Nanotecnología: una apuesta con visión de futuro | elmundo.es

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Ondas electrónicas estacionarias observadas con un microscopio. | Miguel Moreno

Pedro Serena es investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (CSIC)

La sección dedicada a la nanotecnología dentro de la edición digital del diario EL MUNDO reinicia su andadura, continuando así su exitosa participación en el Proyecto Europeo ‘NANO Channels’. Esta reanudación se produce en un contexto plagado de incertidumbres sobre el futuro, tal y como se constata con solo mirar las otras secciones del periódico. Quizás las secciones dedicadas a ciencia y tecnología son, ahora mismo, las que más esperanza infunden porque muestran lo que los seres humanos son capaces de hacer usando con inteligencia los recursos que se ponen en sus manos.

Es a estas secciones a las que deberían asomarse también aquellas personas que diseñan el modelo de país que aspiramos tener cuando el vendaval de recortes, empobrecimiento y corruptelas que nos rodean haya pasado a formar parte de nuestra frágil memoria.

¿Qué país queremos en un entorno totalmente globalizado en el que nuevos núcleos de poder emergen dejando de lado a la vieja Europa? ¿Cómo será nuestro modelo económico? ¿Y nuestra sociedad? ¿Tendremos una sociedad basada en el conocimiento que nos permita competir a partir de lo que nuestras neuronas producen o nos contentaremos con otra en la que competiremos gracias a los bajos costes propios de una mano de obra poco cualificada? La locura de podar indiscriminadamente, sin mesura y con urgencia, para poder devolver a los acreedores nuestra deuda, que la tenemos, puede provocar cierta ceguera a la hora de mirar hacia el futuro. El manejo de la tijera tendría que ser más cauteloso cuando se llega a temas como la formación y la investigación.

Inversión en I+D+I

Cuando hablamos de convergencia con Europa, proyecto que ahora parece desbaratado, pero que debe seguir siendo imperativo en algunos sectores, es importante darse cuenta del gran esfuerzo que hacen en I+D+I nuestros vecinos más aventajados. Esfuerzo en la cantidad de recursos y en el diseño cuidadoso de las políticas científicas. El sistema español de I+D+I está obligado a converger con el europeo, ahora más que nunca, porque allí parece que están los recursos que aquí escasean.

Sin embargo, en el nuevo Programa Marco de la Unión Europea los recursos se focalizan en la investigación de excelencia, en la mejora de la capacidad competitiva de las industrias y en la búsqueda de soluciones de grandes retos que la humanidad tiene por delante. Resulta llamativo observar que la nanotecnología es una de las seis líneas clave que la Unión Europea pone sobre la mesa para mantener su competitividad industrial, al igual que ya ocurriera en el VI y VII Programas Marco, y como continúa siéndolo en EE.UU., China, Japón, Rusia, Taiwán… Para los diseñadores de políticas científicas de los países de peso en ciencia, parece que es evidente que el futuro de las empresas se basará en lo ‘nano’.

En España, la situación sigue siendo contradictoria, porque hay una muy buena base científica y se han invertido recursos en la creación de centros de investigación dedicados a nanotecnología, como puede verse en el informe ‘Nanoscience and Nanotechnology in Spain’ de la Fundación Phantoms. Muestra del desarrollo de nuestro país es su capacidad para celebrar la feria IMAGINENANO, la más grande de Europa y una de las más importantes del mundo. Por otro lado, instituciones como el CSIC, a través de su Vicepresidencia Adjunta de Transferencia de Tecnología y con el apoyo del Instituto Español de Comercio Exterior, participan en ferias como NanoTech de Tokio, comercializando las patentes de científicos españoles.

Sin embargo, recientes informes de la mencionada Fundación Phantoms nos recuerdan que el número de empresas que realizan investigación en nanotecnología, es decir, que creen en lo ‘nano’ para poder mejorar su competitividad, no llega al centenar. De nuevo nos encontramos ante el sempiterno problema de no saber dar aplicación a las ideas que aquí somos capaces de producir.

‘Pensar en vez de podar’

¿Cuál es el plan? ¿Cómo nos puede ayudar la nanotecnología a ser competitivos? ¿Qué nos hace falta? Por un lado tener objetivos claros, una planificación adecuada, imponer una cultura de la eficiencia y mantener un ritmo de inversiones que impidan que se desmantele todo lo hecho. Pensar en lugar de podar. Por el momento en documentos como la Estrategia Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación la palabra nanotecnología aparece una vez, y no parece que haya mucho despliegue específico para potenciar esta rama del conocimiento, al igual que ocurre con otras muchas áreas científicas en las que España tiene razonables infraestructuras y personal muy cualificado.

‘Moléculas’ diseñadas por niños de 10 años. | Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

Otro de los pilares de actuación a medio-largo plazo pasa por laformación y la divulgación. La formación en nanotecnología está razonablemente implantada en los sistemas educativos de nuestras universidades tal y como muestra un estudio reciente de la Red CYTED “José Roberto Leite” de Divulgación y Formación en Nanotecnología NANODYF.

Sin embargo, menos del 5% de los españoles tiene una idea clara de lo que la nanotecnología representa, según señala un interesante estudio de Javier Gómez Ferri sobre la comprensión pública de la nanotecnología en España publicado el año pasado en la Revista Iberoamericana de Ciencia Tecnología y Sociedad.

Tampoco es de extrañar en vista de los escasos contenidos de nanotecnología que se incluyen en las enseñanzas primaria y secundaria, tal como revela un informe de la Red NANODYF. La situación puede empeorar ahora que la ‘peligrosa’ asignatura ‘Ciencias para el Mundo Contemporáneo’ puede desaparecer de los programas de estudios, en la que al menos se mencionaba la nanotecnología en un capítulo. Esta situación nada tiene que ver con la que se da en otros países donde existen programas específicos para insertar “nanocontenidos” en las aulas. Por otro lado, la Unión Europea ha financiado programas como NANOYOU o NANO Channels para acercar a la población unos mínimos conocimientos de esta materia y de sus implicaciones. Esto es de capital importancia, dado que si lo ‘nano’ es la base de la industria del futuro, todos seremos consumidores de los nanoproductos que inundarán nuestros escaparates, y algo tendríamos que saber de los mismos.

Divulgación

Ante la ausencia de contenidos de nanotecnología en los programas educativos pre-universitarios, la divulgación de la nanotecnología es un elemento clave para formar e informar al ciudadano del siglo XXI, ciudadano que vivirá en una sociedad más global aún, muy competitiva, que será consumidor exigente de nanoproductos, y que, en algunos casos, será un dirigente que diseñará las políticas de empresas o del país dentro de 20 o 30 años.

Nuevamente, los centros de investigación del CSIC, las universidades y algunas entidades privadas (como El Mundo) han desplegado mucha actividad, de forma un tanto descoordinada, eso sí, en cuanto a divulgación de nanotecnología. Se pueden citar muchos ejemplos, pero me resulta más fácil mencionar algunos en los que he estado involucrado como la exposición itinerante ‘Un paseo por el nanomundo’ que se exhibe simultáneamente en España y México, que fue fruto de un concurso internacional SPMAGE organizado por el CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid, o el taller ‘Descubriendo el Nanomundo’ dirigido a niños de 8-10 años.

A estas iniciativas se unen las propuestas por decenas de investigadores y divulgadores a lo largo y ancho de nuestro territorio. Sin embargo, para ser eficientes se necesita coordinar mejor todo este entramado de actividades y buscar objetivos comunes cuyo impacto se pueda medir para conocer si las estrategias diseñadas sirven de algo. Medir la eficiencia de estas actividades de divulgación es un tema candente, y será uno de los puntos que se traten en el próximo encuentro de la Red NANODYF que se celebrará en Colombia el próximo mes de julio.

Parece que, tras el tsunami del ladrillo, los sectores productivos que parecen mover el país son muy similares a los que impulsaban nuestra economía de hace 40 ó 50 años, observándose una preocupante caída de la actividad industrial y de las empresas que realizan innovación(según señala el informe COTEC).

El cambio a un modelo productivo basado en el uso de la materia gris de los españoles requiere armonizar muchas políticas en educación, investigación, transferencia, innovación, y, por supuesto, divulgación. Es complicado pero debe hacerse, aprovechando el potencial que el país aún nos brinda y con la mente puesta en el modelo de país que queremos cuando nuestros hijos o nietos sean los que tomen decisiones, con la esperanza en que lo hagan mejor que nosotros.

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