El físico que abrió la puerta a la nanotecnología

Heinrich Rohrer, en el laboratorio IBM de Zurich en el que trabajó 34 años.| IBM

“Estás completamente loco pero si [tu invento] tiene éxito, te darán el Nobel”. El físico suizo Heinrich Rohrer recordaba así la reacción de sus colegas ante su proyecto para desarrollar el denominado microscopio de efecto túnel (en inglés ‘scanning tunneling microscope’, STM). Un objetivo que, junto a Gerd Binnig, convirtió en realidad en 1981 y por el que ambos ganaron en 1986 el Nobel de Física.

Y es que el investigador, que ha fallecido a los 79 años, permitió a la comunidad científica algo prácticamente impensable hasta entonces: visualizar, medir y manipular los átomos que componen la materia. Su tecnología y la del microscopio de fuerza atómica que diseñaron posteriormente hizo posible estudiar aspectos del mundo que hasta entonces habían sido invisibles a la ciencia, abriendo la puerta a la nanotecnología.

“El impacto de Heinrich Rohrer en el campo de la ciencia perdurará para siempre gracias a su investigación pero, sobre todo, perdurará en las personas, incluyendo los futuros científicos, para los que fue una inspiración”, destacó tras su muerte Matthias Kaiserswerth, director del laboratorio de IBM de Zurich en el que investigó durante 34 años y en el que, según destacaba el Nobel, gozó de “libertad para trabajar y equivocarse”.

Cuando se jubiló, en 1997, dedicó gran parte de su tiempo y energía a viajar por todo el mundo para inculcar la pasión por la cienciaentre los jóvenes. Con ese mismo objetivo, en mayo de 2011 inauguró el Centro de Nanotecnología Binnig y Rohrer.

Sus viajes a España

“Era una persona muy amigable, entrañable y abierta. Y yo creo que esas cualidades fueron claves para que el microscopio de efecto túnel tuviera tanta trascendencia, porque al principio no fue bien acogido por la comunidad científica, que no se creía el invento. Él dedico mucho tiempo a explicar a otros investigadores su trabajo”, recuerda el científico del CSIC Arturo Baró, que conoció a Rohrer a través del físico teórico Nicolás García, que también trabajaba en IBM Zurich.

Binnig (i) y Rohrer, con el STM.| IBM

Baró, físico experimental, fue el encargado de aplicar el microscopio de efecto túnel a la biología molecular a través de un proyecto que desarrolló en nuestro país y que llevó al equipo español a cofirmar tres estudios con Rohrer, el primero de ellos en la revista ‘Nature’: “Él estaba muy interesado en utilizar su invento en otros campos. El propio Rohrer nos trajo a la Universidad Autónoma de Madrid uno de sus microscopios adaptados que, por cierto, funcionó a la primera”. Lo hizo tras un largo viaje en coche en el que, en lugar de conducir por carreteras principales, eligió rutas comarcales para conocer recónditos pueblos de nuestro geografía, como Calatañazor, un pequeño pueblo soriano del que destacó su belleza y su buen vino. Y es que al Nobel suizo le gustaba mucho viajar por España: “Tenía un apartamento en Murcia, al que iba a menudo. Cuando venía, aprovechaba para conocer otros sitios”, rememora Baró, que en la actualidad es investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (CSIC).

Físico por accidente

Nacido en la localidad suiza de Buchs en 1933, media hora después que su hermana gemela, como él solía explicar, se consideró muy afortunado por haber disfrutado de una infancia “sin preocupaciones y en libertad”, durante la que combinó el trabajo en la granja con el colegio, donde sentía predilección por el latín, el griego y las ciencias naturales. Cuando tenía 16 años su familia se trasladó a Zurich y no fue hasta 1951 cuando decidió estudiar Física en el Instituto Tecnológico Federal de Suiza. Como él mismo reconoció, llegó a la Física “de forma accidental”.

Tras casarse en 1961 con Rose-Marie Egger, la mujer que dio estabilidad a su vida y con la que tuvo dos hijas, se fueron de luna miel a EEUU, donde pasó dos años investigando en la Universidad Rutgers de Nueva Jersey. Dos años después le propusieron unirse al laboratorio de investigación que IBM acababa de inaugurar cerca de Zurich.

En una entrevista con la Fundación Nobel en 2008, reflexionaba así sobre su microscopio: “Al final fue menos difícil de lo que la gente pensaba. Y lo fue porque todo el mundo creía que no se podría hacer. Por eso nadie lo hizo. Y en mi opinión, eso es algo crucial en ciencia. Todo es nuevo porque otras personas creen que no puedes hacerlo”.

Conocido por su sentido del humor, el científico explicaba así las dificultades que tenía para divulgar su trabajo: “Cuando doy una conferencia siempre tengo el mismo problema. Le digo al público: ‘Si les explico lo que hicimos con términos que no van a entender volverán a sus casas preguntándose, ¿pero qué es lo que hicieron estos tipos? Sin embargo, si se lo explico de modo que puedan comprenderlo, entonces se preguntarán: “¿Cómo? ¿Por algo tan simple les han dado un Nobel’?”


Heinrich Rohrer, físico, nació el 6 de junio de 1933 en Buchs (Suiza). Falleció el 16 de mayo de 2013 en Wollerau (Suiza).

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