¿Es misógina la ciencia?

  • Dos trabajos denuncian la desigual representación de las mujeres en ese terreno
  • Muestran que ellas reciben menos financiación para sus proyectos de investigación
  • Los trabajos liderados por mujeres son mucho menos citados por sus colegas

13867894578587Reciben menos financiación para sus trabajos y están infrarrepresentadas en las publicaciones científicas. Dos estudios (en Nature y British Medical Journal Open) coinciden esta semana en denunciar la desigual representación de las mujeres en ese terreno.

En el primer trabajo, liderado por Vincent Larivière, de la Universidad de Montreal (Canadá), se analizó la autoría principal de más de 5,4 millones de artículos científicos publicados entre 2008 y 2012. Los autores, que se centraron únicamente en aquellos con revisión por pares (es decir, evaluados por otros científicos), llegaron a la conclusión de que los trabajos liderados por mujeres son mucho menos citados por sus colegas y tienen menos colaboraciones internacionales.

Concretamente, por cada estudio en el que una mujer es la primera autora, existen dos firmados por un hombre. Pero el problema de las mujeres en la ciencia no es sólo una cuestión cuantitativa, en el segundo de los trabajos se denuncia que cuando ellas ponen en marcha un ensayo científico reciben menos financiación que los hombres, especialmente si su objeto de estudio son enfermedades infecciosas.

A pesar de que las mujeres constituyen el 50% de los estudiantes en la Unión Europea y el 45% de los alumnos de doctorado, sólo una tercera parte de los investigadores lleva tacones. Una realidad que se ha mantenido prácticamente sin cambios en los últimos 10 años. Como aseguran los autores del estudio (dos hombres y dos mujeres), “las mujeres están infrarrepresentadas en la ciencia biomédica” y para más inri, reciben menos ayudas económicas para desarrollar sus proyectos de laboratorio. Es cierto, como admite Larivière, que es difícil establer una sola causa para este fenómeno, “pero es un fenómeno que hay que definir para tomar medidas que nos ayuden a comprender y abordar esta situación”.

Menos subvenciones

Después de analizar las subvenciones que el gobierno británico ha concedido a investigaciones de enfermedades infecciosas desde 1997 hasta 2010, los autores del segundo trabajo, de la Universidad College London (Reino Unido), han concluido que “los hombres recibieron financiaciones significativamente superiores a las de las mujeres”.

En el trabajo se incluyeron 6.052 estudios, el 72% (4.357) de ellos y el 28% (1.695) de ellas. En conjunto, estos estudios percibieron un total de 2.274 billones de libras (unos 2,7 billones de euros). A los hombres se les otorgó la mayor parte de dicha inversión (1.786 billones de libras, el 78,5%) y a las mujeres el resto (488 millones de libras, el 21,5%).

Una diferencia notable que se notó sobre todo en las investigaciones relacionadas con la candidiasis (en las que ellos recibieron ayudas 47 veces mayores que las mujeres) y el rotavirus (33 veces más). Donde se observaron menos diferencias fue el estudio del dengue y la leishmaniasis, en los que ellos obtuvieron entre 1,05 y 1,55 veces más de ayudas económicas que ellas. Sólo se registraron ayudas superiores en estudios realizados por mujeres sobre la lepra, la difteria, la sífilis, la clamidia y el virus varicela-zóster, pero en el mejor de los casos, la subvención fue de 0,54 veces más que la concedida a los hombres.

En cuanto a las ayudas ofrecidas a los proyectos individuales, las mujeres también recibían menos dinero que ellos. El valor medio de una subvención concedida a un hombre fue de 179.389 libras en comparación con las 125.556 libras para las mujeres.

Como señalan los autores, “aún hay pocos estudios que exploren las razones por las que ocurre esto”. De hecho, “en nuestro estudio tampoco pudimos evaluar la tasa de éxito y de fracaso de las solicitudes de subvención en función del género”, por lo que “no podemos saber si ellas piden menos subvenciones”, por ejemplo. Del mismo modo, “no pudimos valorar quién era el investigador de más antigüedad ni cuántos hombres y mujeres científicos había a nivel senior […] Quizás de aquí se pudieran extraer los motivos de la diferencia”.

No obstante, teniendo en cuenta la “sustancial, clara y consistente” distancia que hay entre las subvenciones a científicos y científicas, “los responsables políticos deberían indagar y reflexionar sobre las razones que hay detrás y desarrollar políticas con las que se asegure que la mujer científica va a recibir el apoyo necesario para su labor profesional”.

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