El atavismo (I) Embriología, Desarrollo y Evolución | Scitable

Los seres humanos no tienen cola, pero no tenemos “lo que es necesario” para tener una cola? Las gallinas no tienen dientes, pero tienen los genes para ello. Con el atavismo, es como si nuestros genomas sirvieran como archivos de nuestro pasado evolutivo.
Las gallinas no tienen dientes, y los humanos no tienen cola. La investigación sugiere que tenemos “lo necesario” para desarrollar una cola, y las gallinas, de hecho, tienen los genes que codifican para tener una amplia sonrisa, sin embargo, sólo en situaciones muy raras tienen estos rasgos se manifiestan en el fenotipo . Este fenómeno se llama atavismo: la reaparición de un rasgo que se había perdido durante la evolución. Nuestros genes no determinan lo que somos, pero con el atavismo, a veces pueden servir como recordatorio de nuestro pasado evolutivo.

Los rasgos que aparecen o desaparecen con el tiempo no son el resultado de genes mutados que codifican nuevas versiones defectuosas de las proteínas asociadas con los dientes o de las colas, ni son causados ​​por la pérdida de genes existentes. En su lugar, un creciente conjunto de evidencias experimentales ha mostrado que tales rasgos reflejan los cambios de cómo, dónde y cuándo se expresan estos genes se expresan.

Ejemplos de “dientes” en gallinas

Dientes de gallina: Tan raro como pensamos?© 2006 Nature Publishing Group Bajaj, Arveen. Gallina dientes. British Dental Journal 200, 187.

Dientes de gallina: Tan raro como pensamos?
© 2006 Nature Publishing Group Bajaj, Arveen. Gallina dientes. British Dental Journal 200, 187.

A pesar de que las aves perdieron los dientes como estructuras físicas hace entre 60 y 80 millones de años, varios estudios han demostrado que los tejidos de las aves que normalmente producirían dientes conservan el potencial para hacerlo. Por ejemplo, en 1821, Geoffrey St. Hilaire fue el primer científico en publicar la observación de que algunos embriones de aves mostraron evidencia de formación de los dientes, pero sus contemporáneos consideraban su obra defectuosa. Desde entonces, sin embargo, muchos investigadores han descubierto evidencias moleculares de que los genes implicados en la odontogénesis (diente en desarrollo ) se mantienen en efecto en los pollos.

Un primer paso para llegar a esta conclusión se produjo cuando los investigadores expusieron las mandíbulas de pollo a ciertas proteínas conocidas que señalan el desarrollo del diente. Como resultado, crecieron estructuras similares a dientes, y se expresaron otros marcadores de dientes (Chen et al., 2000). Estos hallazgos fueron artificiales en el sentido de que la señal de aviso se administró experimentalmente; no obstante, fueron significativos al mostrar que la mandíbula de un pollo podría producir dientes si las condiciones específicas estuvieran presentes.

A pesar de este descubrimiento, nadie había demostrado aún que los pollos podrían desarrollar dientes sin ayuda externa. Esta situación cambió pronto, sin embargo, cuando los investigadores Matthew Harris (un estudiante acabado de graduar) y Fallon John lanzaron un estudio con pollos con una clase particular mutación recesiva autosómica (Harris et al. , 2006). Estos pollos, designados con la abreviatura ta2, mostraron signos que recuerdan el desarrollo prematuro de dientes.

Los investigadores necesitan un control positivo con el que comparar sus dientes de gallinas incipientes, es decir, un animal estrechamente relacionado con éstas en el que se desarrollen los dientes. Por lo general, el fenotipo no mutante o “tipo salvaje” sirve como control en experimentos de genes con mutación, pero este es un caso excepcional ya que el pollo de tipo salvaje no tiene dientes. Harris y Fallon específicamente necesataban para comparar las estructuras que se creían dientes en sus pollos mutantes tados con la mejor especie, el siguiente ancestro más cercano al pollo que todavía tiene dientes es el arcosaurio, también conocido como cocodrilo común. Por lo tanto, los investigadores examinaron la expresión de varios marcadores biológicos en embriones de pollo de tipo salvaje, embriones mutantes Ta2 y embriones de cocodrilo. Encontraron que las cavidades orales mutantes de tados estaban más próximas en su desarrollo a las de los cocodrilos que a los de sus hermanos de tipo salvaje. Estos resultados demostraron así que todas las piezas del rompecabezas genético de los dientes existen en los pollos, pero las direcciones han evolucionado para obligar a esas piezas a hacer algo diferente en los últimos 80 millones de años.

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