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‘Apadrina un científico’: la última campaña de la ciencia española contra los recortes en I+D

 

El duro impacto de la crisis económica sobre la investigación científica en España está provocando insólitas reacciones de desesperación y protesta ante los recortes impuestos por el Gobierno. El último ejemplo de esta preocupante tendencia es la campaña satírica ‘Apadrina un científico’, impulsada a través de internet por la asociación Ciencia con Futuro.

Para explicar las causas que han motivado la campaña, sus impulsores señalan que “la ciencia española está en franca decadencia en los últimos años” y que “los logros conseguidos durante un tiempo están empezando a perderse”.

Por ello, advierten que “la situación económica de los científicos es extremadamente precaria”, debido a “las políticas científicas de los gobiernos”, reflejadas en “los EREs, las reducciones de salario, falta de becas, eliminación de programas de contratación, y en general, la falta de financiación de proyectos y contratos”.

Esta situación, según Ciencia al Futuro, ha obligado a muchos investigadores españoles “a exiliarse, en mejores o peores condiciones, o a dejar definitivamente la ciencia”.

Por todo ello, la organización ha decidido impulsar ‘Apadrina a un Científico’. “Si se pueden apadrinar niños en el Tercer Mundo o animales, ¿por qué no apadrinar a un científico?… Imagine lo que le puede resolver un científico dedicado exclusivamente a usted. Y todo por el módico precio de un apadrinamiento. Ahora puede tenercientíficos low-cost a su servicio. Aproveche la ocasión”, concluye la sardónica presentación de esta campaña de protesta.

En clave de humor

El portavoz del colectivo, Javier Sánchez, ha subrayado que se trata de promover una “sátira” mediante la cual se pretende asumir un camino “inexplorado y más atractivo” por parte de los científicos a la hora de llegar “algo más lejos” en lo tocante a transmitir sus reivindicaciones a la sociedad.

Así, los investigadores quieren “llamar la atención sobre la situación de precariedad”, para lo cual se ha instaurado una web donde, en clave de humor, se pone en contacto a investigadores que tienen necesidad de financiación y a padrinos que pueden sufragar esas investigaciones a cambio de tareas domésticas.

Dejando claro el tono irónico de la iniciativa -en la misma se publicitan ya servicios como ‘supernanny’, ‘cuidador de mascotas’, ‘limpiacristales’ o ‘cocinero’-, Sánchez ha explicado que “en ningún momento queremos poner en contacto a científicos para esta finalidad”, mientras que tampoco se pretende activar patrocinios o mecenazgos concretos.

El objetivo, por contra, es “poner de manifiesto lo importante que puede ser investigar o las graves consecuencias que puede tener la falta de recursos para concluir importantes proyectos de investigación, pero, sobre todo, la lamentable situación que atraviesan muchos investigadores, que en muchos casos perdemos nuestros puestos de trabajo”.

“Todo esto es culpa de la extremadamente penosa situación a la que nos están llevando las políticas científicas actuales, y que desde nuestro colectivo denunciamos una vez más”, ha recalcado, señalando que, tras contactos con plataformas de similares características y colectivos relacionados con la ciencia y la divulgación, se buscará ser ‘trending topic’ en Twitter -con el ‘hashtag’ #Apadriname-, así como la difusión “masiva” vía Facebook.

‘Apadrina un científico’: la última campaña de la ciencia española contra los recortes en I+D | Ciencia | EL MUNDO.

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10 mujeres que lideran la ciencia en América Latina – BBC Mundo

Son decenas y están por toda América Latina. Tienen en común su amor por la ciencia y una curiosidad del tamaño del Universo. Se trata de científicas que llevan a cabo investigaciones clave en diferentes campos, no sólo en la región sino en el exterior.

Algunas son veteranas, con carreras que llevan décadas; otras empezaron hace unos diez años. Han ganado premios, enseñan en las universidades y han escrito artículos en las publicaciones más importantes del ámbito científico internacional.

BBC Mundo habló con un grupo de científicas latinoamericanas, cuya labor ha sido resaltada por organizaciones como la Red Inter-Americana de Academias de Ciencias (IANAS, por sus siglas en inglés), la Unesco, la ONU y las autoridades de sus propios países. Les hicimos cuatro preguntas, dos científicas y las otras no tanto. Así nos respondieron.

Este trabajo forma parte de la temporada “100 Mujeres: la mitad del mundo habla”, en la que BBC explora los aportes y los retos de las mujeres en el mundo hoy.

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Raquel Chan

Bióloga argentina, directora del Centro Científico Tecnológico del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de la provincia Santa Fe.

Aporte: lideró el equipo de científicos que creó una semilla más resistente a la sequía. El gen HAHB-4.2, obtenido del girasol, también hace a los cultivos más tolerantes a la salinidad del suelo.

Lo que han dicho de su trabajo: en 2012 el gobierno argentino dijo que el descubrimiento “podría duplicar la productividad de la soja, el trigo y el maíz”. El hallazgo fue patentado en los principales países que compran y venden soja (Argentina, Brasil, China, Estados Unidos e India).

Sobre su carrera: “Demanda mucho trabajo y mucha pasión desde que uno elige hacer ciencia (…) Al hacer un doctorado, uno empieza a conocer lo que es la metodología científica, lo que es lidiar con las dificultades que muchas veces tenemos en nuestros países para llevar adelante los experimentos y las ideas que se nos ocurren”.

Sobre sí misma: “(Me defino) como una persona muy dedicada y que le gusta lo que hace”.

Lo mejor que le ha pasado profesionalmente: “Cada vez que uno de mis tesistas defiende su trabajo es un momento de muchísima emoción, pues uno ve que ha formado un recurso humano valioso.”Momentos lindos hubo muchísimos: cuando a un experimento le fue bien, cuando un trabajo fue aceptado en una revista de alto impacto, cuando una patente fue aceptada. Todo eso da muchísimo placer.

“(La creación de la semilla más resistente a la sequía) fue un proceso muy largo de investigación básica con grupos de investigadores que fueron cambiando a lo largo del tiempo. No fue un solo día y ¡Eureka! No fue como el descubrimiento de Newton cuando se cayó la manzana”.

Lo mejor de ser mujer: “En el combo hay muchas cosas buenas y malas. Tenemos una preparación para la vida mejor que los hombres. Estamos acostumbradas a darle de comer a un hijo mientras hacemos la comida, mientras pateamos algo, mientras cerramos la puerta y hacemos mil cosas a la vez. Tal vez es por una cuestión fisiológica, no lo sabría decir. También hay partes malas. Obviamente tenemos más tareas, más carga, que los hombres porque la sociedad sigue siendo bastante machista”.

Para leer más: 10 mujeres que lideran la ciencia en América Latina – BBC Mundo – Noticias.

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Una nueva ‘receta’ para fabricar células embrionarias

Células iPS fabricadas a partir de un fibroblasto de la piel

  • Juan Carlos Izpisúa descubre una receta alternativa a la fórmula de Yamanaka
  • Las nuevas iPS serían más seguras y sencillas que las del investigador japonés

 

En 2006, el japonés Shinya Yamanaka revolucionó la biología moderna al descubrir que una célula adulta (de la piel, por ejemplo) podía volver a tener las mismas propiedades que cuando aún estaba en el embrión. Es decir, la posibilidad de volver a ser embrionaria y transformarse en cualquier tejido del organismo. Un equipo de investigadores españoles acaba de demostrar que existe una receta más sencilla y más segura para obtener ese tipo de células, bautizadas como iPS.

Los trabajos del japonés (que le valieron el Nobel en 2012 por su hallazgo) demostraron que era posible añadir en la célula adulta cuatro genes para hacer retroceder su reloj biológico a la etapa embrión. Es decir, disfrutar de todas las ventajas de trabajar con células embrionarias (que son muy plásticas), pero sin los problemas éticos de manipular embriones humanos.

Sin embargo, la fórmula Yamanaka tiene un problema, de los cuatro ingredientes utilizados OCT4, SOX2, KLF4 y c-MYC, el más imprescindible (OCT4) ha resultado ser también el más peligroso, porque está relacionado con la transformación de esas mismas células en malignas. Es decir, a lo largo del proceso pueden producirse fallos que ocasionen cáncer.

Un nuevo trabajo en la revista ‘Cell Stem Cell’, dirigido por el español Juan Carlos Izpisúa, director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB), parece haber hallado una fórmula más sencilla, pero también más segura, de obtener iPS.

Como él mismo explica a ELMUNDO.es, su ‘receta’ no consiste en añadir genes que fomenten la pluripotencialidad de la célula adulta, sino en alterar el equilibrio de sus propios genes. Es decir, para que los restos de pluripotencialidad que aún conserva una célula adulta pasen a mandar más que sus genes de diferenciación.

Los ingredientes tienen nombres complejos, como GATA3 o ZNF521; y de hecho, emplean también alguno de los factores Yamanaka (como KLF4 y cMYC). Pero como explica la primera firmante, Nùria Montserrat, por primera vez se ha demostrado que OCT4 no es imprescindible, como se creía hasta ahora. Quizás lo más importante, añade la investigadora del CMRB, es que ya existen algunos compuestos capaces de modular esas vías, por lo que trabajan ya en la posibilidad de crear células iPS a partir de fármacos que actúen sobre esos mismos genes ahora descubiertos.

El segundo objetivo de Izpisúa y su equipo es tratar de reprogramar las iPS obtenidas hacia cualquier tejido del organismo. De hecho, anuncia sin querer entrar en detalles (“porque aún no está publicado”) trabajan ya en la creación de un órgano complejo fabricado a partir de estas células embrionarias de laboratorio; “porque estas células pluripotenciales han demostrado ser tan plásticas como las generadas por la vía Yamanaka”.

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¿Quién es capaz de poner nota a la ciencia? | EL PAÍS

Los Gobiernos y muchas empresas recurren a la revisión por pares para decidir qué investigación financian

Aunque puede haber conflictos de interés, los expertos coinciden en que es el mejor sistema

La gran complejidad de la ciencia exige que sean los propios científicos quienes determinen su calidad e interés. / HANS-GUENTHER OED (GETTY)

Solo los propios científicos pueden determinar con rigor qué investigación científica es relevante, de alto nivel y merecedora de recibir financiación. Tan alto es el conocimiento que hay que tener para valorar un proyecto de investigación, tan especializada es ya la ciencia, que solo los propios expertos están capacitados para ponerle nota. No valen ni sabios universales (que no los hay), ni ministros, ni instituciones aisladas. En esto están de acuerdo los expertos y todos los países que tienen —o aspiran a tener— un sistema de I+D desarrollado, y que hacen recaer el peso de la selección de la investigación sobre un sistema de evaluación dentro de la propia comunidad científica, con matices y variaciones aquí o allá, pero siempre con lo que se denomina revisión por pares, o peer review —en inglés, que es el idioma de la ciencia—. Y es que si uno trabaja en la frontera del conocimiento, solo quien también esté en esa avanzadilla puede entender y valorar el interés de lo que se investiga, si se está haciendo bien y si realmente es algo nuevo y desconocido. Por supuesto, toda persona puede emprender la búsqueda, pero si pretende que se la financien, tendrá que pasar algún tipo de evaluación que determine que merece la pena.

El Plan Nacional de I+D+i asignó el año pasado 309 millones a 3.100 propuestas

“Nadie puede garantizar la perfección al 100%, pero el sistema de peer review es bueno y no se aprecia ninguna deficiencia obvia”, señala Francisco del Águila, catedrático de la Universidad de Granada y gestor del Programa de Física de Partículas y Aceleradores del Plan Nacional de I+D. Parece que el sistema de evaluación de la ciencia es un poco como el Estado de derecho, que no es perfecto, que precisa siempre atención para mantenerlo saludable y para superar sus tensiones intrínsecas, pero no se conoce un sistema alternativo mejor.

“No hay, probablemente, una actividad que sea tan frecuentemente evaluada como la científica”, señala Pere Puigdomenech, investigador del CSIC y experto en biología de plantas. “La revisión entre pares es un proceso de separación del polvo de la paja y de asignar recursos financieros escasos a los proyectos científicos que lo merecen”, añade Luis Sanz, investigador del CSIC y director del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (IPP).

Más formalmente lo explica la OCDE: “La revisión por pares es una evaluación técnica que, tradicionalmente, desempeña un papel central en la investigación científica y forma parte de los procedimientos de decisión para la asignación de recursos y la formulación estratégica de programas. Lo utilizan todos los actores de la investigación, incluyendo los Gobiernos y las empresas”.

Las directrices de política científica también inciden en la selección

Algunos ejemplos: el Consejo Europeo de Investigación (ERC) recibe cada año unas 10.000 propuestas de otros tantos investigadores de todo el mundo para recibir financiación en sus tres programas dedicados a ciencia en la frontera del conocimiento. Al final recibe luz verde —y dinero— solo un 10% de los investigadores que lo solicitan. El proceso de selección (revisión por pares) dura varios meses, es complejo y se gasta en él aproximadamente el 0,6% del total del dinero invertido en financiar las investigaciones aprobadas. “Pero el mayor desperdicio o despilfarro sería invertir el dinero en proyectos subóptimos o de segundo nivel, eso sí que sería tirar el dinero del contribuyente”, comenta, desde Bruselas, Alejandro Martin Hobdey, jefe de coordinación de convocatorias del ERC.

¿Quién puede determinar si es interesante y factible ahondar en un determinado análisis de genómica, o la viabilidad de un experimento para conocer las características de una partícula elemental, o la técnica más adecuada para buscar planetas extrasolares sino los genetistas, físicos o astrónomos especialistas en esas cuestiones concretas? “Cuando se quiere elegir, por ejemplo, entre distintas ofertas para construir una vía de tren entre dos ciudades”, argumenta Martin Hobdey. “La Administración misma puede definir muy claramente el problema a resolver, con un sinfín de detalles como el trayecto que debe seguir la vía, la pendiente máxima, la curvatura máxima, las estaciones, etcétera”. Pero en ciencia, “puede haber solo unas pocas personas en el mundo capaces de juzgar un problema científico o si el problema está bien formulado”.

Resulta más costoso apostar por proyectos mediocres que pagar por inspeccionarlos

En España, desde el primer Plan Nacional de I+D, de 1986, los proyectos que tienen financiación del Estado —o de comunidades autónomas— pasan por un sistema de evaluación por pares, que también se aplica, por ejemplo, a los candidatos de contratos Ramón y Cajal y Juan de la Cierva. “Evaluamos cada año unos 25.000 expedientes, entre contratos y proyectos, y participan en los procesos unos 33.000 evaluadores”, explica Julio Bravo, director de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP). La suma total del dinero distribuido entre los 3.100 proyectos del Plan Nacional de I+D+i seleccionados en 2012 fue de 309 millones de euros y el coste de la evaluación, señala Bravo, fue el 0,5% de esa cantidad. “El sistema de evaluación ha permitido 30 años de financiación rigurosa de la ciencia”, señala Jacobo Santamaría, catedrático de la Universidad Complutense y gestor del área de materiales. “Antes el mecanismo no estaba estructurado y era un poco… un desbarajuste”.

36.000 científicos participan en las revisiones de la NSF estadounidense

La Fundación Nacional de la Ciencia (NSF, una de las dos grandes agencias federales estadounidenses de financiación de la investigación fundamental, junto con los institutos nacionales de salud) evalúa cada año 48.600 propuestas de investigación “y unos 36.000 científicos están involucrados en el proceso, siempre basada en el sistema de peer review”, explica Dana Topousis desde la sede de la NSF en Arlington (Virginia). En cuanto al coste, el presupuesto anual total de la NSF es de 5.350 millones de euros, de los que se gasta el 6% en gestión, operación y evaluación. “Absolutamente todas las solicitudes se someten al proceso de peer review con dos criterios: mérito intelectual e impacto”, añade.

“La revisión por pares facilita la estabilidad necesaria en ciencia y representa la tensión esencial entre la tradición y la innovación porque desafía a las ideas novedosas para que sean nuevas de verdad, insistiendo en la conexión con la tradición, con el conocimiento científico establecido”, apunta Sanz. Con variaciones en la forma de organizar la evaluación por pares, cuyo origen se remonta al siglo XVIII en la Royal Society británica, en todos los países desarrollados se recurre a ella a la hora de distribuir con eficacia la financiación de la I+D en las Administraciones públicas y, cada vez más, en entidades privadas.

El sistema nació en el siglo XVIII y aún se usa con algunas variaciones

Bravo explica el proceso que sigue la ANEP con los proyectos del Plan Nacional de I+D+i. Más de 7.000 investigadores presentan su solicitud cada año (los proyectos son trienales) y, tras verificar la documentación, se envían a los coordinadores de área (hay 26) “que son siempre del máximo prestigio”, recalca. Los coordinadores forman los paneles necesarios. Cada solicitud de proyecto se remite a dos científicos especialistas del tema para que hagan una evaluación individual (teniendo en cuenta las incompatibilidades en todo el proceso) y, si las notas de los dos discrepan en más de un 30%, se envía a un tercero o a un cuarto. Los criterios son: calidad del proyecto, planteamiento adecuado, novedad, capacidad del investigador principal para realizarlo, calidad del grupo y viabilidad.

Todos los evaluadores son voluntarios y asumen la responsabilidad por considerar que es una de sus obligaciones como investigadores (reciben unos 100 euros de remuneración por evaluación, que puede exigir horas de trabajo). Luego, el panel conjunto, con las evaluaciones individuales, confecciona una lista calificando cada proyecto. El Ministerio de Economía y Competitividad, por su parte, sigue su evaluación, sobre oportunidad e interés de cada propuesta y, al final, se integran las dos patas del proceso general para dar una valoración a cada solicitud y confeccionar la lista que permita seleccionar y asignar la financiación a los buenos. El proceso de evaluación dura, como mínimo, tres meses y las mayores dudas no se plantean entre los muy buenos o los malos, sino en las zonas grises, los intermedios. Al final es una decisión de política científica, sobre todo, cuando hay escasez de fondos, si se financia plenamente a los mejores o se reparten un poco el dinero para alcanzar a científicos que no están en cabeza.

“El sistema español quizás es demasiado garantista, tal vez porque es joven aún, en comparación con otros países, donde es más fluido”, apunta Del Águila. “El sistema de peer review permite seleccionar la ciencia de alta calidad, pero hay que tener en cuenta también que hay un criterio previo, de oportunidad, la política científica, que puede orientar la selección”. Y cuanto más se compartimenta la ciencia para plasmar decisiones de política científica, más se desvirtúan los resultados del peer review: si se asignan a priori recursos a objetivos diferenciados, es normal que en uno especialmente potente se queden fuera científicos o propuestas de muy alto nivel, mientras que en otro se rellene el cupo con algo de mediocridad.

Los voluntarios que evalúan los trabajos reciben unos 100 euros por caso

En el ERC el enfoque es puramente de abajo arriba, es decir, “son los científicos los que definen el problema concreto que quieren investigar y las posibles vías o soluciones que quieren encontrar”, apunta Martin Hobdey.

De vez en cuando la evaluación comete errores graves rechazando investigaciones que resultan ser muy importantes, pero antes o después el sistema acaba reparándolos en otra convocatoria.

El peer review tiene sus defectos, recuerda Puigdomenech, “el mayor de los cuales es el conflicto de intereses, porque el evaluador puede tener interés en el proyecto que evalúa, o amistad con el investigador, o todo lo contrario. La solución está en la transparencia del proceso, en utilizar el mayor número posible de evaluadores y en la mayor lejanía geográfica posible de estos respecto a quienes presentan los proyectos”. Aboga por la participación de científicos extranjeros en todo el proceso, lo que exige recursos. “Acaba siendo más caro financiar proyectos mediocres o contratar a gente poco calificada que pagar el avión a un investigador extranjero”, apunta Puigdomenech. En el sistema de la ANEP son extranjeros el 9% de los evaluadores, y hay áreas, como física de partículas, que siempre cuenta con expertos de otros países.

En Cataluña lo tienen muy claro con la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) que selecciona científicos de muy alto nivel. Para el proceso de evaluación se eligen “personas de reconocido prestigio académico y obligatoriamente tienen que estar trabajando fuera de Cataluña (con una proporción importante de extranjeros)”, señala Jaume Bertran Petit, director de ICREA. “Los criterios son de excelencia investigadora y proyección del candidato”. La institución recibe cada año unas 200 solicitudes y se hacen unos 15 contratos. “¿Que si es cara la evaluación? El total de los sueldos de los contratados (235) ascendió, en 2012, a 20 millones de euros, pero esos investigadores captaron 60 millones en proyectos competitivos”, zanja Bertran Petit.

¿Quién es capaz de poner nota a la ciencia? | Sociedad | EL PAÍS.

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El atlas más fino del cerebro

Un equipo internacional reconstruye la mente de una mujer en 3D en una resolución casi celular

El ‘BigBrain’ abre una vía para entender las bases neurobiológicas de la cognición, el lenguaje y las emociones, investigar enfermedades y desarrollar fármacos

Procesamiento de las capas del cerebro. / AMUNTS, ZILLES, EVAN ET AL (SCIENCE)

El sueño de un neurocientífico es llegar a conocer el cerebro humano con la misma precisión que el sistema nervioso del gusano Caenorhabditis elegans, cuyas 100 neuronas exactas con todas sus conexiones sinápticas son desde hace años un libro abierto para la ciencia. Y hoy se acercan más que nunca a ese ideal con BigBrain, una reconstrucción digital del cerebro humano completo en 3D y ultra-alta resolución que deja muy atrás a cualquier iniciativa anterior de este estilo. BigBrain es la herramienta esencial que necesitan los laboratorios neurológicos de todo el mundo para elucidar la forma y la función de nuestro cerebro. Y estará disponible públicamente a coste cero.

Hasta ahora existen otros atlas del cerebro, pero solo llegan al nivel macroscópico, o visible. Su resolución solo llega al nivel de un milímetro cúbico, y en ese volumen de cerebro caben fácilmente unas 1.000 neuronas. El nuevo BigBrain baja el foco hasta un nivel “casi celular”, según los científicos que lo han creado. Eso quiere decir que llega a discriminar cada pequeño circuito de neuronas que está detrás de nuestra actividad mental, y que puede abarcar toda la información disponible sobre el cerebro, desde los genes y los receptores de neurotransmisores hasta la cognición y el comportamiento.

Los investigadores han tomado 7.400 muestras de una paciente

El cerebro de referencia se basa en el de una mujer fallecida a los 65 años, que ha sido fileteado en 7.400 secciones histológicas de solo 20 micras (el espesor de un cabello, y cerca de la dimensión de una célula). El BigBrain, según sus creadores, abre el camino para entender las bases neurobiológicas de la cognición, el lenguaje y las emociones, y también para investigar las enfermedades neurológicas y desarrollar fármacos contra ellas. El modelo se presenta en Science y estará disponible para usuarios registrados en http://bigbrain.cbrain.mcgill.ca.

El trabajo ha sido coordinado por Katrin Amunts, del Instituto de Neurociencia y Medicina de Jülich, en Alemania; y Alan Evans del Instituto Neurológico de la Universidad McGill en Montreal, Canadá. Ambos explicaron su investigación en una teleconferencia para la prensa junto al editor de Science, Peter Stern.

Tal vez la línea celular humana más utilizada por los laboratorios de todo el mundo durante el último medio siglo sea la línea HeLa; el cultivo proviene de un tumor de útero que le fue extirpado en 1951 a una paciente llamada Henrietta Lacks (de ahí el nombre de la línea) que, pese a haber muerto unos meses después de la operación, consiguió así una singular forma de inmortalidad.

La voluntaria carecía de historial neurológico o psiquiátrico

No es extraño que los periodistas mostraran ayer un especial interés en la mujer de 65 años que ha visto inmortalizado su cerebro como un modelo digital que pervivirá durante siglos o milenios. Quién sabe si la neurociencia del futuro será capaz de reconstruir a partir de BigBrain los pensamientos y deseos más ocultos de esa mujer, los recovecos de sus emociones y las ambigüedades de su moralidad. Eso es desnudarse para la posteridad, ríanse ustedes de una autobiografía.

La insistencia de los medios, sin embargo, se topó con el compromiso insobornable de los científicos de preservar la intimidad de la mujer fallecida. Ni Amunts, ni Evans ni su colega Karl Zilles, ni por supuesto el editor de Science que había organizado la comparecencia, quisieron dar noticia sobre la vida que, de algún modo, han registrado para la posteridad. Amunts se limitó a decir que “carecía de un historial neurológico o psiquiátrico”, y que en ese sentido “es lo que llamaríamos un cerebro normal”. Este hecho, al menos, nos aparta del mito de Frankenstein por una vez.

“Los autores han ampliado los límites de la tecnología actual”, dijo Stern, que ve la investigación, en cierto modo, como la consecuencia natural del trabajo de los neuroanatomistas clásicos, con Cajal a la cabeza, que sentaron hace un siglo las bases de la descripción estructural del cerebro humano. La mayor parte de la gente, incluidos los estudiantes de medicina, tiende a ver la anatomía como un tostón fastidioso si bien ineludible para aprobar el curso.

Los ordenadores necesitaron 1.000 horas para completar el puzle

Pero si la biología nos ha enseñado una lección es que la forma explica la función, que entender el funcionamiento de un sistema biológico empieza siempre por ver su estructura. Recuerden la genética: la mera, simple y desnuda forma de la doble hélice del ADN, donde las letras de una hilera se complementan con las de la otra, explica por sí sola que los seres vivos puedan sacar copias de sí mismos. También la forma de las proteínas, con sus hélices y sus hojas y sus caprichosos plegamientos, suele explicar lo que hace cada una de ellas, desde quemar el azúcar que comemos hasta activar las neuronas que nos hacen pensar.

Stern, como muchos otros científicos, está convencido de que esa ley no formulada de la biología tiene jurisdicción también sobre el cerebro, sobre los mecanismos de nuestra vida mental. Somos formas. “Este trabajo puede verse como una culminación de la anatomía”, dijo el editor de Science. “Sin un profundo conocimiento de la estructura del cerebro nunca entenderemos el resto de la neurobiología”.

Evans también proclamó: “La gran ciencia ha llegado al cerebro”. El eslogan es una referencia velada a los proyectos genoma y los aceleradores de partículas, que ya implican cifras de seis dígitos, programación a medio plazo y unos equipos científicos cuyas firmas rara vez caben en la página de la revista científica donde se publican. Pese a que hay cientos de laboratorios en el mundo investigando en neurobiología, el cerebro no contaba hasta ahora con una gran planificación de este tipo, como las que se usan para secuenciar el genoma humano o encontrar el bosón de Higgs. La gran ciencia ha llegado al cerebro.

El resultado va a ser de acceso público para otros investigadores

Pese a la indudable profundidad de las cuestiones implicadas, los grandes logros del trabajo han sido de tipo técnico. “El proyecto ha sido un tour de force para ensamblar las imágenes de más de 7.400 secciones histológicas individuales”, explica Evans, “cada una con sus propias distorsiones, rasgaduras y desgarrones, en un todo coherente, un volumen en tres dimensiones. BigBrain permite por primera vez una exploración en 3D de la anatomía citoarquitectónica humana”. El prefijo cito significa célula, y en boca de Evans quiere enfatizar la gran resolución de su modelo, cercana al nivel celular: muy cerca del sueño del gusano Caenorhabditis elegans.

Los científicos tomaron el cerebro de la mujer muerta a los 65 años y lo encastraron en cera de parafina, un paso previo usual antes de una disección fina. Y esta fue finísima: las lonchas solo tenían 20 micras (milésimas de milímetro) de espesor. Ni siquiera un científico alemán tiene el pulso tan firme como para hacer eso, y los investigadores usaron una máquina especial para ese propósito, un microtomo gigantesco.

Las finísimas lonchas del cerebro de la mujer se montaron en portaobjetos y se trataron con sustancias que tiñen las estructuras celulares más importantes, muy a la Cajal o a la Golgi, si se mira bien. Lo que jamás podrían haber soñado esos grandes neurólogos del pasado es el prodigioso poder de computación, y la sofisticación de las matemáticas asociadas, al que tiene acceso la ciencia actual. Con todo, recolectar los datos llevó cerca de 1.000 horas, y los robots todavía no lo pueden hacer todo.

BigBrain, el gran mapa en 3D y resolución “casi celular” que ya forma parte del dominio público, es un gran paso hacia el entendimiento profundo del cerebro y la mente. Su objetivo no es otro que comprender los fundamentos neurobiológicos del aprendizaje y la adquisición de conocimiento, del lenguaje y las emociones, de la torpeza y de la creatividad humana. Es público y gratis, y de momento no sirve para espiar a nadie.

El atlas más fino del cerebro | Sociedad | EL PAÍS.

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Contra la ciencia orientada al sector privado

Investigadores españoles denuncian en la revista ‘Science’ la política del Gobierno que vuelca el esfuerzo de I+D hacia las empresas

La política de I+D+i del Gobierno supone una reorientación de la financiación pública de la ciencia hacia la innovación en el sector privado, por lo que se ponen en riesgo los beneficios para la sociedad y la economía derivados de la investigación, denuncian tres científicos españoles en la revista Science. A esto hay que sumar, además, los drásticos recortes de financiación que el sistema de investigación y desarrollo español está sufriendo desde 2009. La prestigiosa publicación científica estadounidense recoge el artículo de Luis Santamaría, Mario Díaz y Fernando Valladares bajo el título Nubes oscuras sobre la ciencia española, que pone el énfasis en las líneas de política científica que ha venido marcando el ministro responsable de I+D, Luis de Guindos. Es fundamental que la I+D+i “se integre en la competitividad de la economía española y, para eso, es fundamental que busque retornos en el ámbito de los mercados”, declaró hace unas semanas De Guindos.

En resumen, lo que el Gobierno está haciendo, argumentan los tres investigadores en Science, es, utilizando un dicho popular, desvestir un santo para vestir otro.

“La controvertida Estrategia Española de Investigación y Desarrollo 2013-2020 y el Plan Estatal de I+D 2013-2016 que la implementa persiguen, por una parte, reducir el apoyo público a la investigación básica y la educación y llevarla hacia la investigación aplicada orientada al mercado, y por otra, incentivar la participación privada en la transferencia de tecnología mediante la redirección de los fondos públicos hacia las empresas privadas”, escriben Santamaría, Díaz y Valladares. El primero de ellos es investigador del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados y presidente de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia y la Tecnología, los dos segundos son investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

La Estrategia 2013-2020 y el Plan 2013-2016, cuyos proyectos aún no ha convocado este año el Ministerio de Economía y Competitividad, fueron aprobados por el Gobierno en febrero de este año. “De los 11 objetivos del Plan, 10 están enfocados a la financiación privada, la transferencia de tecnología y la innovación. Y solo dos de los 22 indicadores de cumplimiento se refieren a la calidad científica, mientras que 12 de ellos se dedican a la financiación y la transferencia de tecnología y la innovación”, explica Santamaría.

Los tres científicos reclaman en su artículo una distribución equilibrada de inversión pública en investigación e innovación, así como un “mejor seguimiento y evaluación de la inversión pública en el sector privado”.

La estrategia a seguir, exponen Santamaría, Díaz y Valladares, no debe poner en riesgo la ciencia básica y necesita sistemas eficientes de incentivos para atraer más inversión privada y apoyo para las sinergias existentes con la pública. “En lugar de crear una dicotomía innecesaria entre investigación básica e innovación, las políticas públicas deberían abordar los factores clave que limitan la mejora de ambas”, explica Santamaría.

“El sector español de innovación en España está obstaculizado por el pequeño tamaño y baja cultura innovadora de la mayoría de las empresas, el reducido sector de alta tecnología y el crecimiento marginal de los sectores emergentes, la falta de una cultura de financiación para la innovación, la falta de colaboración entre firmas y la insuficiente demanda interna de innovación”, escriben los investigadores en Science. Recuerdan que el 59% de los presupuestos públicos de I+D en 2012 eran créditos dirigidos a las empresas, pero que la escasa demanda por parte de estas dejó gran parte de esa cantidad sin utilizar.

Mientras tanto, los recortes masivos de la inversión en ciencia están estrangulando el sistema. “Entre 1998 y 2008, el gasto en I+D+i en España se triplicó”, recuerda Santamaría. Pero los recortes de los últimos años (más del 40% desde 2009) han hecho retroceder a la I+D+i a los niveles de hace 10 años, añade. Esos recortes, además, están perjudicando también a la I+D privada, porque suele desarrollarse en colaboración de empresas con investigadores del sistema público que está dramáticamente mermado en recursos y en personal científico y técnico.

“El Gobierno tiene una visión muy miope de cómo funciona el sistema de I+D+i porque en ningún país desarrollado se construye la investigación aplicada y la innovación creando una competencia con la investigación básica, pretendiendo construir la innovación sin ideas sobre las que innovar”, resume Santamaría.

La política científica que se ha puesto en marcha por este Gobierno, recalca Santamaría, se basa en “un discurso falso”: se ha aireado una y otra vez que en los últimos 10 años, los resultados de la ciencia española han aumentado en cantidad, pero no en calidad. Sin embargo, destaca, los datos que han manejado estos tres investigadores muestran que la cantidad de publicaciones científicas de España se ha duplicado en 10 años y la calidad se ha triplicado. Es decir, y siguiendo el dicho popular, el santo que se desviste es el que funciona.

Aun así, el sistema público de ciencia necesita un repaso, añaden los tres investigadores, reduciendo la carga burocrática del sistema público de investigación y mejorando el sistema de evaluación de la ciencia para relacionar más estrechamente que ahora la financiación con los resultados.

“Es crítico revertir los recortes y optimizar la utilización de fondos”, escriben Santamaría, Díaz y Valladares en Science. “La investigación básica se puede trasladar en nuevas tecnologías y tener un mayor impacto social y económico a largo plazo que la investigación orientada al mercado; un excesivo énfasis de los Gobiernos y las Universidades sobre agendas de investigación dirigidas puede poner en peligro esos beneficios”, concluyen.

Contra la ciencia orientada al sector privado | Sociedad | EL PAÍS.

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Los científicos saldrán a la calle el 14-J para pedir un pacto por la ciencia

Los científicos españoles continúan con sus movilizaciones y protestas ante el sombrío panorama que se presenta para sacar adelantes sus investigaciones. Según han anunciado, saldrán a la calle el próximo 14 de junio en distintas ciudades españolas para reivindicar que se abra un proceso de negociación que concluya en un acuerdo social y político para “preservar la I+D+i de los vaivenes económicos y políticos” y evitar la “ruina” del sistema científico.

Convocados por el Colectivo Carta por la Ciencia, los investigadores están convencidos de que solo en el marco de una “estrategia consensuada” entre Gobierno, partidos y agentes sociales podrá diseñarse una salida viable a la crisis, “una salida -sostienen- en la que laciencia y la tecnología constituyen elementos básicos“.

El Colectivo ha preparado una segunda Carta de la Ciencia para recabar firmas que serán de nuevo enviadas al al Gobierno y grupos parlamentarios para intentar paralizar la durísima política presua los puestaria lanzada contra el sistema español de I+D+i. Según denuncian, “os hechos sucedidos desde entonces no han hecho sino agravar el penoso escenario que denunciábamos”. Este colectivo, que reúne a sociedades y organizaciones científicas, sindicatos y representantes de las universidades, publicó hace un año una carta abierta en protesta por los recortes en I+D+i, que recibió el apoyo de más de 40.000 personas.

La Segunda Carta por la Ciencia se puede firmar desde la plataforma Change.org

Ahora plantean movilizaciones en varias ciudades españolas, entre ellas Barcelona, Valencia, Sevilla, Granada o Zaragoza (el calendario aún no está cerrado, y una nueva revisión de la citada carta abierta.

Ruina del sistema científico español

En este sentido, anuncian un decálogo de demandas, entre ellas la apertura de conversaciones para alcanzar un acuerdo por la I+D+i y la creación de la Agencia Estatal de Investigación, que se debería haber aprobado a mediados de 2012, según la Ley de Ciencia.

Los científicos piden además coherencia en relación a los recursos humanos para atraer y retener talento en España, la eliminación de la restricción del 10 % en la tasa de reposición de empleo público e inversiones que permitan cumplir el compromiso del 2 % del PIB para I+D+i en 2013-2016 (el Gobierno habla de 2020).

Solicitan la puesta en marcha del Plan Estatal de I+D+i 2013, mantener la inversión pública en ciencia básica y ejecutar al cien por cien el presupuesto aprobado por las Cortes Generales.

Además, demandan transferir fondos a los centros de investigación con proyectos aprobados, independientemente de si su comunidad ha cumplido el objetivo de déficit y aplicar y desarrollar el título II de la Ley de Ciencia (relativo al personal investigador).

“De no adoptarse un cambio de rumbo, la actual situación puede derivar en la ruina del sistema científico español“, según este colectivo, que pide a rectores, directores y a todos los trabajadores del sistema de I+D+i el apoyo al nuevo texto.

El Colectivo Carta por la Ciencia lo integran la Confederación de Sociedades Científicas de España, la Confederación de Rectores de Universidades Españolas, CCOO, UGT, la Federación de Jóvenes Investigadores y la Plataforma Investigación Digna.

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