Estimulación cerebral: Impulsos que curan – Noticias de Salud | abc.es

Última revisión martes 25 de septiembre de 2012

El que puede considerarse primer caso de cirugía de estimulación cerebral profunda tal como la conocemos hoy se produjo hace 25 años. La llevó a cabo Alim-Louis Benabid, en la actualidad profesor emérito de Biofísica de la universidad francesa de Grenoble. Había tratado un caso párkinson con la cirugía al uso entonces, provocando una lesión en el tálamo, una estructura situada en el centro del cerebro implicada en importantes funciones superiores, además de motoras. Este abordaje quirúrgico funcionaba bien, pero era irreversible y tenía sus limitaciones. Cuando el temblor afectaba a ambos lados del cuerpo requería una lesión bilateral, y «en ese caso, la frecuencia de complicaciones cognitivas es alta en áreas como la memoria, el habla, e incluso el estado de ánimo», explica Benabid a ABC.

Para resolverlo decidió probar la estimulación eléctrica: «Utilizamos alta frecuencia, en lugar de la lesión, y el temblor se detuvo. Le propuse entonces al paciente instalarle un electrodo para estimular al cerebro, en lugar de provocar otra lesión irreversible. y conectar el electrodo con un cable bajo la piel a un dispositivo parecido a un marcapasos. Y funcionó. Lo tuvo durante muchos años. Y además tuvimos la oportunidad de compararlo en el mismo paciente con el método de las lesiones al uso entonces», explica recordando aquel año 1987.

Las ventajas

Las ventajas ya entonces eran claras:_«El riesgo de complicación era menor en la estimulación, que además es reversible y ajustable, a diferencia de la lesión. Y la precisión es también mayor», explica Benabid. El camino estaba claro y las aplicaciones también, temblor esencial, párkinson, distonías… Un amplio abanico de trastornos del movimiento podían controlarse aplicando electricidad al cerebro. En la actualidad hay cinco aplicaciones muy contrastadas: enfermedad de Párkinson, temblor esencial, distonía, epilepsia y trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

La electricidad aplicada al cerebro bloquea a las neuronas que están produciendo los movimientos indeseados, explica el doctor Jorge Guridi, director del Departamento de Neurocirugía de la Clínica Universitaria de Navarra. El suyo fue uno de los grupos pioneros en seguir el camino que acababa de abrir Benabid. Su experiencia la avalan medio millar de intervenciones. El párkinson es la patología que más se ha beneficiado de esta técnica, aunque no modifica el curso de la enfermedad, mejora la calidad de vida: «Siempre hay un antes y un después de la cirugía, y los pacientes así lo reconocen», señala Guridi.

El éxito de la intervención depende de la cuidadosa selección del paciente, que hace el neurólogo, de la correcta colocación de los electrodos y el seguimiento postoperatorio, como explica el doctor José Obeso, director del Laboratorio de Trastornos del Movimiento del Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra. «La intervención controla esencialmente lo motor, pero la enfermedad sigue progresando». Los síntomas no motores por la pérdida de neuronas con el tiempo van restando calidad de vida, como los cognitivos, que acaban en demencia.

Cirugía precoz

De ahí la importancia, apunta Obeso, de recurrir a la cirugía en una fase precoz:_«A los pacientes se les opera como media a los 12 años del diagnóstico. Pero la evolución de la enfermedad lleva a una etapa en la que se caen, se despistan, duermen más, y además van envejeciendo. En esta segunda etapa lo motor persiste razonablemente bien controlado, pero los problemas cognitivos son más importantes. Lo habitual es que cuando ya no se puede controlar con los fármacos habituales se piens3 en la cirugía, y es un error, porque el periodo de mejor calidad de vida del paciente se ha acortado, y tendrá sólo 5 años buenos, en lugar de los 10 o 12 que podía haber tenido». Entiende el miedo de los pacientes. El principal riesgo es la hemorragia cerebral. Ocurre en un 1% de los casos, según las estadísticas «que son de principios de los 90, cuando la técnica estaba empezando. Ahora debemos estar en un 0,5%. 1 de cada 500 pacientes», aclara Obeso.

Otras veces es el neurólogo quien se muestra reticente, señala Guridi:_«Un neurólogo que no tiene cirugía en su centro aprecia menos la mejoría. Mantiene con fármacos al paciente, aun cuando surgen complicaciones relacionadas con la medicación», como movimientos involuntarios o bloqueos que impiden al paciente moverse por unos instantes.

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