Microalgas para galletas y biocarburantes | EL PAÍS

Los proyectos intentan convertir las potencialidades de algas y microalgas en procesos industriales. / AINIA CENTRO TECNOLÓGICO

Tras las recientes lluvias otoñales es posible que en muchas de las charcas creadas se multipliquen las microalgas. Mares, ríos, lagos y estanques las contienen. Son microorganismos que tienen al menos dos propiedades muy valoradas hoy en día que comparten con sus hermanas mayores, las algas: absorben gran cantidad de dióxido de carbono (CO2) para realizar su fotosíntesis y contienen compuestos (lípidos, proteínas, pigmentos, vitaminas, enzimas) potencialmente aprovechables en múltiples usos, como alimentación, energía, cosmética y farmacia, entre otros. Incluso son capaces de transformar sustancias y aguas residuales en biomasa útil.

Esta última aseveración la daban a conocer esta semana en la actualización de los trabajos del proyecto Cenit (Consorcios Estratégicos Nacionales en Investigación Técnica) Vida, acrónimo de Valorización Integral de Algas. Trece empresas y veinticinco organismos de investigación liderados por Grupo Iberdrola intentan convertir las potencialidades de algas y microalgas en procesos industriales y comerciales de los que salgan productos y servicios. En septiembre, uno de los centros tecnológicos asociados a Cenit Vida, Ainia, daba a conocer la elaboración de prototipos de galletas y salsas que estimulan el sistema inmunológico gracias a la incorporación de sustancias extraídas de dos géneros de microalgas. Se trata de otro proyecto, denominado Inmugal, en el que también participan Azit-Tecnalia, Inbiotec y Fundación Leia.

En España casi un centenar de iniciativas como Vida e Inmugal localizan y desarrollan las variedades de microalgas acordes (en ocasiones incluye la modificación genética) con los fines perseguidos, investigan sus múltiples propiedades, las cultivan y se afanan por lograr el salto definitivo a la escala comercial. Desde la Comisión Europea meten prisa. Recientemente dio a conocer una propuesta de modificación de directivas sobre energías renovables y carburantes en la que recorta la participación de los biocarburantes fabricados a partir de cultivos tradicionales en los objetivos de renovables en el transporte para 2020. En su lugar, propone que se utilicen otras materias primas, como residuos vegetales y algas.

Sin embargo, al menos hasta 2016 no se espera que haya biodiésel basado en algas. Así lo pronostican desde la Plataforma Tecnológica Española de la Biomasa (Bioplat), que elaboró un estudio sobre el presente y el futuro de la investigación en este sector en España. Margarita de Gregorio, coordinadora de Bioplat, afirma que “hay dos grandes grupos de actuación, el de la cosmética y la alimentación, que va más avanzado por las necesidades tecnológicas e industriales que precisa, y el de la energía, más retrasado por el gran volumen de producción de algas y de rentabilidad de los procesos al que tiene que hacer frente”. Además de biodiésel, la investigación con fines energéticos también se orienta hacia el bioetanol, la gasificación y el hidrógeno.

Por otro lado, las dos formas de cultivar algas y microalgas, en foto-biorreactores y en grandes piscinas que ocupan decenas de hectáreas, también condicionan su desarrollo. Pero no lo obstaculizan. La unión entre Exeleria, filial del Grupo Everis orientada a la gestión integral de servicios ambientales, y BTME (Biotecnología de Microalgas), ha puesto en marcha en Jérez de la Frontera (Cádiz) la segunda mayor planta de producción de microalgas de Europa y la mayor de España, según los promotores. En ella esperan cosechar treinta toneladas de estos microrganismos durante los dos próximos años y generar cien toneladas a partir de 2014. Se destinarán a la investigación y producción en campos como la alimentación de peces, la generación a escala industrial de Omega 3 y biocarburantes. Añaden que “las instalaciones combinan las ventajas de la producción en fotobiorreactores tubulares con las de la producción en raceways(piscinas de producción de microalgas), lo que asegura una gran flexibilidad para producir productos para diversas aplicaciones”.

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Una respuesta a “Microalgas para galletas y biocarburantes | EL PAÍS

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