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El VIH muestra su fortaleza | EL PAÍS

La quimioterapia más agresiva no lo erradica

El virus rebrota en dos de los tres hombres se creían ‘curados’

Las esperanzas de que algún día las personas con VIH consigan erradicarlo han sufrido un traspiés. Los médicos que atendían a los dos pacientes de Boston, los hombres que tras someterse a un tratamiento para la leucemia parecía que habían erradicado el virus, dieron a finales de diciembre en un congreso en Miami la noticia de que habían recaído. Aún queda uno: Thimoty Brown, el paciente de Berlín, que lleva desde 2007 sin necesitar medicación y sin dar manifestaciones de que el virus se haya reactivado.

“Fue una bomba”, dice el infectólogo Santiago Moreno, del hospital Ramón y Cajal de Madrid, quien asistió a aquel congreso en Mami. “Uno llevaba 18 semanas y otro alrededor de medio año”, recuerda Moreno de los dos casos, que se habían presentado a mitad de julio en Kuala Lumpur (Malasia). En la mayoría de los casos, el virus reaparece alrededor de un mes después de suspenderse la medicación, por lo que había esperanzas de que los hombres hubieran superado ya esa fase de peligro, pero no ha sido así. “Nuestro gozo en un pozo. Con eso no es suficiente”, reflexiona Moreno, quien da además otros detalles: “En estas personas, el virus reapareció con inusitada violencia. Llegaron a niveles de carga viral [la concentración de VIH en sangre] muy superior al que habían tenido antes. Eso sí, en cuanto volvieron a tomar la medicación respondieron de inmediato”.

Al igual que en el caso de Berlín, los dos hombres tenían una leucemia. Fue precisamente al tratarles con una quimioterapia intensiva para destruir las células cancerosas cuando se creyó que se habían eliminado los reservorios del virus. “La principal diferencia es que, después de ello, al paciente de Berlín se le trasplantaron células madre de una variante resistente al VIH, y a los otros no”, explica Juan Berenguer, del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y presidente del Grupo de estudio del Sida (Gesida) de la Sociedad Española de Enfermedades infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc). Esa diferencia es la que hizo que en el caso de Brown no haya habido una recidiva del virus, y sí se haya producido en los otros dos.

Pero, más allá de los casos, lo que interesa a los expertos son las consecuencias, lo que se aprende de este fracaso. A corto plazo poco cambia para los afectados: “Nunca habíamos planteado tratar así a las personas con VIH”, dice Berenguer. “Los tratamientos actuales son muy eficaces y mucho menos peligrosos que una quimioterapia tan fuerte, que puede ser hasta mortal”, recalca. “Quitando cuestiones como la económica, y la muy importante del estigma, hoy día el sida es una enfermedad más de las que necesitan una medicación de por vida. ¡Qué más quisiera una diabético de 30 años que tener un tratamiento tan cómodo!”, afirma Berenguer.

Pero en lo que los especialistas están de acuerdo es en que estos tres casos (al que podría unirse el de una niña que también se supone curada del VIH después de ser sometida a una fuerte medicación con antivirales nada más nacer) era una prueba de concepto, una demostración de que algo que hasta poco se creía impensable: que una persona no solo controle el virus, sino que este desaparezca o quede en niveles tan bajos que el propio organismo, sin necesidad de pastillas, lo controle. Esto último es lo que se denomina una curación funcional, y expertos en el VIH como Robert Gallo, creen que ahora es algo posible. “He tenido dudas al respecto durante los últimos 30 años. Peor en el último me dije: ‘Hay que ser realista’. La curación funcional es un objetivo a nuestro alcance”, ha dicho Gallo.

Se trata de un proceso muy complicado porque el virus de la inmunodeficiencia es un retrovirus. Esto quiere decir que tiene una especial capacidad para esconderse, para refugiarse. No es solo que se meta en células del huésped (los glóbulos blancos para destruirlos, la médula o el sistema linfático para esconderse). Es que llega casi a desaparecer. Sus proteínas de cubierta se destruyen, y su material genético se integra en el de las células invadidas, camuflándose entre el resto de los genes del individuo. Desde ahí se manifiesta generando nuevos virus. Por eso es tan difícil de eliminar.

Ahora sabemos que la erradicación es posible”, dice Santiago Moreno

Berenguer abunda en esta idea. “Para demostrar que un perro puedo hablar no haría falta hacer un ensayo doble ciego; bastaría con que hubiera uno que lo hace. El caso de la erradicación del VIH es similar: ya tenemos un caso en el que parece que eso ha sucedido. Es una prueba de concepto”.

Este es el mensaje positivo de estos casos. “Lo que hemos aprendido”, ha dicho Anthony Fauci, director del NIAID (Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de EE UU). Esta lectura, la del aprendizaje, es algo más que una frase hecha. En el mundo del VIH hay dos asuntos que, hasta ahora, siempre se han resistido: la vacuna y la erradicación. En 30 años no se ha conseguido encontrar una solución a esos dos problemas. “Pero ahora sabemos que en el caso de la erradicación, es posible; lo que tenemos que hacer es encontrar el sistema”, dice Moreno.

El método usado con Timothy Brown no es aplicable a los 35 millones de personas con el virus que hay en el mundo. “Su curación fue una consecuencia colateral; se la encontraron al tratarle la leucemia”, insiste Berenguer. Pero puede ser un camino. “Quizá con una quimioterapia no tan fuerte, añadiéndole algo; una vacuna terapéutica, un fármaco que bloquee los receptores, un medicamento antilatencia [que obligue al virus a salir de su escondrijo para que pueda ser destruido]”, apunta Moreno.

No era pensable tratar a los pacientes con quimioterapia”, afirma Juan Berenguer

Que algo se puede hacer está claro. “Que el virus haya tardado tanto en reaparecer en estos casos es elocuente. Es posible que una quimioterapia menos agresiva con antivirales tenga el mismo efecto”, indica Moreno.

Hay más líneas ya abiertas. En la 99 Asamblea de la Sociedad Norteamericana de Radiología que acaba de celebrarse en Chicago, Ekaterina Dadachova, de la facultad de Medicina Albert Einstein de la Universidad Yeshiva de Nueva York presentó una aproximación parecida, basada en radioterapia en lugar de quimioterapia. “Para combatir el VIH necesitamos un sistema que elimina las células infectadas sin dañar las no infectadas”, dijo. Y, al igual que se está intentando con el cáncer, que tiene un problema parecido, la idea es encontrar receptores celulares específicos que lleven la radiación hasta las células infectadas. Dadachova lo ha conseguido en laboratorio, con cultivos celulares, indica la revista Medical News Today. Es solo un primer paso que deberá confirmarse más adelante. Pero son signos de que algo se mueve. Aunque no sea urgente, como señala Berenguer, dada la existencia de tratamientos antivirales que consiguen unos buenos resultados en general que han permitido que la esperanza de vida de los infectados sea –salvo fracaso terapéutico- equivalente a la de otras personas de su edad, un futuro sin pastillas parece un prometedor reto al que no se quiere renunciar.

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La OMS pide la eliminación del mercurio en todos los instrumentos médicos

  • Este viernes, 140 países firman la iniciativa ‘Salud libre de mercurio en 2020’
  • El objetivo: eliminar este metal de instrumentos médicos como los tensiómetros
  • La OMS trabajará con los países para garantizar el cumplimiento del acuerdo
  • Intentará también eliminar el uso de este elemento químico de los empastes

Este viernes se firma la iniciativa ‘Salud libre de mercurio en 2020’ bajo el marco del convenio de Minamata. Dicho acuerdo pide la eliminación definitiva de termómetros y tensiómetros que contengan mercurio. Es decir, se pondrá fin a la producción, importanción y exportación no sólo de instrumentos médicos que incluyan este elemento químico, también de otros productos que lo contienen (como pilas e interruptores) de aquí a 2020.

“Con la firma de la Convención de Minamata conseguiremos proteger al mundo para siempre de las devastadoras consecuencias que el mercurio tiene en la salud”, afirma la Directora General, Margaret Chan. Se trata de “uno de los 10 elementos químicos de mayor preocupación para la salud pública. Se dispersa y permanece en los organismos durante años, causando graves enfermedades y discapacidad intelectual a la población expuesta”, continúa. Puede causar daño cerebral, especialmente entre los jóvenes; desórdenes en el sistema nervioso, inmunitario y reproductor, daños renales y digestivos.

Hace muchos años que los expertos lo advertían, al igual que anunciaban el incremento de las emisiones de este metal. Después de varias negociaciones, al al final, a principios de este año, 140 países llegaron a un acuerdo vinculante para la reducción de sus emisiones que finalmente se suscribe este viernes.

Para conseguirlo, “el Convenio establece un plan de acción para que los países firmantes eliminen las formas más perjudiciales del uso del mercurio, reduzcan las emisiones de este metal procedentes de la industria, promuevan alternativas sin mercurio asequibles y seguras, protejan a los niños y a las mujeres en edad fértil (el mercurio plantea una amenaza especial para el desarrollo del niño en el útero) de la exposición a este elemento químico y tomen medidas para mejorar la salud y el bienestar de los trabajadores que estén en contacto con el mercurio”.

Aunque, de momento, la Convención de Minamata permite que se sigan utilizando aparatos médicos de medición con mercurio hasta 2030 sólo en circunstancias especiales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la coalición internacional Salud sin Daño insisten en que, dadas las tremendas consecuencias que la exposición al mercurio tiene en la salud, debería mantenerse 2020 como fecha límite.

“La OMS trabajará con los gobiernos para garantizar que cumplan sus obligaciones en virtud del convenio, especialmente en las áreas de salud“, señala la doctora María Neira, directora de la OMS para Salud Pública y Medio Ambiente. “Esto requiere la eliminación de termómetros y tensiómetros de mercurio”, aunque la OMS y sus asociados del sector de la salud se comprometen, además, a intentar eliminar el mercurio de los antisépticos tópicos y de los cosméticos para aclarar la piel. También quieren desarrollar medidas para “eliminar el uso del mercurio en empastes y otros productos dentales” y fomentar el intercambio de información sobre la investigación en salud pública.

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Acoso científico al azúcar

La revista ‘National Geographic’ (NatGeo) es una de las publicaciones de más prestigio en el mundo. También unas de la de mayor tirada (6 millones de ejemplares cada mes). La portada del ‘Nat Geo’ de este mes de septiembre es diferente a casi todas las que suelen publicar. Una foto de un dulce apetitoso y un título que dice “Azúcar, por qué no podemos resistir su tentación”. La razón por la que los editores de Nat han apostado por esta cover, en lugar de por la de los leones del Serengeti -puesto que hay un reportaje de ellos, largo y espectacular en su interior-, quizá tiene que ver con la gran sensibilización que los últimos meses está creando la comunidad científica para que se baje el consumo de hidratos de carbonos simples (glucosa y fructosa) que están excesivamente presentes en las dietas de la sociedad moderna y que, con su índice glicémico elevado, se les considera uno de los principales culpables de la pandemia de obesidad, y sus consecuencias, que se ha instaurado en casi todo el mundo.

Ya en sus páginas interiores el título del reportaje es rotundo: “Amor por el azúcar, una historia no tan dulce”. El artículo arranca hablando del problema de la obesidad en el estado de Mississippi y ligando el mismo al aumento de la ingesta de azúcar en esa región. El uso de este nutriente se ha elevado una forma rampante los últimos años y el ejemplo de solo en EEUU se consumen 35 kilos de azúcar anualmente por habitante es significativo.

De un tiempo a esta parte el azúcar se está convirtiendo en uno de los malvados, quizás el más importante, de la película de sobrepeso y obesidad que casi todo el planeta contempla en las últimas décadas.

El azúcar refinado, la fructosa en el caso de las bebidas azucaradas, o la combinación de estos dos elementos, cuando entran en el estómago vanprácticamente directos a la sangre y hacen que el páncreas reaccione casi inmediatamente liberando insulina para metabolizar estos productos. Y ahí empieza el resto de la trama.

Las células del organismo y más concretamente las del hígado se ponen en marcha para poder metabolizar hidratos de carbono simples -y la glucosa y la fructosa lo son- y generan grasa, triglicéridos, resistencia la insulina, sobrepeso, hipertensión y diabetes tipo 2. Y al final, síndrome metabólico, un mal de nuestro tiempo, que prácticamente no se conocía hace tan sólo 20 años.

Existen rotundas opiniones científicas acerca de la relativa maldad del consumo excesivo del azúcar. Se dice que en cantidades elevadas es, incluso, un elemento tóxico.

Probablemente no queda más remedio que intentar renunciar un tanto a esta sustancia aun reconociendo que tiene un poder adictivo poderoso.

Por otra parte, da la impresión de que los medios de comunicación de prestigio se están poniendo de acuerdo para mejorar la dieta de todos los ciudadanos. La revista ‘Scientific American’, también de este mes, publica un monográfico precisamente sobre nutrición y dieta. Algunos de los artículos que allí ven la luz son sugerentes: “Todo lo que usted creía saber sobre las calorías es falso” o este otro: “Qué es exactamente lo que engorda”. El mensaje final de los dos reportajes es determinante: el axioma que reza que las calorías que entran deben estar en equilibrio con las que se gastan puede ser, hasta cierto punto, falso. A veces la calidad de las mismas es más importante que la cantidad.

La recomendación de los nutricionistas es que los hidratos de carbono que consumamos deberían de ser fundamentalmente complejos, evitando en la medida de lo posible los refinados. Frutas, verduras, harinas y arroz integrales, legumbres… es lo que sería adecuado. Bebidas azucaradas, siropes, dulces y chuchería, harinas refinadas, lo menos recomendable.

Asimismo, algunos tipos de grasa empiezan a perder la mala imagen que han tenido durante tanto tiempo. El aceite de oliva extra virgen y los frutos secos protegen las arterias, engordan menos de lo que se pensaba y probablemente habría que incorporarlos a nuestra dieta diaria. En los próximos años seguro que habrá un aluvión de estudios que apuntalen la excelencia de los hidratos de carbono complejos y de las grasas ahora llamadas saludables. El reto consistirá en convencer a ciudadanos, gobiernos e industria alimenticia para que entre todos se consiga una nutrición mucho más racional de la que ahora estamos haciendo.

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La flora del intestino se alía con el virus del sida

Imagen al microscopio de una bacteria ‘E. coli’ en el intestino.| CDC

Las mucosas del intestino son una de las primeras ‘dianas’ elegidas por el virus del VIH cuando infecta al organismo humano. Desde hace algunos años, el papel del virus del sida en este tejido se investiga con interés por su relación con la inflamación y por el efecto que el patógeno podría tener en el sistema inmunitario de los pacientes a través de esta vía.

Esta semana, un estudio publicado en las páginas de la revista ‘Science Traslational Medicine’ incide en esta cuestión y señala que el virus del VIH es capaz de alterar la flora bacteriana del intestino de los pacientes infectados, independientemente de que estén tomando tratamiento antirretroviral.

La investigación, dirigida por Ivan Vujkovic-Cvijin, de la Universidad de California (en San Francisco, EEUU), se llevó a cabo con 32 pacientes portadores del VIH y otros nueve individuos sanos. Con sofisticadas técnicas de análisis, pudieron observar que la presencia del virus del sida en el organismo de una persona es suficiente para que la flora bacteriana de su intestino presente un perfil alterado.

“Aunque ya había evidencias de que la microbiota del intestino juega un papel en la progresión del VIH, nuestro estudio ha utilizad tecnología muy sofisticada para poder analizar hasta 60.000 bacterias en cada muestra”, señala Vujkovic-Cvijin a ELMUNDO.es.

Aunque el intestino humano es el hogar de millones de bacterias de todo tipo , la mayoría de ellas benignas, los pacientes seropositivos mostraban mayores niveles de bacterias patógenas, como Pseudomonas, Escherichia coli, Salmonella o Staphylococcus.

El trabajo también observó que algunos de estos patógenos actúan sinérgicamente con el virus del VIH, debilitando la pared intestinal y la función inmune del sistema digestivo (el intestino juega un papel clave en el sistema defensivo del organismo, impidiendo que bacterias y virus pasen al torrente sanguíneo). Por este motivo se atreven a sugerir que algún tipo de tratamiento “para manipular las comunidades bacterianas del intestino” podría beneficiar potencialmente la evolución de la infección por VIH.

“Si fuésemos capaces de validar la hipótesis de que son esas bacterias las que dirigen la inflamación crónica [que sufren los pacientes con VIH], podríamos diseñar estrategias para modular la microbiota intestinal a base de probióticos, prebióticos o incluso antibióticos, aunque estos últimos tienen el riesgo añadido de que también eliminan bacterias beneficiosas para la salud”, añade el investigador.

Aunque aún es pronto para establecer conclusiones definitivas, no es la primera vez que se sugiere algo así. Ya en 2011, otro pequeño estudio publicado en la revista ‘Nature’ señalaba que el uso de probióticos (para reforzar las bacterias beneficiosas) mejoraba la microbiota intestinal en individuos con VIH y reforzaba el papel de algunas de sus células defensivas (CD4 y las llamadas ‘natural killers’, que juegan un papel clave en la enfermedad).

El estudio no ahonda en las causas que podrían explicar esta alteración de la flora bacteriana, pero sí sospecha que tiene que ver con la cascada de inflamación que se desencadena en el organismo por la infección por VIH y sustancias concretas como las citoquinas. “Incluso en seropositivos en tratamiento, existen altos niveles de inflamación en los tejidos del organismo que aumentan el riesgo de mortalidad. Nuestra hipótesis es que incluso con niveles de VIH indetectables, son las bacterias intestinales las que modulan y dirigen esa inflamación crónica típica de los pacientes con VIH”, concluye Vujkovic-Cvijin.

La flora del intestino se alía con el virus del sida | Sida y Hepatitis | elmundo.es.

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Desarrollan vacuna de oro para infecciones virales en bebés y niños

El VRS es una de las principales causas de hospitalización en bebés.

Cada año, unas 65 millones de personas en todo el mundo, la mayoría niños y ancianos, se contagian del virus respiratorio sincitial (VRS). Es la mayor causa de infecciones durante la niñez y aun así no hay una vacuna para prevenirlo.

Esta situación podría cambiar con el oro. Científicos en Estados Unidos desarrollaron un método de vacunación que utiliza nanopartículas de este metal para imitar el virus y llevar proteínas específicas a las células del sistema inmune del cuerpo.

“Sabíamos que el oro era seguro de inyectar bajo ciertas circunstancias y que se podía hacer en partículas muy pequeñas”. James Crowe le contó a BBC Mundo que así fue como surgió la idea. Esta técnica, publicada en la revista Nanotechnology, se diferencia del enfoque tradicional de usar virus muertos o inactivos como vacuna.

Lo que hizo el equipo de investigadores fue utilizar una proteína de la superficie del virus, que es lo que le permite al sistema inmune reconocerlo, y la transfirieron a la superficie de la partícula de oro. “Así el cuerpo piensa que ha visto a un virus o algo parecido a un virus, aunque en este caso las partículas no pueden crecer como los virus”, señala Crowe, pediatra y especialista en virología de la Universidad Vanderbilt en Tennessee, Estados Unidos.

Intentos fallidos

Hasta ahora, las vacunas más prometedoras se han hecho con virus débiles, que están vivos, y que en algunos casos causan problemas a las personas asmáticas o con un sistema inmune débil.

“Nuestra vacuna experimental no crece porque se trata de partículas inanimadas. Esto nos permite controlar exactamente cuánta proteína del virus se libera”, aclara el experto.

Según el científico, no se espera que esta vacuna cause problemas debido a que no crece. En el laboratorio, los investigadores pusieron a interactuar la vacuna con células humanas de personas sanas, lo que les permitió ver cómo este nuevo método estimulaba las células inmunes en la sangre. “El siguiente paso será usar estas partículas como vacuna en animales”, agrega Crowe.

VRS es la causa más común de neumonía y jadeo en niños de todo el mundo. En muchos países, incluyendo Estados Unidos, es la causa más común de hospitalizaciones en niños.

Objetivo cuesta arriba

Si bien conseguir una vacuna para este virus es una de las prioridades de la Organización Mundial de la Salud, la tarea ha probado ser dispendiosa.

Una de las razones se debe a que la mayoría de los casos son hospitalizaciones de bebés de seis semanas de nacidos. “Así que necesitamos una vacuna que funcione al nacer”, explica Crowe.

“Y este es un período muy difícil para inmunizar a los bebés de una forma segura, debido a que su sistema inmune es todavía muy inmaduro”. El especialista considera que este método se podría aplicar para la elaboración de vacunas de casi cualquier virus. “Estas partículas son del tamaño correcto para la mayoría de virus comunes que infectan a humanos e incluso a animales”.

La técnica de colocar proteínas en partículas es increíblemente compleja. Estos investigadores de EE.UU. sabían que el oro era uno de los metales que por lo general no eran tóxicos al cuerpo. Ya se usa en otros tratamientos para algunos tipos de artritis y trastornos reumatoides. Pero crear las partículas de una forma que les permitiera interactuar con un sistema biológico fue otra historia.

“Para prepararla del tamaño y forma exacta y asegurarnos de que no se peguen en los conglomerados de los agregados requirió de años de trabajo del químico para que pudiera fabricar las partículas”, cuenta el experto. Se trato de una idea sencilla pero de una complejidad tremenda para su ejecución.

Desarrollan vacuna de oro para infecciones virales en bebés y niños – BBC Mundo – Noticias.

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Una proteína “extremadamente tóxica” | EL PAÍS

La toxina del ricino puede ser mortal incluso en pequeñas cantidades y no tiene ningún tratamiento

Las semillas de ricino (superior) muy similares en color y tamaño que los frijoles (inferior), pero tienen una pequeña protuberancia puntiaguda en el extremo. / REUTERS

La ricina es una proteína que se extrae de las semillas del ricino (Ricinus communis). “Extremadamente tóxica”, según el Centro de Control de Enfermedades de EEUU(CDC). No tiene nada que ver en sus propiedades con el aceite que se extrae de la misma planta y que fue tan popular como laxante.

Está considerada como una potencial arma biológica. Estudios en monos indican que la ingesta de 3 miligramos puede ser mortal para un animal adulto. “La ricina causa toxicidad inhibiendo la síntesis de proteínas en las células del individuo expuesto. Puede causar graves reacciones alérgicas. La exposición incluso a una pequeña cantidad puede ser mortal”, añade el CDC.

Las vías para su propagación son variadas: por el aire o en comida o bebida. Por eso puede ser absorbido por el organismo a través de ingesta, inhalación o por contacto con los ojos; también a través de la piel irritada o por heridas abiertas, pero “probablemente” no a través de la piel sana, indica el CDC. “También puede atravesar la piel en forma de pequeños proyectiles”, añade la agencia estadounidense.

La ricina actúa inhibiendo la acción de los ribosomas. Estos orgánulos celulares son los encargados de sintetizar las proteínas: sin ellos, todos los procesos biológicos se detienen. Lógicamente, su gravedad depende de la cantidad a la que la persona está expuesta. “La forma inhalada puede causar problemas respiratorios, fiebre, tos y náuseas. Si se ingiere, causa diarreas, vómitos, deshidratación y convulsiones”, indica Nature. Los síntomas pueden tardar entre 4 y 24 horas en aparecer, y la muerte, sobrevenir entre los tres y seis días. Todas estas propiedades hicieron que fuera considerado su uso en la I Guerra Mundial.

No tiene tratamiento y solo hay una vacuna en pruebas.

Una proteína “extremadamente tóxica” | Internacional | EL PAÍS.

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H7N9: la gripe de Shanghái | EL PAÍS

Los epidemiólogos están en alerta ante el nuevo virus, que ha saltado a las personas

La infección de una paloma provoca el sacrificio de miles de aves

Las autoridades chinas han detectado 21 infectados, seis de ellos han fallecido. / Ray Young (Efe)

La nomenclatura de los virus de la gripe ha constituido hasta ahora un verdadero engorro para científicos, periodistas y lectores. Todos hemos añorado durante los últimos años el salero y desaliño con que los antiguos bautizaban estas epidemias, desde la ‘gripe española’ de 1918 hasta la peste aviar de 1998 pasando por la pandemia de Hong Kong, la neumonía asiática y otras denominaciones enigmáticas y exóticas. Luego vinieron las haches y las enes –H1N1, H3N2, H5N1— que nos sumieron a todos en la perplejidad alfanumérica. Y nos acaba de caer encima lo que en otros tiempos se habría llamado el ‘brote de Shanghai’ pero ahora responde por H7N9, así que ánimo, lectores.

Desde que China reconoció a principios de este mes las primeras dos muertes por un nuevo tipo de gripe aviar, la cifra de víctimas humanas ha ido goteando hasta seis (ver artículo adjunto). Si se tiene en cuenta que la gripe convencional –esa que nos fastidia una semana cada temporada invernal— mata a medio millón de personas cada año, las estadísticas del H7N9 pueden parecer intrascendentes. Pero a los epidemiólogos les pone los pelos de punta cualquier nuevo virus de la gripe que ataque a las personas. Tienen razones científicas muy sólidas para ello, aunque rara vez cuenten con la comprensión del público y, sobre todo, de los directores generales de ganadería y de salud pública.

La sola identificación de una paloma positiva para el virus H7N9 –por primera vez en un animal vivo— condujo ayer al sacrificio preventivo de varios miles de aves en los mercados de Shanghai, la segunda ciudad más populosa del mundo. Como en Pekín y en Hong Kong, los deslumbrantes rascacielos de acero y cristal de Shanghai que suelen aparecer en las páginas salmón de la prensa coexisten con unos mercados medievales de animales vivos que, desde hace tiempo, preocupan a los virólogos y epidemiólogos de todos los países.

Los mercados con animales vivos son foco de intercambio de agentes infecciosos

Los intercambios de agentes infecciosos y cócteles de genes virales que ocurren en esos espacios son los principales sospechosos de cocinar las epidemias emergentes que de cuando en cuando sacuden el planeta. Virus de origen aviar a los que las personas no han estado nunca expuestas, y contra los que el sistema inmune humano está virgen y vulnerable como un colegial que sufre su primera novatada en el instituto. No es extraño que el Gobierno chino haya puesto a todos los hospitales de Shanghai y las provincias vecinas en alerta máxima.

La claridad y transparencia con que la Comisión Nacional de Salud de la gran potencia asiática está reaccionando a la presente crisis contrasta –o más bien se da de patadas— con la tradición opaca e irracional que ha sido la marca de Pekín durante las últimas dos décadas, y que le procuró la condena unánime de la comunidad científica internacional.

La opacidad es un caldo de cultivo para la propagación de epidemias

El empecinamiento del Gobierno chino en ocultar la epidemia de sida en el país –y particularmente en las provincias agrícolas alejadas de las grandes ciudades de su costa Este— fue uno de los principales estímulos a la propagación de un virus que se beneficia grandemente de la ignorancia de sus portadores, y lo mismo pasó con la epidemia de SARS y los primeros brotes de gripe del siglo XXI.

La política de salud pública del gigante asiático, sin embargo, ha evolucionado deprisa en la última década. En primer lugar porque el Gobierno chino ha percibido que la colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los mejores científicos expertos en gripe del mundo solo puede contribuir a la contención de sus propias plagas. Segundo, porque uno de los nodos centrales de esa epidemiología mundial está en su territorio, en la Universidad de Hong Kong.

Y en tercer lugar, porque ocultar un brote viral en nuestros días es justo la mejor forma de encender una mecha igualmente viral en las redes sociales, por más que las autoridades se empecinen en censurarlas. La opacidad no solo es el mejor caldo de cultivo para la propagación de un virus, sino también para la del pánico. Cada negación gubernamental multiplica las ventas de mascarillas junto a los mercados de Shanghai. Si el virus se ha extendido a Pekín y Hong Kong, negarlo no detendrá el pánico, ni las ventas de mascarillas en esas ciudades. Informar a la población será la mejor barrera para frenar la propagación del virus. Y la del miedo, que solo sirve para complicar las cosas, como ha resultado patente en las anteriores alertas.

La H y la N significan hemaglutinina y neuraminidasa, las dos proteínas de la cubierta de cualquier virus de la gripe, y los números que las siguen (como en H7N9) designan los grandes subtipos de estas dos proteínas. H1, por ejemplo, es el principal tipo de hemaglutinina viral en los virus de la gripe humanos al menos desde 1918, cuando un virus de esa clase saltó de las aves a los humanos y mató a 50 millones de personas.

Eso es el doble de las víctimas causadas por la Gran Guerra (la Primera Guerra Mundial), que acabó justo ese mismo año. La preocupación actual de los epidemiólogos tiene mucho que ver con aquella masacre gigantesca y olvidada. La denominación de ‘gripe española’, por cierto, es una curiosa injusticia histórica con un ángulo sobre la libertad de prensa. Los medios de comunicación de los países implicados en la Primera Guerra Mundial tenían prohibido informar sobre la epidemia para no desmoralizar a las tropas, y los periódicos españoles fueron los únicos que hablaron de una de las peores crisis sanitarias de la historia registrada. En realidad, la gripe española surgió en un campamento militar de Kansas y se propagó a Europa con los soldados norteamericanos movilizados para la contienda. Otro silencio fatal.

Los virus H7 (como el actual H7N9) circulan normalmente en las aves, como casi todos los virus de la gripe. Algunos de ellos (H7N2, H7N3, H7N7) se habían detectado antes en brotes humanos limitados, pero esta es la primera vez que un virus H7N9 ha saltado a la especie humana, al menos por lo que consta en los registros de la OMS. Los pacientes, como ocurre con otros agentes infecciosos de esta familia, sufren fiebre alta, tos, dificultades respiratorias y, al menos en los pocos casos descritos hasta ahora, una grave neumonía que pone en riesgo su vida.

De momento no está clara la forma de transmisión a las personas, ni por qué los casos han empezado a darse ahora pese a que el virus lleva décadas circulando entre las aves de China. Los estudios de la secuencia genética del virus aislado de las víctimas humanas indican, según los científicos de la OMS, que sus genes de origen aviar se han adaptado parcialmente a los mamíferos. Las proteínas de la cubierta del virus son ahora más afines a las células humanas que las del virus aviar original, y el metabolismo del agente infeccioso se ha acomodado a las temperaturas (cercanas a los 37 grados) que priman en nuestros tejidos.

Este es el gran problema general que preocupa a los científicos. Hace apenas un año que la modificación en el laboratorio de otro virus aviar, el H5N1, confirió a este agente una alta capacidad de transmisión entre hurones, el modelo clásico para la investigación sobre la gripe humana. Estos trabajos exorbitaron los ojos de los asesores de seguridad de la Casa Blanca, que no alcanzaban a entender la razón de esos experimentos.

Pero el argumento de los científicos que los hicieron no solo se impuso entonces, sino que está ahora más vivo que nunca: que el vkirus H5N1 que circula por la naturaleza ya había acumulado por sí mismo algunos de esos mismos cambios que ellos habían inducido en el laboratorio. Por todo lo que sabemos, otro tanto cabe decir del nuevo agente infeccioso de la gripe de Shanghai. H7N9, otro acertijo alfanumérico al que tendremos que acostumbrarnos.

H7N9: la gripe de Shanghái | Sociedad | EL PAÍS.

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