Buceando entre el sueño y el Alzheimer | Neurociencia

Un investigador español estudia la relación entre el sueño y la demencia

Con su título de psiquiatra bajo el brazo, Ricardo Osorio llegó a EEUU para formarse como investigador clínico. Su plan inicial era estar allí uno o dos años, aprender todo lo posible gracias a una beca concedida por Mapfre-Fundación Reina Sofía y luego regresar a España. Pero ya hace casi un lustro que esa estancia no hace más que prolongarse. En el Centro Médico de la Universidad de Nueva York, su lugar de trabajo, ha encontrado una oportunidad para adentrarse en un campo de estudio que considera apasionante: el sueño.

En concreto, este joven analiza los cambios en los patrones del sueñoque se producen con el envejecimiento. “Durante años, se consideró que dormir era simplemente un estado fisiológico pasivo. Pero ahora sabemos que, en realidad, el sueño es fundamental para el cerebro. Estamos empezando a conocer sus funciones, qué aporta cada estadío del sueño, y, aunque todavía es mucho lo que no sabemos, cada vez está más claro que se trata de un factor muy importante para la memoria, el reordenamiento neuronal, la reconfiguración del cerebro para un nuevo día o el almacenaje de los datos”, explica Osorio a ELMUNDO.es desde su despacho en Nueva York.

Dormir también parece clave en áreas tan dispares como la regulación del sistema inmune, el sistema cardiovascular o el humor, subraya Osorio, quien considera que la investigación aún tiene mucho que aportar en este sentido. “Las abuelas siempre dicen eso de ‘duérmete que mañana te sentirás mejor’ y resulta que estamos viendo que tienen razón. Parece que el sueño tiene esa capacidad de ‘limpiar’. Si tú ves una escena de violencia, durante el día esa memoria se asocia a una sensación de miedo, temor o angustia. Pero durante el sueño, se elimina en cierto modo esa parte emocional. Dormir permite aliviar las emociones negativas y recordar los hechos”, señala.

Ricardo Osorio

Uno de sus principales proyectos consiste en profundizar, conocer a ciencia cierta qué relación existe entre el sueño y el desarrollo de patologías como la demencia. “Sabemos que tanto los cambios en el sueño como la enfermedad preclínica de Alzheimer ocurren entre 10 y 20 años antes de lo que pensamos”.

Según explica, la ciencia aún no ha podido determinar si las alteraciones propias de la edad favorecen el desarrollo de la demencia, si es el Alzheimer incipiente el que provoca un peor sueño en muchos mayores o, si de un modo u otro, esta relación es bidireccional. Pero varios trabajos han demostrado ya que existe algún tipo de asociación entre estos factores.

Esto, según los especialistas, abre un nuevo campo de acción, tanto para encontrar nuevas estrategias terapéuticas como de prevención.

De hecho, el departamento de Osorio está inmerso en la puesta en marcha de un ensayo clínico en el que pretenden “tratar las alteraciones del sueño de personas que podrían estar en un estadío preclínico del Alzheimer. Queremos ver si mejorando la forma en la que duermen se retrasa la evolución de la enfermedad”, aclara.

El investigador se muestra optimista con respecto al futuro, aunque no quiere echar las campanas al vuelo. “Creo que a medio plazo va a haber importantes avances en cuanto al Alzheimer, aunque esto no significa que el paciente vaya a notar cambios pronto”, señala.

Por ejemplo, Osorio apunta que “estamos más cerca de biomarcadores útiles” que indiquen la existencia de la enfermedad cuando aún no han comenzado los primeros signos de demencia. “Ya hay técnicas que lo pueden predecir, pero todavía falla la disponibilidad. Además, a nivel individual aún no conocemos bien cómo funcionan estos trazadores para establecer el riesgo. Pero creo que ambos problemas podrían solucionarse relativamente pronto”, indica.

Además, también podría haber novedades en cuanto al abordaje de la enfermedad. “Hay muchos tratamientos que se probaron y no funcionaron en pacientes que ya tenían un Alzheimer avanzado. Ahora, como ya se hizo con el cáncer, la idea es probar su utilidad en gente que, con la ayuda de esos biomarcadores, sepamos que está en riesgo de desarrollar la enfermedad”, añade.

“Supone todo un cambio de paradigma y puede traer muy buenas noticias. Pero además de optimista hay que ser realista y saber que hace falta tiempo y mucho trabajo”, concluye.

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