplo del teraflato de polietileno (PET), inventado en 1941, demuestra cuán versátiles podían ser estos materiales baratos.

Hoy en día se usa para hacer botellas de bebidas gaseosas, debido a que es lo suficientemente fuerte para mantener dos presiones atmosféricas. Luego muestra un guante suave de invierno, así como una papel para envolver flores. “Es el mismo material”, dice. La única diferencia es la forma en que ha sido moldeado. Y estamos hablando de un sólo plástico.

“Literalmente hay cientos de miles de diferentes tipos de polímeros hoy en día”, dice Sella. Sus propiedades pueden cambiarse manipulando su estructura. “Una botella de leche estándar en el Reino Unido está hecha de polietileno, a partir del bloque C2H4. Si le añades sólo un carbono, y vas a polipropileno, lo que obtienes es un material mucho más robusto”, explica y saca una taza para darle de beber a los bebés y la deja caer en el piso de concreto. Rebota sin problema.

“Esto fue completamente transformador. Cuando los plásticos aparecieron, vinieron a reemplazar cosas como el peltre, que se se amella, y vidrio y cerámica, que tienen el terrible problema de que se quiebran”, resalta Sella.

Para siempre

Los plásticos sintéticos tienen la ventaja añadida de que aparentemente duran para siempre. Todavía no ha nacido el organismo capaz de digerir estos materiales complicados y extraños.No obstante, esta ventaja representa, por supuesto, también una gran desventaja. El plástico podría permanecer intacto, sin descomponerse, por miles de años en un basurero o en el medio de la calle.

Más preocupantes son los informes que hablan de que nuestra basura plástica -incluidos cantidades fabulosas de micropartículas plásticas diminutas que podrían haberse separado en nuestras lavadoras de prendas de vestir hechas a base de plástico- ha terminado en el océano, donde se agrupan en islas flotantes de desperdicios que giran en las corrientes océanicas.

Hay evidencia que apunta a que ciertas bacterias podrían estar evolucionando hacia alimentarse de esta basura, explotando la energía contenida en las cadenas de hidrocarbonos de los polímeros. Pero tiene que haber mejores soluciones, como plásticos diseñados para descomponerse.

El poliácido láctico (PLA), por ejemplo, deriva del almidón de maíz, de lo mismo de lo que están hecho los cornflakes. El almidón, como la celulosa, es un polisacárido: una larga cadena de moléculas fundidas de azúcar. El PLA puede usarse para hacer bolsas plásticas y fibras textiles. Entre tanto, la celulosa puede transformarse no sólo en celuloide, sino también en celofán o en fibra de rayón. Todos estos polímeros pueden descomponerse. A lo largo de los meses, o de los daños, serán deshechos gradualmente por microbios. Además de la creciente acumulación de basura de plástico, hay otro problema inminente: la fuente de la que obtenemos el plástico en primer lugar.

Vuelta al comienzo

Actualmente, la mayoría proviene del petróleo y el gas. Pero cuando estas fuentes no renovables se acaben, eventualmente, la solución obvia será regresar a los tiempos de Parkes y Goodyear, y buscar ayuda en la biología.

“El mercado está buscando más plásticos bioderivados que sean químicamente idénticos a los plásticos que usamos ahora”, le dice a la BBC Jeremy Tomkinson, un asesor del gobierno del Reino Unido en materia de biocombustibles y biomateriales, con oficinas en Nueva York.

“En parte esto viene impulsado por consideraciones de marca. Pepsi y Coca Coca compitieron en años recientes por tener la primera botella 100% bioplástica (Pepsi ganó)”, explica.

Normalmente derivado del petróleo, el material ahora lo produce la firma petroquímica brasileña Braskem a partir de la caña de azúcar. Para ello usa grandes cantidades de levadura genéticamente modificada para transformar el azúcar en etanol, lo cual puede convertirse por etapas en etileno, polietileno y PET.

Estos bioplásticos, agrega Tomkinson, también pueden ayudar a combatir el cambio climático, ya que la caña de azúcar absorbe dióxido de carbono de la atmósfera, atrapándolo en un producto que puede ser reciclado como cualquier otro, incluso si ultimadamente es quemado para generar energía y el dióxido de carbono es liberado de nuevo a la atmósfera.

Sin embargo, el experto cree que en el largo plazo el mayor impulsor del renacimiento de los bioplásticos no erá el altruismo ecologista, sino las ganancias. Las grandes compañías químicas saben que necesitan encontrar alternativas al petróleo, lo cual ya se refleja en la manera en que invierten los recursos destinados a la investigación y el desarrollo.

Por ahora, el precio del petróleo está estable. Y gracias a la revolución del gas de esquisto o fracking, los precios del gas en Estados Unidos son excepcionalmente bajos, lo cual ha convertido a ese país en uno de los principales productores de PVC.

“Pero cuando el petróleo alcance cierto precio por barril, se volverá demasiado caro”, dice. “Es entonces cuando la biotecnología a escala industrial puede comenzar a funcionar”. Y ahí es donde el breve romance de la Humanidad con los plásticos sintéticos se acabará.

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La inmunoterapia contra el cáncer amplía su campo de acción

Los fármacos que aprovechan las células del propio cuerpo para combatir las células cancerosas demuestra buenos resultados en cada vez más tumores y estadios más tempranos


La quimioterapia ha dejado de ser el punto de referencia en la lucha contra el cáncer. El uso de antineoplásicos para combatir las células cancerígenas sigue siendo la columna vertebral de la estrategia, pero van ganando terreno otros enfoques: la inmunoterapia, la medicina personalizada y también la combinación de estos medicamentos con los agentes clásicos. Tres vías en las que están trabajando los principales investigadores mundiales. La primera de ellas, la inmunoterapia, se considera ya como la gran promesa en el abordaje de esta enfermedad. Y esta nueva generación de fármacos, que fomentan la autodefensa del organismo, está ampliando su espectro y se está consolidando como una herramienta eficaz para combatir varios tipos de cáncer.

La inmunoterapia se había demostrado útil solo para el melanoma metastásico –primero— o algunos tumores de pulmón y riñón, pero los últimos estudios presentados estos días en el Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO, por sus siglas en inglés) muestran que puede ser eficaz también en otro tipo de tumores, como el de vejiga o el de cérvix. También, por primera vez, se ha demostrado que este grupo de fármacos pueden tener una actividad muy prometedora en fases no tan avanzadas de la enfermedad, algo que, además, explica Javier Cortés, jefe de la Unidad de Cáncer de Mama y de la Unidad de Melanoma del hospital Vall d’Hebrón de Barcelona, incrementa su potencial en aumentar el número de pacientes que se podrán curar de esta enfermedad.

En este sentido, un trabajo realizado por investigadores del Instituto Oncológico Gustave Roussy de Villejuif (Francia), muestra que el uso de ipilimumab (uno de estos nuevos fármacos inmunológicos), indicado para el tratamiento del melanoma metastásico, reduce el riesgo de recurrencia en un 25% en pacientes con melanoma en fase III operados, lo que podría traducirse en un aumento de pacientes curados. El estudio francés, realizado en 951 pacientes operados y con riesgo de recaída ––el cáncer se había extendido ya a los nódulos linfáticos–, muestra que quienes tomaron ipilimumab (fabricado por Bristol-Myers Squibb) tuvieron una tasa de supervivencia libre de progresión de un 46,5% frente al 34,8% de quienes tomaron placebo.

Eficaz para el melanoma, estas terapias están teniendo buenos resultados en cáncer de pulmón, vejiga o cérvix

La inmunoterapia ha sido, sin duda, uno de los temas estrella de ASCO –al que EL PAÍS ha acudido invitado por Boehringer Ingelheim–, la cita mundial clave sobre cáncer, a la que han asistido más de 30.000 médicos, investigadores y representantes del sector farmacéutico de todo el mundo, que este año cumple además medio siglo. “Se trata de uno de los avances más importantes de los últimos años en el abordaje del cáncer”, reconoce Cortés. Atacar a las células cancerosas a través del sistema inmunitario no es una idea nueva –William Coley empezó con ello en 1890–. De hecho, es una estrategia que se lleva desarrollando tres décadas –con opciones como anticuerpos o vacunas– aunque con escasos beneficios. Ahora, los fármacos que siguen esta idea están cosechando cada vez mejores resultados.

La inmunoterapia para combatir el cáncer puede seguir dos vías: potenciar el sistema inmunitario para que tenga más fuerza en su combate contra las células cancerosas, o tratar de neutralizar la respuesta de la célula tumoral, que reacciona ante los ataques. Las células cancerosas responden de dos maneras a la ofensiva de los linfocitos (que se ocupan de combatirlas): ‘poniéndose un disfraz’ que las asimile a células ‘sanas’ para así pasar desapercibidas y que los linfocitos (células encargas de defendernos frente a infecciones o células tumorales) no las ataquen, o anteponiendo un escudo que neutraliza ese ataque. Los fármacos destinados a retirar ese ‘disfraz’, es decir a que la célula cancerosa revele su verdadera cara, están todavía en primeras fases de experimentación (aún no hay ninguno aprobado). El grueso de los avances en la inmuno-oncología se ha registrado con los medicamentos que se dirigen a bloquear que la célula tumoral pueda escudarse para repeler el ataque de los linfocitos (lo que hace el ipilimumab).

“Puede ser la estrategia que cure a muchos pacientes en un futuro cercano”, ice el oncólogo  Javier Cortés.

Este es también el espíritu de la nueva inmunoterapia experimental contra un tipo de cáncer de vejiga mestastásico –el noveno más común a nivel mundial y el quinto en España– en la que trabaja la compañía farmacéutica Roche. Los resultados de un estudio en fase I –la que estudia la seguridad— presentado en ASCO muestran que el fármaco redujo de manera importante el tamaño del tumor (tasa de respuesta global) en el 43% de los pacientes con un tipo de cáncer de vejiga metastásico en los que ya se había probado otro tipo de tratamientos. La molécula, explica Cristina Cruz, oncóloga del Hospital Vall d’Hebron, que ha sido definida por la FDA (la agencia del medicamento de EEUU) como terapia innovadora (Breakthrough Therapy) para agilizar su desarrollo, actúa inhibiendo la proteína PD-L1 presente en las células tumorales, que impide al sistema inmunitario defenderse contra el cáncer.

Esta estrategia que aprovecha el potencial del propio organismo para combatir el cáncer ha llegado también al abordaje del cáncer de cérvix. Otro de los trabajos presentados en ASCO –seleccionado además por la organización como uno de los destacados— se basa en el uso de la inmunoterapia personalizada contra el virus del papiloma humano que causa un gran número de estos tumores. Esta nueva vía, que lo que hace es dirigir las células T contra el VPH, es aún muy inicial. A pesar de que el estudio, financiado por el Instituto Nacional de Salud de EEUU (NHI), es muy pequeño (solo nueve pacientes) sus resultados son, para Steven O’Day, profesor de la Universidad del Sur de California y expertos de ASCO, “prometedores”. El tumor remitió completamente en dos de las nueve mujeres con cáncer de cérvix que recibieron esta terapia celular, a pesar de que tenían metástasis extendida y que ya habían sido tratadas por otras vías; en una tercera remitió de manera parcial. El tratamiento, sin embargo, tiene importantes efectos adversos; aunque no insalvables.

Por lo general, sin embargo, estos efectos no son tan importantes como los que presentan las terapias clásicas. “La inmunoterapia puede provocar reacciones cutáneas, gastrointestinales, alteraciones hormonales. No hay daños o lesiones importantes en los glóbulos blancos o anemia importante o daños en las mucosas críticos, son efectos abordables y que pueden tener un buen tratamiento”, indica Jesús García-Foncillas, jefe del servicio de Oncología del hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

“La inmunoterapia no solo mejora el pronóstico de las personas con cáncer; creemos que pueda ser la estrategia que va a curar a muchos pacientes en un futuro cercano”, concluye Javier Cortés.

Los oncólogos de EEUU alertan del impacto de los recortes

El progreso en la lucha contra el cáncer y la calidad de vida de los pacientes se puede ver amenazado por los recortes. El tijeretazo en los fondos para investigación que el Congreso destina a los institutos nacionales de salud (NIH) es una constante desde hace años. El impacto de esta dinámica, han alertado los oncólogos estadounidenses, puede suponer un importante paso atrás. Y es que estos fondos, que suponen la principal fuente de financiación de la investigación biomédica, por ejemplo, han disminuido un 23% desde 2001 en Estados Unidos. En 2012 se invirtió en este presupuesto unos 29 billones de dólares (21,3 billones de euros).”Que podamos seguir invirtiendo en la investigación es esencial para avanzar en la lucha contra el cáncer y acelerar el progreso de los trabajos que tenemos en marcha”, incidió el presidente del Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO), Clifford A. Hudis.

Estos recortes, insistió hace unas semanas el presidente de ASCO en una nota, pone en peligro la subsistencia de numerosas investigaciones y ensayos clínicos. Sin el apoyo del sistema público, dijo, se paralizarían. Esto es lo que ocurrirá con algunos de los ensayos con pacientes del Programa Comunitario de Oncología Clínica que esperan ahora nuevas subvenciones. Ensayos, además, que solo pueden realizarse con el apoyo de la financiación pública porque la mayoría están relacionados con la práctica clínica; algo, dijo Hudis, que interesa poco a los grandes laboratorios.

Los oncólogos piden al Congreso que dedique 32.000 millones de dólares en el próximo ejercicio para la investigación oncológica. “Así se podría revertir el impacto de la última década de recortes”, dicen. Que los oncólogos estadounidenses alerten del impacto de los recortes es muy representativo. En Estados Unidos se desarrollan numerosas y punteras investigaciones oncológicas. El liderazgo en la investigación de este país peligra ahora. Le pueden adelantar otros, como China.

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