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1.700.000 nuevos docentes serían necesarios para atender a los 61.000.000 de niños y niñas que no reciben educación primaria en todo el mundo.

Por: Pablo Gentili | 24 de abril de 2013

EL AUTOR

Pablo Gentili

Pablo Gentili. Nació en Buenos Aires en 1963 y ha pasado los últimos 20 años de su vida ejerciendo la docencia y la investigación social en Río de Janeiro. Ha escrito diversos libros sobre reformas educativas en América Latina y ha sido uno de los fundadores del Foro Mundial de Educación, iniciativa del Foro Social Mundial. Su trabajo académico y su militancia por el derecho a la educación le ha permitido conocer todos los países latinoamericanos, por los que viaja incesantemente, escribiendo las crónicas y ensayos que publica en este blog. Actualmente, es Secretario Ejecutivo Adjunto del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y Director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO, Sede Brasil).

Más y mejores docentes para todos

1.700.000 nuevos docentes serían necesarios para atender a los 61.000.000 de niños y niñas que no reciben educación primaria en todo el mundo. Aunque la falta de maestros se concentra fundamentalmente en el continente africano, donde el déficit es de más de 1.000.000 de docentes, el problema también se extiende a las naciones más ricas y opulentas del planeta. La situación se torna mucho más grave cuando se observa que los maestros y maestras en ejercicio, tanto en el Norte como en el Sur, ven deteriorarse sus condiciones de trabajo, mientras sus perspectivas de estabilidad en los cargos se vuelven inciertas y su reconocimiento social se desvanecerse bajo una lluvia de acusaciones que, sin demasiadas pruebas, les imputan la responsabilidad plena sobre todos los males que se ciernen en el futuro de nuestras naciones.

Casi todas los países del mundo están de una forma u otra en crisis, sea por dirigirse de manera certera al abismo económico y social o, contrariamente, por estar en una expansiva onda de crecimiento. Aquí y allá, cuando se pretende explicar por qué una nación está en problemas, la causa fundacional suele atribuírsele a la educación y, dentro de ella, a los docentes, quienes, por su falta de visión estratégica, de formación académica, por su alta politización o, simplemente, por su defensa de los derechos laborales que deberían protegerlos, son incriminados como uno de los factores más estructurales de las crisis existentes. Nada de lo que hace un maestro parecería merecer reconocimiento público. Una simple revisión de las noticias de educación que aparecen en cualquier periódico del mundo podría comprobarlo. El ataque a los maestros se realiza hoy con munición pesada, desmoralizando a los que ejercen la docencia y, naturalmente, desalentando a los que podrían animarse a ejercerla.

Estamos, pues, en problemas. Faltan maestros y maestras en todo el mundo. Y los que tenemos no parecen estar a la altura de los desafíos con que nos interpela el futuro.

Estos son algunos de los asuntos abordados en las numerosas actividades que componen la Semana de Acción Global “Todo niño y niña necesita un maestro”, promovida por la Campaña Mundial por la Educación (CME) y replicada en los diversos continentes por diversas organizaciones de defensa de la escuela pública.

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¿Qué està en juego?

La falta de docentes y la desvalorización del ejercicio profesional de la docencia son temas que merecen un tratamiento específico, pero están estrechamente relacionados. En efecto, ambas son dinámicas que comprometen el cumplimiento y el ejercicio del derecho humano a la educación. Tener derecho a la educación supone, entre otros factores, pero fundamentalmente, tener acceso a escuelas que dispongan de docentes. Estar fuera de la escuela o tener acceso a instituciones que no cuentan con docentes, es una evidente violación del derecho a la educación. Al mismo tiempo, acceder a instituciones educativas que no cuentan con profesionales debidamente formados, así como el ataque sistemático que sufren los docentes por parte de los sectores que mayor poder tienen en la sociedad, son factores que también limitan e interfieren directamente en el ejercicio del derecho a la educación en aquellos niños y niñas que sí acceden a la escuela. Un problema que, como es obvio, alcanza de forma más directa a las familias más pobres, devaluando el enorme esfuerzo que ellas realizan para aumentar las oportunidades educativas de sus hijos.

El déficit docente es una de las más claras evidencias del abandono educativo que viven algunas naciones, lo que no es otra cosa que un testimonio de la sistemática violación de los derechos humanos sufridos por millones de personas en todo el planeta.

La “crisis docente”, esto es, la fatídica combinación existente entre la falta de profesionalización magisterial y la desvalorización pública del ejercicio de la docencia, deja al descubierto uno de los componentes que operan en la reproducción de las desigualdades educativas y la segmentación de los sistemas escolares. En efecto, aunque la desprofesionalización es “generalizada” y a “todos” los docentes se los acusa de ser incompetentes, los niños y niñas más pobres (aquellos que antes estaban fuera del sistema escolar, pero ahora asisten a la escuela) sufren de manera mucho más directa los efectos de esta crisis: tienen menos oportunidades de aprendizaje y son estigmatizados por asistir a los centros que ocupan los lugares inferiores en los ranking o clasificaciones que hoy se utilizan para jerarquizar y tipificar las instituciones educativas. La euforia por la evaluación que atraviesa todos los países, no hace otra cosa que poner en evidencia que los pobres asisten a escuelas en los que el rendimiento academico de alumnos y docentes es bajo, mientras que los ricos asisten a escuelas ricas, en las que el rendimiento es casi siempre bastante más alto que el de los centros escolares donde estudian los más pobres. Un verdadero “descubrimiento” que debería revolucionar la pedagogía, pero que sirve básicamente para que los dueños del poder y la palabra (políticos, empresarios, portavoces de la fe y comunicadores de masas) se encarguen de decir que esto es culpa de los docentes y de las propias familias (los pobres se desinteresan por la educación de sus hijos, mientras los ricos la valorizan e invierten en ella).

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“La docencia: una profesión bajo asedio”

La descripción corresponde nada menos que al Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Rider, quien, pocos meses atrás, así definió la situación de los maestros y maestras en todo el mundo. Las razones: la falta de docentes, el deterioro de las condiciones de trabajo, las limitadas opciones de formación magisterial, la desigualdad de género (en el trato y oportunidades dadas a las docentes), la desvalorización salarial y la falta de estímulos para dedicarse a la profesión de enseñar. “Las personas no perciben la enseñanza como una profesión atractiva, y muchos docentes de hecho la abandonan”, señaló Rider el 3 de octubre del 2012, víspera del Día Mundial de los Docentes. Además, sostuvo que es grave la violación a los derechos sindicales docentes en muchos países del mundo.

Una investigación del Institute for the Study of Labor (IZA), Teachers’ Salaries in Latin America: How Much Are They (Under or Over) Paid? (Los salarios docentes en América Latina: ¿cuánto son (sobre o sub) remunerados?), documenta de manera precisa y rigurosa el deterioro salarial docente en los países de la región. El trabajo, realizado por Alejandra Mizala y Hugo Ñopo, pone en evidencia que:

  1. Aunque hay grandes diferencias nacionales, los docentes latinoamericanos están mal pagados.
  2. Los docentes latinoamericanos tienen niveles de formación más altos y salarios más bajos que muchas otras profesiones y especialidades técnicas. En algunos casos, la brecha salarial es muy significativa.
  3. Los docentes con niveles de formación más altos son “penalizados” con niveles salariales proporcionalmente más bajos. Esto es, a medida que los docentes aumentan su nivel de cualificación y ascienden en la escala magisterial, más se amplía la brecha salarial que los diferencia de otras profesiones.

El deterioro de las condiciones de trabajo docente no se limitan a la desvalorización del salario, como han puesto evidencia las diferentes investigaciones y foros organizados por la Red de Estudios sobre el Trabajo Docente (ESTRADO), coordinada por la Dalila Andrade Oliveira, profesora de la Universidad Federal de Minas Gerais y una de las mayores especialistas internacionales sobre el tema. Una tendencia que confirman hoy organismos como la OCDE, el BID y el Banco Mundial, aunque, particularmente este último, persista en proponer malas soluciones para un ya viejo problema. En efecto, con su persistente falta de perspicacia para los problemas que sufren los más pobres, el Banco Mundial propone superar la crisis docente con políticas salariales diferenciadas (que no harán más que empeorar las condiciones educativas de las escuelas de sectores populares); sistemas de evaluación y jerarquización de dudosa eficacia (que profundizarán la segmentación y la diferenciación escolar); además de su evidente desprecio y criminalización de las organizaciones sindicales que luchan por los derechos del magisterio.

Sea como fuera, la “crisis docente” no se limita a los países más desiguales y pobres del planeta. También se expresa con claridad en aquellas naciones desarrolladas y ricas, aunque desiguales e injustas. De hecho, la existencia y persistencia de la “crisis docentes” no puede explicarse por la diferencia entre naciones ricas y pobres, sino por la diferencia entre naciones socialmente justas o injustas. De tal forma, países como España, Portugal, Estados Unidos, Italia y naturalmente Grecia, evidencian que el aumento de la injusticia social impacta negativamente en la escuela pública y, en particular, en sus docentes, quienes ven tambalearse sus empleos, sufren la disminución salarial y el deterioro progresivo de sus condiciones de trabajo.

El reciente informe de UNICEF, Bienestar infantil en los países ricos: un panorama comparativo, brinda numerosos elementos para comprender cómo se ha intensificado la pobreza infantil en algunas de las naciones más desarrolladas y cómo esto ha impactado en un empeoramiento de las condiciones de garantía del derecho a la educación de los niños y niñas mas pobres.

Así las cosas, y más allá de las especificidades, la “crisis docente” es un patrimonio de casi todas las naciones del mundo.

La Semana de Acción Global “Todo niño y niña necesita un maestro” nos ofrece la oportunidad de poner en la agenda pública un debate serio y riguroso acerca de cómo superar esta crisis. Las recomendaciones y exigencias de la Campaña Mundial por la Educación son pertinentes y viables. Además, diversas organizaciones, como la sección española de la CME y la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE), complementan esta agenda global con demandas específicas que corresponden a las particularidades de una crisis docente que se extiende con impulso por toda Iberoamérica.

Quedan muchos desafíos por delante. Quizás, la mejor forma de asumirlos es reconocer que si Ud. está leyendo esto, es porque alguna vez una maestra o un maestro le enseñó a leer. Porque en una escuela, muy probablemente pública, Ud. aprendió no sólo a leer este periódico, sino a interpretar el mundo. Porque entre todas las personas que contribuyeron a que Ud. se torne la persona que es, con seguridad, algunos docentes ejercieron una influencia muy grande. Quienes lo ayudaron a esto, quienes lo acompañaron en algunos de los momentos más importantes de su vida, fueron, entre otros, un conjunto de profesionales dedicados al magisterio. Seguramente, ellos tenían muchos defectos y enormes limitaciones, como los tienen los docentes que hoy educan a nuestros hijos. Sin embargo, hoy como ayer, los maestros y maestras exigen nuestro reconocimiento y el inalienable respeto a sus derechos. No me parece que estén pidiendo demasiado.

Creer que los docentes son un obstáculo para solucionar la crisis del sistema educativo ha hecho fracasar decenas de leyes y propuestas de reforma escolar. Esto es algo que el actual ministro de educación español, José Ignacio Wert, debería aprender de la experiencia latinoamericana.

Valorizar el trabajo magisterial, mejorar las oportunidades de formación y brindar buenas condiciones para el ejercicio de la docencia en todas las escuelas, multiplicar la participación de los docente en el diseño de las políticas educativas, invertir más y mejor en la educación, incrementando los muy desvalorizados salarios de quienes se dedican a ella, son algunas de las acciones urgentes y necesarias que deberemos emprender si queremos hacer del derecho a la educación una práctica efectiva.

¡Sin profes no hay escuela!, dice el lema de la Campaña. Y lo dice, porque sin escuelas no hay futuro.

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