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Ya se puede observar el Universo al detalle, gratis y desde casa

El proyecto Gloria permite a cualquier internauta operar un telescopio robótico situado en el Observatorio del Teide

ARCHIVO: El cielo, sobre el Observatorio del Teide, una noche de Dracónidas

Aquellas personas que siempre hayan deseado operar un telescopio, pero que no hayan dispuesto de la instrumentación necesaria para hacerlo, tienen ahora la oportunidad de conseguirlo a través de internet. La red Gloria (GLObal Robotic telescope Intelligent Array for e-sience) acaba de abrir al público el acceso, libre y gratuito, al Telescopio Abierto de Divulgación Solar (TADs), situado en elObservatorio del Teide, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). TADs es el primero de los 17 telescopios robóticos de Gloria que comienza a funcionar y que permitirá a cualquier internauta su teleoperación y la obtención de imágenes.

Los usuarios solo tendrán que abrir una cuenta en el sitio web de la red y hacer una reserva para teleoperar el telescopio robótico TADs. Para ello, contarán con la ayuda de un manual y diferentes recursos didácticos. Todo los materiales producidos tienen licencias copyleft, que permiten la libre distribución del contenido.

«Gloria es un proyecto de ciencia ciudadana con el que se pretende investigar en astronomía aprovechando la inteligencia colectiva de la comunidad. Con este objetivo, se le dará la oportunidad a todos los internautas de colaborar», explica el responsable del proyecto en el IAC, Miquel Serra-Ricart. «Ahora mismo los usuarios pueden contribuir al cálculo de la actividad solar mediante imágenes de su superficie obtenidas con el telescopio TADs y a su posterior análisis».

En un futuro inmediato, informa Serra-Ricart, se incorporarán más experimentos de carácter astronómico y dentro de temas de actualidad, como la detección o caracterización de asteroides o NEOS (acrónimo en inglés de Near Earth Objects, objetos próximos a la Tierra). En la iniciativa participan trece socios de ocho países distintos que cuentan con un total de 17 telescopios robóticos con implantación en cuatro continentes: ÁfricaEuropa, Asia y América.

Eclipse de Sol y auroras boreales

Los usuarios podrán participar en el proyecto Gloria, además, conectando nuevos telescopios a la red, creando nuevos experimentos y participando en actividades de divulgación astronómica. Uno de los objetivos del proyecto es crear una red para compartir telescopios robóticos y que los propietarios puedan intercambiar tiempo de observación desde sus diferentes emplazamientos. Por otra parte, se ha desarrollado ya una herramienta web que permite a cualquier participante crear sus propios experimentos usando la red de telescopios y la instrumentación asociada.

El proyecto también organiza actividades para despertar el interés por la astronomía. «Periódicamente nos desplazamos a aquellos lugares del mundo donde se producen grandes eventos astronómicos y realizamos una retransmisión en directo a través de internet, como en el caso del pasado eclipse de Sol total en Australia, el reciente paso del asteroide 2012-DA14, el próximo eclipse solar total en Kenia, el próximo 3 de noviembre, pasando por la belleza de las auroras en Groenlandia el pasado agosto», detalla el coordinador del proyecto y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, Francisco Sánchez.

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La Esmeralda cósmica y otras galaxias rectangulares

Imagen de la galaxia NGC 6822 o de Barnard. | CTIO/NOAO

Rafael Bachiller | Madrid

El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas en profundidad.


Los astrónomos han identificado un buen número de galaxias con una sorprendente forma rectangular. La más asombrosa de todas ellas es la galaxia ‘Esmeralda’ denominada así por su silueta que recuerda a la forma en que se suele tallar la gema verde. ¿Cómo se origina la forma rectangular de estas galaxias tan peculiares?

La galaxia Esmeralda | A. Graham

Si se nos pide pensar en una galaxia seguramente evocaremos una bella forma espiral o elíptica. La propia Vía Láctea, nuestra galaxia, tiene varios brazos espirales y nuestro sistema solar reside en el borde de uno de ellos. Sin embargo, en los últimos tiempos se viene detectando un número apreciable de galaxias con una sorprendente apariencia rectangular que deja perplejos a los astrónomos.

Posiblemente la primera galaxia rectangular conocida fue Sextans A. La descubrió el astrónomo suizo Fritz Zwicky en 1942, cuando estudiaba en Caltech (EEUU) las galaxias cercanas utilizandoexplosiones de supernovas. Se trata de una pequeña galaxia irregular (de las denominadas ‘enanas’) situada en la periferia del Grupo Local (grupo que incluye a la Vía Láctea, las Nubes de Magallanes y Andrómeda). Zwicky quedó fascinado por la peculiar forma rectangular de esta galaxia, que puede estudiarse con gran detalle por estar situada a una distancia de tan solo unos 4 millones de años luz. Pero Sextans A tiene un brillo superficial muy bajo y su forma no pasaba de ser una mera curiosidad.

Rectángulos y cilindros

Según ha ido progresando la instrumentación astronómica, se han identificado más galaxias con formas cuadradas o rectangulares hasta conocerse hoy una decena. La más notable de todas ellas, LEDA074886, fue localizada recientemente por un equipo de astrónomos liderado por Alister Graham de la Universidad Tecnológica de Swinburne (Australia). Esta galaxia ha recibido el nombre de galaxia ‘Esmeralda’ por su forma semejante a la talla de la piedra preciosa. Los astrónomos se encontraban observando el enjambre de cúmulos globulares que rodean a la gran galaxia elíptica NGC1407 con el telescopio japonés Subaru de 8,2 m en el Observatorio Mauna Kea (Hawái, EEUU) y la galaxia rectangular fue un descubrimiento casual. Más tarde ampliaron sus observaciones con el telescopio Keck, también en Mauna Kea.

La galaxia Sextans A. | NASA

Como Sextans A, la ‘Esmeralda’ es una galaxia enana de débil brillo superficial, pero la segunda se encuentra a unos 70 millones de años luz de distancia, 16 veces más lejos que la primera. Su pequeño tamaño, tiene 50 veces menos estrellas que nuestra Vía Láctea, es probablemente la causa de que un objeto tan singular como la galaxia Esmeralda no haya sido observado con anterioridad a la puesta en marcha de los telescopios de 8-10 metros de diámetro.

Se piensa que una época de intensa formación de estrellas masivas en Sextans A desembocó en un amplio conjunto de supernovas que dispararon una nueva generación de estrellas, lo que a su vez generó más supernovas conduciendo finalmente a la formación de una capa expansiva en cuyos bordes se siguen produciendo más y más estrellas. Las más jóvenes de éstas tienen un definido color azul y forman una especie de amplio cinturón o cilindro que proyectado en el cielo, según lo vemos desde la Tierra, aparece como rectangular.

En la galaxia ‘Esmeralda’ la forma rectangular también se explica como el resultado de la proyección de un cilindro corto (con la altura menor que el diámetro de la base), pero en este caso, el cilindro se cree formado por la colisión de dos galaxias. Otra característica muy importante de esta galaxia es la presencia en la región central de un disco bien definido en el que se están formando muchas estrellas nuevas.

La galaxia grande se come a la chica

La galaxia NGC6822 | CTIO

Una teoría bien aceptada por la comunidad científica es que las galaxias crecen gracias a la colisión de otras galaxias más pequeñas. En algunos casos las galaxias iniciales son de tamaños similares y se fusionan de manera relativamente homogénea. En otros casos, una galaxia grande engulle a otra cercana más pequeña (‘canibalismo galáctico’). Sin ir más lejos, nuestra Vía Láctea parece que acabará comiéndose a una de sus compañeras enanas(la Galaxia Enana Elíptica de Sagitario o SagDEG) en los próximos 100 millones de años.

Simulaciones realizadas con ordenador de la fusión de dos galaxias elípticas (que suelen tener poco gas interestelar para formar nuevas estrellas) reproducen con facilidad formas que tienden a ser rectangulares o cuadradas, similares al contorno exterior de Esmeralda’. Sin embargo, la colisión de dos galaxias con mucho material interestelar no produce rectángulos, sino que crea formas redondeadas (discos y anillos) con gran actividad en formación estelar, similares al anillo que se observa en el interior de esta misma galaxia.

La galaxia ‘Esmeralda’ posee elementos de los dos tipos de canibalismo, parece por tanto ser el resultado una fusión de tipo híbrido entre los dos extremos descritos aquí. La colisión de dos espirales(cuyos contornos se representan como líneas negras en la figura adjunta) pudo hacer que las estrellas pre-existentes fuesen lanzadas hacia grandes órbitas creando el cilindro que proyectado aparece como un rectángulo, mientras que el gas interestelar procedente de ambas galaxias iniciales pudo ser arrastrado hacia el interior de la zona ecuatorial creando el disco de intensa formación estelar que se observa en el centro.

Para explicar las características de la galaxia ‘Esmeralda’ y comprender los mecanismos físicos que han tenido lugar durante su formación será preciso realizar simulaciones de colisiones entre galaxias que tengan en cuenta el comportamiento tanto de las estrellas como del gas de las galaxias iniciales. Este tipo de simulaciones son hoy posibles, pero suponen un importante desafío por necesitar de medios de cálculo muy potentes.

También interesante

  • La Esmeralda cósmica no durará para siempre. Cuando LEDA 074886 colisione con otra galaxia, cuyo eje no esté perfectamente alineado con el suyo, perderá su bonita forma, pero no se prevé que esto suceda antes de unos mil millones de años
  • NGC 1407 es la galaxia más brillante del grupo de la constelación Erídano (El Río). Este conjunto de galaxias, situado a una distancia media de unos 75 millones de años luz, cuenta con aproximadamente 200 galaxias de las que el 70% son espirales e irregulares y el 30% restantes, elípticas y lenticulares
  • La diversidad existente en la forma de las galaxias fue constatada muy poco después del descubrimiento de estos astros a principios del siglo pasado. Fue el propio Edwin Hubble, el descubridor del carácter extragaláctico de las nebulosas espirales, quien elaboró un primer esquema de clasificación en 1936, dividiendo a las galaxias en diferentes tipos: elípticas, espirales, espirales barradas e irregulares utilizando para ello un diagrama en forma de diapasón

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España.

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Bacterias mutantes atacan la estación espacial internacional

Capaces de sobrevivir incluso a la radiación, corroen los equipos y pueden suponer un riesgo tanto para su estructura como para la integridad física de sus ocupantes

EFE
Interior de la estación espacial internacional

Para ellas, ni siquiera las durísimas condiciones del espacio exterior son un obstáculo insalvable. De hecho, sobreviven incluso a las gélidas temperaturas que hay más allá de la atmósfera terrestre. Y lo hacen sin agua, sin nutrientes y sin nada que las proteja de la intensa y letal radiación del Sol y las estrellas. Las bacterias llevan viviendo dentro y fuera de la Estación Espacial Internacional desde que ésta empezara a ensamblarese, a finales de 1998. Y ahora se están convirtiendo en un problema serio, tanto para su estructura como para la integridad física de sus ocupantes.

Dio la voz de alarma hace ya un año Anatoly Grigoryev, vicepresidente de la Academia rusa de Ciencias, durante una conferencia científica celebrada en Moscú. Y no es para tomarlo a broma. Setenta y seis clases de microorganismos diferentes han sido identificados hasta el momento a bordo de la plataforma orbital. Muchos de ellos resultan inofensivos, pero algunos han demostrado ser perfectamente capaces de causar graves daños.

En palabras del propio Grigoryev, recogidas entonces por la agencia Interfax, “Ya tuvimos esta clase de problemas en la vieja estación espacial MIR, y ahora los tenemos en la ISS. Las bacterias están atacando la estación. Estos organismos corroen los metales y los polímeros y pueden causar fallos en los equipos”. Con el agravante, además, de que se trata de bacterias mutantes, es decir, que han cambiado para adaptarse a unas condiciones muy diferentes de las que estaban acostumbradas. Y nadie sabe hasta dónde pueden llegar estas mutaciones. Para Grigoryev, también la tripulación corre peligro: “La multiplicación incontrolada de estas bacterias -sostiene el científico- puede causar enfermedades infecciosas entre los miembros de la tripulación”.

La cámara del Apolo XII

Por supuesto, los responsables de las misiones de abastecimiento a la ISS han intentado por todos los medios que ninguna bacteria se colara en los cargueros espaciales. Pero no han tenido éxito. La historia se repite desde los mismísimos albores de la era espacial. El 20 de abril de 1967, por ejemplo, cuando el vehículo no tripulado Surveyor 3 aterrizó en la Luna llevaba a bordo, entre otros objetos, una cámara de TV. Dos años y medio después, el 20 de noviembre de 1969, los astronautas Pete Conrad y Alan Bean, del Apolo XII, recuperaron esa cámara y la trajeron de vuelta a la Tierra. Cuando los especialistas de la NASA la examinaron, se sorprendieron al encontrar en su interior especímenes de Streptococus mitis vivos. La NASA determinó que esas bacterias ya estaban dentro de la cámara cuando los astronautas la recuperaron. Es decir, que llevaban allí incluso desde antes del lanzamiento del propio Surveyor 3. A pesar de ello, lograron sobrevivir sin excesivos problemas durante 31 meses en el vacío desolador de la superficie lunar.

Otro ejemplo es el de la ya desaparecida estación espacial rusa Mir.En 1990, cuatro años después de su lanzamiento, se encontraron 90 clases de microorganismos diferentes a bordo. En 2001, cuando la Mir fue desmantelada, la cifra había crecido hasta 140. Los informes de los últimos cosmonautas hablaban de lámparas corroidas, agujeros en los paneles de control y filtraciones en los sistemas de abastecimiento de aire y alimentos.

Los expertos de las distintas agencias espaciales saben muy bien que las condiciones de temperatura y esterilidad del interior de la ISS resultan de lo más favorable para el desarrollo de estas bacterias mutantes. Y también saben que hasta ahora han fracasado todos sus esfuerzos por erradicarlas. De nada ha servido, por ejemplo, rociar el interior de los módulos con líquidos antibacterianos. Ni someter a las tripulaciones y a las naves a los más rigurosos controles antes de abandonar la Tierra. El siguiente intento será enviar en una de las próximas misiones de abastecimiento a la ISS una potente lámpara de luz ultravioleta para tratar de mantener a raya a estos incómodos pasajeros.

Sobreviven en el exterior

Diferente cuestión, sin embargo, son las bacterias adheridas a los paneles exteriores de la estación espacial. Diversos experimentos han demostrado que estos microorganismos son capaces de sobrevivir durante largos años en las condiciones más extremas del espacio exterior. Y no está claro en qué radica esta increíble capacidad de supervivencia ni hasta dónde pueden llevar las mutaciones futuras de estos organismos.

El primer ser vivo de la Tierra, hace cerca de 4.000 millones de años, fue una bacteria. Las condiciones de aquel mundo primitivo nada tenían que ver con las actuales, pero a pesar de ello las bacterias sobrevivieron y colonizaron el planeta entero. Durante los 3.000 millones de años siguientes, ellas fueron los únicos habitantes de nuestro mundo. Toda la diversidad de vida que vemos en la actualidad se desarrolló después, pero a pesar de ello seguimos viviendo, en la actualidad, en lo que la Ciencia llama la Era de las Bacterias (Archea). Ellas siguen siendo, en efecto y a pesar de las apariencias, las auténticas dueñas del planeta que creemos controlar.

Está previsto que la Estación Espacial siga funcionando hasta 2020. Habrá que ver si de aquí a entonces los expertos de la NASA han conseguido erradicarlas. De no ser así, podría ser necesario abandonar la estación mucho antes de lo previsto.

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El Hubble fotografía el impresionante encuentro de dos galaxias

El acercamiento ha provocado espectaculares cambios una en la otra, hasta el punto de que son conocidas como el «pingüino» y su «huevo»

 

El telescopio espacial Hubble de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) ha obtenido una impresionante imagen de un par de galaxias en interacción conocidas como Arp 142. Cuando dos galaxias vagan demasiado cerca una de otra comienzan a interactuar, causando cambios espectaculares en los dos objetos. En algunos casos, las dos pueden fusionarse, pero en otras se hacen pedazos.

Justo debajo del centro de esta imagen se encuentra la galaxia azul de forma torcida NGC 2936, una de las dos galaxias en acción que forman Arp 142 en la constelación de Hydra. Apodada «el pingüino» por los astrónomos aficionados, NGC 2936 era una galaxia espiral normal antes de ser destrozada por la gravedad de su compañera cósmica.

Los restos de su estructura espiral todavía se pueden ver, el antiguo bulbo galáctico ahora forma el «ojo» del pingüino, alrededor del cual aún es posible ver donde antes estaban los brazos en molinete de la galaxia. Estos brazos alterados ahora dan forma al «cuerpo» del ave cósmica como rayas brillantes en azul y rojo en la imagen. Estas rayas se arquean hacia abajo, hacia las inmediaciones de la compañera de NGC 2936, la galaxia elíptica NGC 2937, visible aquí como un óvalo blanco brillante. La pareja tiene un extraño parecido con un pingüino que cuida su huevo.

Los efectos de la interacción gravitatoria entre las galaxias pueden ser devastadores. El par Arp 142 está lo suficientemente cerca para interactuar con violencia, intercambiando materia y causando estragos.

Galaxias peculiares

En la parte superior de la imagen hay dos estrellas brillantes que se encuentran en el primer plano del par Arp 142. Una de ellas está rodeada por una pista de material azul brillante, que es en realidad otra galaxia. Los científicos creen que esta galaxia se encuentra demasiado lejos como para desempeñar un papel en la interacción, al igual que otras galaxias salpicadas por todo el cuerpo de NGC 2936. Se encuentran a grandes distancias de nosotros, pero todas pueden ser vistas por el ojo avizor del Hubble.

Este par de galaxias lleva el nombre del astrónomo estadounidense Halton Arp, el creador del «Atlas de Galaxias Peculiares», un catálogo de galaxias con formas extrañas que se publicó originalmente en 1966. Arp compiló el catálogo, en un intento de entender cómo las galaxias evolucionaron y cambiaron de forma con el tiempo. Más tarde, los astrónomos se dieron cuenta de que muchos de los objetos en el catálogo de Arp eran, de hecho, la galaxias interactuando y fusionándose.

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El Curiosity capta la más grandiosa fotografía de Marte

La NASA muestra una panorámica del cráter Gale que tiene 1.300 millones de píxeles y compuesta de 900 exposiciones

NASA
La panorámica del Curiosity, con el monte Sharp al fondo

El rover Curiosity de la NASA ha captado una de las imágenes más espectaculares que jamás hayamos visto de la superficie de Marte. La panorámica tiene nada menos que 1.300 millones de píxeles y consta de 900 fotografías que el rover tomó con sus 17 cámaras durante la exploración del cráter Gale, el lugar que lleva investigando desde su aterrizaje en el Planeta rojo el pasado agosto. El mosaico muestra el paisaje con detalle, lo que será de gran ayuda para los científicos. Para los demás, es como ver otro mundo desde la ventana de casa. (Puedes verla con todo detalle aquí y aquí).

En el centro de la imagen se sitúa la zona conocida como Rocknest, donde el Curiosity tomó su primera muestra de arena para analizar. En el horizonte se puede observar el monte Sharp, de 5,5 kilómetros de altura y destino final del vehículo.

La imagen «realmente muestra las capacidades de las cámaras» del Curiosity, afirma Bob Deen, responsable del Laboratorio de Procesamiento de Imágenes Multi-Mission del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en Pasadena, California. «Puedes ver el contexto y acercar la imagen para ver detalles muy finos». Las imágenes fueron tomadas en varios días diferentes entre el 5 de octubre y el 16 de noviembre 2012.

Las luces del día

Además, el nuevo mosaico muestra las variaciones de la iluminación a lo largo de las horas del día. También muestra las variaciones en la claridad de la atmósfera debido a la formación de polvo.

El Curiosity, cargado con diez instrumentos científicos, ha investigado hasta ahora la historia medioambiental en el cráter Gale, un lugar donde, según los datos proporcionados por el explorador robótico, las condiciones eran hace tiempo favorables para la vida microbiana. La NASA ha presentado esta fotografía a modo de despedida, ya que el rover de seis ruedas abandonará próximamente la zona para iniciar «un largo viaje» hasta el monte Sharp.

Para ver imagen al COMPLETO, pulsa El Curiosity capta la más grandiosa fotografía de Marte – ABC.es.

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El telescopio de Galileo y el declive del Imperio español

Mapa celestial del cartógrafo Frederich Wit en el siglo XVII. | E.M.

Un nuevo instrumento óptico empezó a recorrer los círculos eruditos europeos a comienzos del siglo XVII. Pronto lograría que la relación de nuestra especie con los astros cambiara para siempre. El telescopio, emblema de la revolución científica de la Edad Moderna, acercó los cielos a la mirada de los sabios, separó al hombre del centro del universo y destruyó para siempre el mito de que los cuerpos del firmamento son entes perfectos.

Todos podían comprobar con sus propios ojos las irregularidades geográficas del satélite terrestre, aunque aún se confundían con mares, océanos y volcanes. La Luna resultó no ser muy distinta a nuestro planeta, así que los imperios y naciones que luchaban por ampliar sus dominios en la Tierra encontraron un nuevo lugar en el firmamento sobre el que poder extender su influencia. Aún no era posible llegar hasta allí y clavar una bandera en el suelo, pero existían otras formas más sutiles de conquista.

La cartografía estaba en pleno auge desde el descubrimiento de América, ya que se había demostrado una herramienta imprescindible para visitar, colonizar y reclamar nuevos territorios. Por primera vez en la historia, la humanidad podía crear mapas de la Luna, haciéndola así un poco más suya. La primera persona que estudió y dibujó la Luna con un telescopio fue el inglés Thomas Harriot, nacido en 1560 en el condado de Oxford.

Harriot/ Trinity College

Harriot cursó estudios superiores de cartografía y, con 25 años, se enroló con el pirata, explorador y poeta Walter Raleigh en una expedición a América. La reina Isabel quería evitar enfrentamientos con el Imperio español y había dado órdenes a Raleigh de que solo conquistara tierras que no estuvieran cristianizadas. Con el fin de curarse en salud y no enfadar a la monarca,los mapas que presentaba el conquistador inglés estaban repletos de tribus indígenas, algunas de ellas inexistentes, como los acéfalos y las amazonas.

El viaje de 1585 a Virginia, tierra que Raleigh llamó así en honor a la reina Isabel (conocida como reina virgen), no logró colonizar para Inglaterra este lugar, pero causó una profunda impresión en Harriot. El cartógrafo acompañó también a Raleigh en su misión a Irlanda para aplacar una rebelión contra los ingleses y publicó un libro llamado ‘Un breve y genuino informe sobre la nueva tierra hallada en Virginia’. En él defendía, entre otras cosas, las bondades de la planta del tabaco, una sustancia que lo acabaría matando por medio de un cáncer de nariz.

Tras vivir varias aventuras y desventuras, e incluso pasar una temporada en prisión, Harriot se vio con los medios económicos necesarios para concentrarse en la ciencia y sus intereses se movieron hacia el creciente campo de la óptica, materia sobre la que llegaría a cartearse con el mismísimo Johannes Kepler, uno de los astrónomos más importantes de todos los tiempos.

Harriot adquirió uno de los primeros telescopios que circulaban por el continente y lo usó para dibujar el satélite de la Tierra en el verano de 1609. Sus esbozos de la superficie lunar eran muy rudimentarios, pero le permitieron bautizar algunos accidentes lunares, para los que usó términos familiares, como Britannia (el actual Mare Crisium).

El nuevo instrumento de observación no dejaba lugar a dudas de que aquello no era un mundo sobrenatural, ni el lugar donde habitan los espíritus, pese a todo lo que se había debatido sobre el tema en los siglos anteriores. Sir William Lowell, un amigo de Harriot a quien este envió un telescopio, exclamó al ver la Luna: “Se parece a una tarta que hizo mi cocinero la semana pasada“. La expresión se hizo célebre porque es menos inocente de lo que parece: con ella se daba por cerrado un debate milenario en torno a la naturaleza física de los orbes celestes. Lo que no está tan claro es qué le ocurrió al denostado cocinero.

La dificultad de medir la longitud

Uno de los cartógrafos más célebres del momento era el católico holandés Arnold Van Langren. En realidad, más que un cartógrafo, él se consideraba esferógrafo, ya que realizaba mapas esféricos de la Tierra, es decir, bolas del mundo como las que hoy pueden verse en cualquier escuela. Su hijo, Miguel Florencio Van Langren -también conocido como Langrenus o, en español, Langreno-, nacido hacia 1600, no acudió nunca a la universidad, pero aprendió bien el oficio paterno. Cuando hubo quecatalogar, cartografiar y bautizar los accidentes geográficos de la Luna, no había nadie mejor situado que él para hacerlo. Al menos, en el mundo católico. Su némesis en la Europa protestante sería el astrónomo Johannes Hevelius, nacido en 1611 en la ciudad de Gdansk (o Dánzig, en Polonia).

Mapa de Cassini

Van Langren, matemático y cosmógrafo real del monarca español Felipe IV, intentó aprovechar lascapacidades del nuevo instrumento para solucionar el problema de la longitud. La Corona española, escaldada tras la derrota de la Armada Invencible y el auge naval del Imperio británico, llevaba ofreciendo desde 1598 un premio de 6.000 ducados más 2.000 coronas de renta vitalicia para quien encontrara un método de determinar con precisión la latitud de los barcos en alta mar.

Los marinos necesitaban, para saber con precisión dónde estaban, saber la hora universal y compararla con la hora local del lugar en que se encontraban. Como la Tierra es redonda, la línea del ecuador es un círculo, divisible, como todo círculo, en 360º. La longitud se define como el punto en que corta un meridiano con el ecuador, y el día tiene veinticuatro horas, por lo que cada hora de diferencia con el estándar universal se corresponderá con 15º de longitud.

La hora local de un punto cualquiera se puede saber observando la posición del Sol, pero los navegantes necesitaban tener también la hora del meridiano 0 -es decir, la hora universal– para saber a cuánta diferencia horaria -a qué longitud- se encontraban. La respuesta, hoy en día, parece muy sencilla: solo hay que llevar un reloj. El problema es que aún no se habían inventado relojes que aguantaran el vaivén del barco y los cambios de humedad sin estropearse. Al contrario que la latitud, que se corresponde con la Estrella Polar, la longitud no tenía un referente claro en el firmamento, pero la llegada del telescopio amplió la percepción de la bóveda celeste y abrió nuevas posibilidades de afrontar el problema.

El primero en darse cuenta de ello fue el genial científico de la ToscanaGalileo Galilei, quien trató de hacerse con la recompensa en 1616; su método consistía en observar los eclipses de las lunas de Júpiter, recién descubiertas por él mismo, para determinar la hora universal. El sistema era bueno, ya que las fases de un eclipse apenas varían según la longitud desde la que se observen, pero Galileo no se llevó el premio de los 6.000 ducados porque, técnicamente, resultaba inviable: los barcos no llevaban telescopio ni, mucho menos, un experto capaz de realizar mediciones precisas (en rigor, el único especialista en satélites jovianos del momento era el propio Galileo). Un siglo después, el astrónomo inglés James Bradley sí pudo emplear con éxito este método para calcular las longitudes de Lisboa y Nueva York. Pero el toscano, en esto como en otras cosas, se había adelantado a su tiempo.

Galileo y Viviano

La hora universal

Siguiendo los pasos del toscano, Van Langren también confiaba en que el telescopio le permitiera hallar efemérides celestes que marcaran la longitud. Pero no las buscó en el sistema solar externo, sino mucho más cerca. En un principio, trató de crear un método que tuviera en cuenta laposición del satélite terrestre en relación con las estrellas, pero enseguida se le ocurrió la idea de que no era necesario mirar más allá de la Luna ni salirse de la ciencia que él mejor dominaba: la cartografía.

Las salidas y puestas de Sol sobre la superficie lunar también son eventos simultáneos que determinan la hora universal. Con la ayuda de un mapa lo suficientemente preciso, los marinos podrían controlar el momento exacto en que aparece la cumbre de un cráter cuando la Luna está creciente, o desaparece cuando está decreciente. Dicho instante señalaría la hora universal con mucha más exactitud que ningún reloj de la época. El razonamiento, paralelo al de Galileo, no tenía ningún fallo; solo quedaba dibujar dicho mapa.

En ello empleó Van Langren más de diez años, desde 1634 a 1645. La suya fue la primera cartografía lunar de la historia y, puesto que la Monarquía española había financiado las investigaciones y las había ofrecido libremente a todo el mundo, asumió que los demás países aceptarían sin problemas su denominación de los accidentes geaográficos. En realidad, los hallazgos del Imperio católico de Felipe IV despertaron la rivalidad y el recelo de sus enemigos protestantes; ambos credos llevaban casi tres décadas enfrentándose en los campos de batalla, en una prolongada sucesión de luchas religiosas que recibiría el nombre de Guerra de los Treinta Años.

La definicición de un meridiano cero, aunque se compartiera con el resto del mundo, tenía importantes connotaciones políticas y culturales: en la todavía poderosa España, se daba por hecho que el punto de referencia sería Toledo. O, en todo caso, Roma, por ser la sede de la Iglesia. Pero el problema de la longitud tardaría demasiado en resolverse, así que el primer meridiano pasa hoy por la capital del Imperio británico. En concreto, por un suburbio de la misma llamado Greenwich.

La nomenclatura geográfica de Van Langren equiparaba las distintasirregularidades de la superficie lunar con características propias de nuestro planeta, como tierras, océanos, mares, cabos, montañas o valles. La estructura más importante fue denominada Oceanus Philippicus (el actual Mare Imbrium), en honor al Rey de España, y abundaban los nombres de miembros de la familia real y otros nobles, además de santos, filósofos o científicos.

El declive del imperio científico español

Los astrónomos y matemáticos modernos se quedaban con los cráteres más pequeños, y los mares se llamaban igual que los océanos de nuestro planeta. La tierras, en cambio, llevaban el nombre de virtudes cristianas (Terra dignitatis, Terra honoris, Terra iustitiae…). En total, el cosmógrafo de la Corte identificó 322 accidentes lunares, de los cuales se dedicó a sí mismo el cráter Langrenus, que ha mantenido su nombre hasta hoy. La mayor parte de sus denominaciones, sin embargo, serían rechazadas, así como su método para medir la longitud. El declive del Imperio español se hacía notar también en el plano científico.

Entretanto, Johannes Hevelius, hijo de un acaudalado cervecero polaco y gran apasionado de la astronomía, trataba de llevar las posibilidades del recién inventado telescopio hasta el límite. Para ello, contaba con la fortuna familiar y una pensión del rey de Polonia, Jan III Sobieski. Construyó en la orilla del mar Báltico un observatorio de 46 metros de diámetro, que había que sujetar con un sistema de cuerdas y poleas para que la brisa marina no lo moviera y perdiera de vista su objetivo.

Teniendo en cuenta que el telescopio pionero que construyó Galileo en 1610 tenía 30 centímetros de diámetro, podemos hacernos una idea de la magnitud del proyecto de Hevelius. Lo más curioso es que el polaco no se fiaba demasiado de estos ingenios y, además, tenía tan buena vista que podía permitirse prescindir de ellos. Cuando el científico Robert Hooke y otros especialistas pusieron en duda su método de catalogar las estrellas a simple vista, la Royal Society británica envió al entonces joven investigador Edmund Halley (descubridor del cometa que lleva su nombre) a Gdansk a revisar el trabajo de Hevelius.

El veredicto del célebre astrónomo fue que los ojos desnudos de su colega polaco eran tan fiables como cualquier telescopio de la época a la hora de catalogar astros. Los telescopios gigantes de Hevelius sí le resultarían muy útiles, en cambio, para producir el otro gran mapa lunar de su tiempo, publicado en 1647, solo dos años después que el de Langreno. Este trabajo cartográfico no hizo sino aumentar el prestigio del que ya gozaba Hevelius: el papa Inocencio X vio la obra y exclamó con admiración que solo lograba verle una pega, y es que hubiese sido hecha por un protestante. La nomenclatura del nuevo mapa era algo menos comprometida desde el punto de vista religioso que la de Van Langren. El Imperio español bautizó los accidentes geográficos con nombres que reflejaban los valores de un mundo en extinción, mientras que la terminología de Hevelius supo anticiparse mejor a los nuevos tiempos.

Una Europa dividida

Detalle mapa Cassini

Mientras observaba el satélite terrestre, el astrónomo polaco sacó dos conclusiones principales: su geografía se parecía a la de un mapa terrestre de la Antigüedad puesto del revés (lo que hubiera avalado la vieja tesis de que la Tierra se reflejaba en la superficie lunar), y era un mundo habitable, a cuyos moradores denominó selenitas. La primera de estas conclusiones hizo que Hevelius diera a las manchas lunares nombres de mares terrestres, como el Adriático, el Caspio o el Mediterráneo. El impagable mapa de Hevelius, titulado Selenographia, se imprimió originalmente en una plancha de cobre. Según se cree, dicha plancha fue después fundida para hacer una tetera.

La pugna entre católicos y protestantes por bautizar los valles y montañas lunares refleja un viejo problema que, en realidad, sigue vigente hoy en día. La definición de estándares siempre ha sido tema engorroso para los científicos. Hasta el verano de 2006, por ejemplo, los astrónomos no lograron ponerse de acuerdo sobre la definición de planeta, y aún hubo muchos que no estuvieron de acuerdo con la conclusión a la que se llegó. No faltó quien se quejó de que EE.UU. estaba intentando imponer sus condiciones. Naturalemente, también hay discusiones mucho más relajadas.

El escritor de ciencia ficción Kim Stanley Robinson describe en su novela ‘2312’, ganadora del último premio Nebula, por qué los cráteres de Mercurio lucen nombres tan familiares como Beethoven, Cervantes, Shakespeare o Picasso: “Se dice que los miembros del comité de la Unión Astronómica Internacional estaban bebiendo y divirtiéndose una noche durante su reunión anual, cuando cogieron un mosaico de fotografías de Mercurio, recién llegadas, y lo comenzaron a usar de diana, mientras recordaban nombres de famosos pintores, escultores, compositores y escritores. Bautizaban así a los dardos y después los lanzaban al mapa. Hay un risco que se llama Pourquoi Pas [Por Qué No, en francés]”.

Pero, volviendo al siglo XVII, en el que varios imperios y naciones se disputaban la hegemonía mundial, la astronomía no podía sino reflejar las constantes guerras y tensiones que vivía el Viejo Continente. Una Europa dividida, dos mapas lunares distintos y una disciplina -la astronomía con telescopio- que aún daba sus primeros pasos; tal es la explosiva combinación con la que se encontraron los estudiosos del cielo mediado el siglo de la revolución científica por excelencia. La Iglesia de Roma no tardaría en irrumpir en esta singular disputa en torno al estudio del cielo, con desiguales resultados.

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Una estrella fulgurante aumenta 15 veces su brillo en menos de 3 minutos

Astrofísicos de la Universidad de Santiago de Compostela han detectado el astro a unos 15,6 años luz de la Tierra

CASEY REED-NASA
Ilustración de una estrella fulgurante

Investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela han registrado una potente fulguración en una estrella, de nombre WX UMa, cuyo brillo aumentó casi quince veces durante unos 160 segundos. El hallazgo se ha publicado en la revista Astrophysics.

La estrella protagonista está en la constelación de la Osa Mayor, a unos 15,6 años luz de la Tierra, y forma parte de un sistema binario. Su compañera brilla casi 100 veces más, excepto en los momentos como el observado, en los que WX UMa lanza sus llamaradas. Esto puede ocurrir varias veces al año, pero no con tanta potencia como la registrada ahora.

El profesor Vakhtang Tamazian, de la Universidad de Santiago de Compostela, y otros investigadores detectaron desde el Observatorio de Byurakan, en Armenia, ese brillo excepcional. «Durante esos menos de tres minutos la estrella experimentó un cambio brusco del espectro tipo M al B, es decir, pasó de una temperatura de unos 2.800 kelvines (K) a otra seis o siete veces superior», afirma el astrofísico.

Según sus líneas espectrales de absorción, las estrellas se clasifican en una escala de letras, donde las del tipo M presentan una temperatura en superficie de entre 2.000 y 3.700 K, y las de tipo B entre 10.000 y 33.000 K.

Un brillo repentino

WX UMa pertenece al reducido grupo de las fulgurantes –flares, en inglés–, una clase de estrellas variables que muestran un aumento repentino e irregular, prácticamente aleatorio, de su brillo hasta cien o más veces en unos pocos segundos o minutos. Después, vuelven a su estado normal en unas decenas de minutos.

Los científicos desconocen cómo se origina la fulguración, pero saben cómo evoluciona: “Por algún motivo surge un pequeño foco de inestabilidad dentro del plasma de la estrella, lo que genera una turbulencia en su campo magnético –explica Tamazian–. Se produce entonces la reconexión magnética, una transformación de energía del campo magnético en cinética, para recuperar la estabilidad del flujo, de forma parecida a lo que ocurre en una descarga eléctrica”.

Después, la energía cinética del plasma se convierte en energía térmica en las capas altas de la atmósfera y en la corona estelar. Este gran aumento de la temperatura y el brillo de la estrella permiten a los astrónomos detectar sus cambios en el espectro de radiación.

Para realizar este estudio, se ha utilizado la cámara SCORPIO del Observatorio Astrofísico de Byurakan, que permite obtener a la vez el espectro y el brillo de estos objetos. Las estrellas fulgurantes son intrínsecamente débiles, por lo que solo se pueden observar en distancias relativamente cortas en la escala astronómica. En concreto, en las cercanías del Sol, hasta una distancia de unas decenas de años luz.

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