¿Anticonceptivos en el instituto? Funciona | EL PAÍS

No debe haber barreras de acceso a la anticoncepción. Ni territoriales, ni sociales, ni económicas. Tampoco por edad. Es lo que defienden los expertos: un acceso universal a la salud sexual y reproductiva. Sin embargo, esos obstáculos existen. Y son el doble de altos para los adolescentes y los jóvenes —y más en las chicas, sobre quienes suele caer esta responsabilidad—. La falta de información y educación, la escasez de centros sanitarios especializados y el precio de los anticonceptivos desalientan a muchos menores de su uso. El hecho de que buena parte de los métodos deban ser prescritos por un médico determina la resistencia de algunos jóvenes a acudir a ellos por miedo a que informen a los padres. Pero si el menor es suficientemente maduro —muestra de ello es que busca el consejo sanitario—, apuntan los expertos, debe recibirlos. Y la confidencialidad entre médico y paciente debe respetarse.

Los expertos tienen claro que es esa pauta la que debe prevalecer. Los anticonceptivos de prescripción, aunque no son inocuos, son seguros. Y se trata de evitar embarazos no deseados y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo, esta semana muchos se echaban las manos a la cabeza al conocer que varios centros escolares de Reino Unido habían participado en un programa de planificación familiar para las alumnas, y que algunas de ellas —de edades a partir de 13 años— recibieron implantes anticonceptivos y otros métodos sin el consentimiento familiar. En Reino Unido es legal. Según determinó la Corte Constitucional en una sentencia en 1985, lo que determina el momento de poder prescribir un método anticonceptivo a un menor es su grado de madurez e inteligencia. Y esto, lo deciden los médicos.

Un principio similar al que impera en España, donde no obstante, no existe ningún programa escolar similar al británico. En este país, la Ley de Autonomía del Paciente (de 2002) fija la mayoría de edad sanitaria en los 16 años —salvo para ensayos clínicos o tratamientos de reproducción asistida—. A partir de ese momento, los jóvenes no necesitan consentimiento paterno. Antes de eso, sin embargo, es el médico quien decide, en función de las circunstancias y en cada caso concreto, si el menor puede dar por sí mismo el consentimiento informado. “Se aplica el principio de menor maduro. Si es capaz de comprender el alcance del tratamiento que se le va a prescribir, se considera que puede tomar la decisión de forma autónoma”, explica la ginecóloga experta en planificación familiar Isabel Serrano. “Es un signo de madurez, por ejemplo, buscar el método. Y no hay que poner trabas, porque, si no, lo que harán estos jóvenes es dejar de ir a la consulta y no usar anticonceptivos. Lo que hay que evitar a toda costa es que haya relaciones de riesgo”, incide.

Es lo que persiguen —y lo están logrando— también las autoridades de británicas con la polémica campaña. Y es que Reino Unido, con una tasa de 38,3 embarazos por cada 1.000 chicas de entre 15 y 17 años (38.259 registrados en 2009), es uno de los países de la UE con cifras más altas.

En España, donde como en el resto de Europa los jóvenes se inician cada vez antes en la práctica de las relaciones sexuales —entre los 17 y los 18 años, de media— los embarazos en adolescentes no son una realidad tan cotidiana. En 2010, nacieron 131 bebés de madres de menos de 15 años; 387 de chicas de 15, según los últimos datos publicados por el INE. El número se dispara a los 16, con 1.018. Cuatro nacimientos al día de madres menores de 17 años. La cifra no es baja, pero hace 27 años era muchísimo mayor (en 1985 se registraron 29.586 nacimientos de madres menores de 20). Y los datos de aborto son aún más altos que los de embarazos a esas edades: 426 en 2010 entre adolescentes menores de 15 años y 13.696 entre jóvenes de 15 a 19.

Estos números, además, son solo el fruto de los hechos. “La educación sexual y la información que se le da al adolescente en España es exigua. Los jóvenes no están suficientemente informados y aún hay que hacer un extenso trabajo para promover el uso de métodos anticonceptivos”, asegura Ezequiel Pérez Campos, experto de la Sociedad Española de Contracepción. No le falta razón: el 35,6% de los adolescentes de entre 15 y 19 años no utiliza ningún anticonceptivo, según el último estudio Daphe sobre anticoncepción (de 2011). Y el 23,1% de quienes se protegen no lo hace de manera adecuada. Sobre todo con el preservativo, el sistema más empleado. “No lo usan en todas sus relaciones o no durante toda la relación, por ejemplo”, apunta Serrano que explica que lo ideal para los jóvenes es que utilicen un doble método: uno hormonal como la píldora o el anillo vaginal y el preservativo —para prevenir además enfermedades de transmisión sexual—.

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